Maritere ha muerto
Una mujer de extraordinaria belleza deambula por la zona de bares de la ciudad. Hace rato que se mueve por una de las arterias más estrechas, en la que apenas entran seis personas de perfil, con aspecto tubular, donde se agolpan los establecimientos de bebidas.
Maritere, que así se llama la mujer morena de ojos grandes, nariz recta y labios gordezuelos, peina una melena con algunos rizos que cae sobre sus hombros. Se sabe guapa y combina su belleza con una gran fuerza de carácter, lo que hace que los hombres sigan su estela. Ella ha sacado partido y ha sido víctima de su hermosura, casi a partes iguales. Debido a la perfección de su rostro y a su cuerpo de junco, encontró pronto marido, pero debido también a su gran potencial para seducir, fue objeto de maltratos por parte de su esposo, a quien le comían los celos. Maritere se quedó pronto viuda. La muerte de su marido la dejó triste, algo más madura que cuando se casó, pero joven y atractiva como un imán; siempre rodeada de ansias masculinas. No pasó mucho tiempo hasta que fue requerida de amores. Entre sus muchos pretendientes figuraron dos de sus cuñados.
Ella hubiera querido que pasara más tiempo antes de recomponer su vida sentimental, pero no pudo elegir. Los hombres la urgían a que designara uno entre los que revoloteaban a su alrededor con una insistencia mareante y persistente. Maritere, obligada a poner fin a aquel asedio que la halagaba, pero que la llenaba de sofoco, se quedó con Evelio, el menor de sus cuñados, quien le recordaba a su marido en la parte más afectiva y tierna. Aquella decisión, como en una cruel batalla, dejó muchos heridos. Hombres que la adoraban vieron terminada bruscamente la partida, Maritere ya tenía nuevo marido y por ello debieron retirarse, en algunos casos rumiando amenazas. Los nuevos esposos dieron en disfrutar de su estado. Y aquella noche en la que Maritere paseaba su belleza entre el común de la gente, era parte de esa expansión del amor que a veces gozan quienes tienen una segunda oportunidad sobre la tierra. Iba alegre, entregada a un dulce vaivén, como obedeciendo a un baile dictado por una melodía interior, casi flotando entre el gentío que se apretaba junto a los locales de diversión, cuando una mano asesina se adelantó de entre un grupo casi aplastado contra una pared. El brazo empuñaba una navaja larga, muy afilada, que horadó la carne prieta de Maritere seccionándole el hígado. Entró en un bar diciendo que la habían pinchado. Envuelta en sangre, se desvaneció y falleció minutos después, sin recuperar el conocimiento. Una hermosa mujer había sido vilmente atacada, pero ¿quién la había matado? ¿Por qué la habían asesinado?