¿Qué pasó con el homicida?
Pascual Ferrer, tras dar muerte a su hermana, quedó como un insomne, perdido, desorientado. Vagó por la ciudad sin rumbo. Cuando consiguió reaccionar haciéndose cargo de lo sucedido, totalmente ajeno a la suerte que podían correr su mujer o sus hijos, incapaz de entender qué le había llevado a tan trágico desenlace, acabó por entregarse en el cuartel de la Guardia Civil, situado entonces entre las vías del ferrocarril, junto a la playa. Su confesión se produjo en tono neutro, sin temor ni vacilaciones. Sus ropas no estaban manchadas de sangre. Todas estas circunstancias hicieron que los guardias desconfiaran, creyendo en un principio que se trataba de un hombre trastornado por el dolor que se atribuía un hecho falso. Pero no. Pascual había matado a su hermana Teresa.
Los dos fueron víctimas del entonces agudo problema de los realquilados, que tanta sangre hizo verter.