Misterios aclarados
Manuel Cuesta González, el asesino, tenía entonces 49 años, había nacido en Oviedo y estaba casado. Consiguió escapar durante los primeros días del acoso policial porque fue capaz de meter miedo a todos. La noche del crimen se cruzó con un panadero al que le dijo que había disparado contra un individuo al que no sabía si había matado. Pero el panadero, seguramente por miedo, no contó nada a la policía. El misterio de la gabardina fue otra de las dificultades resueltas por el cuerpo policial. La víctima había salido de casa con gabardina pero cuando encontraron el cadáver la había perdido. Era ropa imprescindible en esas fechas en Oviedo. Lo que pasó fue que el dueño del bar silenció durante varios días que se había quedado con ella, en prenda para que le pagaran las consumiciones. Y, al parecer, guardaba silencio por miedo al limpiabotas.