El vagón abandonado
El hombre lleva de la mano a la mujer joven que le sigue obligada. La intimida mostrándole un objeto punzante que ella no puede distinguir. Camina aguantando apenas las lágrimas mientras el tipo malcarado la empuja por los lugares más solitarios, a través de los descampados buscando las vías del tren. No hay nadie en su camino, así que el hombre utiliza impunemente su brutalidad para que ella le siga por donde quiere. El individuo, que abusa de superioridad armada, goza además de una punta de suerte porque no se cruza con los guardas escopeteros que patrullan los terrenos de la estación.
Precisamente en este momento, el hombre tira de la mujer hacia los vagones estacionados en vía muerta. Ella se resiste, segura de que allí quedará totalmente a su merced, pero no se atreve a gritar porque él la amenaza con lo que ha visto que es una navaja muy afilada.
Sin saber qué hacer, la mujer se deja arrastrar hacia su terrible destino mientras el hombre la conduce a uno de los vagones, precisamente el marcado con la inscripción J. Fv 600 (iniciales que en la jerga de RENFE se refieren al freno vacío con una letra y número de serie). Es una unidad antigua de puertas correderas, sin estribo, lo que pone muy difícil acceder a él, pero el hombre empuja a la mujer haciendo que se encarame al vagón que está abierto e inmediatamente después salta al interior sin permitir que ni por un instante quede libre de su presencia amenazadora. Obliga a su víctima a apartarse de la luz para evitar ser descubiertos y la aprisiona contra una de las paredes de madera. La mujer se resiste, protesta, se defiende. Se niega al agobio sexual y hasta se rebela plantándole cara a su agresor con valentía. El hombre la golpea exasperado sin entender que allí donde está a su merced, todavía tenga arrestos para mostrarse esquiva. La sujeta por el cuello y la lanza con fuerza contra la pared. Ella llora de miedo y de rabia pero no cede a las exigencias del hombre, que se da cuenta de que no se dejará dominar nunca. Es un individuo violento, acostumbrado a salirse con la suya, que tiene un propósito definido. Al verse contrariado, la amenaza de nuevo con la navaja, un arma temible, afilada y punzante. Ella se cubre el cuerpo con los brazos y trata de escapar arrojándose del vagón, pero el hombre al mismo tiempo que la sujeta por el cabello le hunde la navaja dos veces en el pecho, cerca del hombro izquierdo. La mujer grita aterrorizada: «¡Auxilio, socorro!».
Pero sus gritos son sólo el principio de su agonía. El hombre le infiere una herida mortal que la deja en el suelo desangrándose. Una mujer joven ha sido asesinada, pero ¿quién la ha matado? ¿Por qué le han quitado la vida?