La viuda asesinada
Un hombre que ha estado acechando al otro lado de la calle se decide a subir al primer piso de la finca en la que vive una joven viuda. Es una mujer agraciada. Amante de su casa y de sus hijos, que en ese momento se encuentra sola. La puerta de la vivienda está abierta.
El hombre sube las escaleras en silencio mientras acaricia un revólver que lleva en el bolsillo de su abrigo. Es un individuo elegante al que le gusta ir bien vestido. El arma que deja sentir su peso en el bolsillo derecho es moderna y nueva. En su rostro hay un gesto de crispación que delata su estado violento y decidido. El hombre sube los escalones silenciosamente, procurando que nadie le vea ni le oiga. Su objetivo es sorprender a la mujer.
Arriba, en la casa, mientras el individuo se pone a salvo de todas las miradas, Bonifacia, «Boni», se prepara para salir hacia el hospital donde tiene que someterse a un examen médico por una dolencia crónica.
Ha arreglado todas las habitaciones y se ha vestido para la visita del doctor. Mientras se da los últimos toques en el pelo, y en el rostro, frente al espejo piensa en lo duros que han resultado los últimos años de su vida. Siempre ha sido una mujer con gancho para los hombres. Alta, esbelta, bastante agraciada físicamente. Hace nueve años ya que se quedo viuda, con dos hijos de 13 y 9 años. Oye un ruido y se alarma por que el poco dinero que siempre ha tenido lo guarda en casa. Por eso procura tener la puerta de la entrada bien cerrada. Ahora parece cerrada, pero es una apariencia engañosa porque la hermana de «Boni» acaba de bajar a cumplir un encargo y se ha olvidado de echar la llave y el pestillo. La madera sólo está encajada y cederá a poco que la empujen.
Pero «Boni» se queda convencida de que está segura dentro de su hogar y recuerda cómo nunca se ha acobardado en su larga lucha por sacar a sus hijos adelante. Consiguió meter a los niños en un colegio benéfico donde les daban enseñanza, alojamiento y manutención, y ella logró colocarse en varias casas donde asistía, con lo que consiguió pagar la vivienda y todas las necesidades. Las cosas empezaron a enderezarse y todavía fueron mejor cuando conoció a Alfredo, ebanista, viudo como ella, también con dos hijos, Alfredo, de 18 años, y María, de 15. La soledad en la que peleaba le hizo fijarse en las cualidades de Alfredo y le decidió a reconstruir su hogar aceptando las relaciones maritales que el ebanista le propuso. Fue una unión que pretendía conseguir la figura de un padre, sustituto del fallecido, y de un marido que ayudara a gobernar el hogar. En la casa convivían la pareja, el hijo mayor de Alfredo, un muchacho que se había hecho ebanista como el padre, y los dos hijos de la primera unión de «Boni». El hijo mayor con frecuencia intervenía apaciguador en las desavenencias del padre y la madrastra. Pero no obstante, recuerda «Boni» frente al espejo, los buenos oficios del muchacho no fueron suficiente. En esa fecha hace exactamente cuatro años que tras una borrascosa pelea, los dos viudos que no llegaron a legalizar su unión tomaron la determinación de separarse. Sin propósito ni de él, ni de ella, de reconciliarse. «Boni» recuerda que, pese al mal genio, Alfredo era un hombre de una pieza con el que pasó algunos buenos momentos inolvidables. Sonríe y es en ese instante cuando se da cuenta de que no está sola en la estancia. El hombre que ha entrado en la casa se sorprende también y la apunta con un revólver. Ella le ruega por sus hijos que no le haga nada. Está guapa, arreglada para salir. El traje nuevo resalta sus formas. Es una mujer madura que no ha perdido las gracias de la juventud. Su mirada todavía es capaz de turbar a un hombre; aquel que la apunta con el arma titubea, duda, da un traspié, se turba; y como movido por un resorte, se acerca con rapidez a ella y casi «a cañón tocante» aprieta el gatillo. Dos disparos seguidos le atraviesan la región occipital.
«Boni» cae prácticamente muerta al suelo. El hombre se aparta rápido de ella.
Una mujer atractiva, una joven viuda ha sido asesinada, pero ¿por qué la han matado?
¿Quién es el asesino?