Pistas
• El cadáver de Carlos fue encontrado a los pies de su cama por un cliente que lo comentó en un bar pero que no avisó a la policía.
• El cuerpo estaba caído en un charco de sangre y a primera vista no se podían apreciar las marcas del apuñalamiento que sólo se distinguían como pequeñas heridas. El arma del crimen parecía ser una botella. Pero el cadáver tenía siete costillas rotas y siete heridas penetrantes realizadas con un estilete.
• Clínicas como ésta solían estar regidas por individuos que no tenían título sanitario, pero a pesar de ello aconsejaban y daban tratamiento a los clientes del barrio portuario. Trabajaban más de noche que de día, y en ocasiones, simulaban tratamientos de enfermedades inexistentes a precios desorbitados.
• Algunos dueños de este tipo de clínicas acababan enviando a sus pacientes al médico pero muchos otros se aprovechaban de ellos sin ningún escrúpulo. Siempre era el cliente el primer interesado en que no se supiera de qué se estaba tratando, ni cuál era la gravedad o duración de la enfermedad. Dicho esto, hay suficientes elementos para que el lector comprenda dónde tuvo lugar el crimen y qué clase de enfermedades vergonzantes, de transmisión sexual, se trataba en clínicas como la que fue escenario del asesinato.
• El cadáver fue descubierto sobre las siete y media de la tarde. El reloj de bolsillo de la víctima que fue encontrado roto y con las saetas paradas en las seis treinta y cinco parecía marcar la hora de la agresión.