Alemania, 1822 ࢤ 1856
Florecían los cerezos Cuando allí nos alojamos. Florecían los cerezos: En Fráncfort nos alojamos.
Nos dijo el vil posadero: «¡Qué ropa más sucia y corta!» ¡Tú, piojoso posadero, Métete en lo que te importa!
Danos un poco de vino
Y también danos cerveza,
Y a más de cerveza y vino, Un asado a la francesa.
Como un gallo el grifo canta: ¡Esta bebida es divina! Pero deja en la garganta El regusto de la orina.
Trajo entonces una liebre Con perejil adobada.
Y viendo muerta a la liebre Se nos quedó el alma helada.
Y cuando fuimos al lecho, Ya rezada la oración, Nos picaron en el lecho Chinches en toda ocasión.
Esto en Fráncfort sucediera, En esa linda ciudad: Quien un tiempo allí viviera Sabe que esto es la verdad.
La muerte al pobre Tom dijo: «¡Pobre Tom, oh ven, mi hijo! Ven a la fosa tan fría Que te espera todavía.
Sé valiente, noble y fiero, Oh, pobre Tom: yo te quiero. Ven, te ruego, ven conmigo Si quieres hallar abrigo.
Te cubriré con hermosas Flores: las horas penosas Ya no habrás de verlas más: Por eso ven, oh, Tomás. Tu cama está preparada». Como nocturna balada Una melodía se oyó: «Ven, Tom» — y Tom descendió.
Versiones: Otto Dill y R. Fernández Retamar