Jackson
Pollock
—¿Es cierto que algunos le llaman Jack the ripper (Jack el destripador)?
Pollock echó su cuerpo hacia atrás y miró al periodista con una irónica sonrisa.
—Quizás se deba a que, como Jack, soy un asesino. Sí, un asesino meticuloso, malvado y sanguinario, que selecciona a sus víctimas con gran cuidado para luego dar cuenta de ellas con la ferocidad de un animal hambriento… Sí, he matado a muchos. Reposan en lugares amplios y vigilados donde la luz es tenue y el ambiente silencioso. Los prefiero de buen tamaño. Generalmente pido que los traigan a mi estudio. Pero de vez en cuando me gusta escogerlos yo mismo. Salgo a la calle y digo éste o aquél. Me fijo en el color (no tan blancos), en su posible resistencia a los maltratos, en su capacidad de sobrevivencia… Una vez muertos, removidas sus vísceras como lo hacía Jack, me deshago de ellos sin crear sospechas. Salen de aquí cubiertos por grandes telas que algunos acarrean sin saber siquiera lo que llevan entre las manos.
—Disculpe, fue mi error, no he debido comenzar la entrevista con esa pregunta, impertinente a todas luces. Verá, la forma en que usted pinta sus cuadros, el humor de la gente, algunos críticos graciosos… le ruego que me excuse, no volverá a suceder. Permítame repreguntarle y comenzar de nuevo. Hábleme de su técnica.
Pollock suavizó su expresión
—Eso está mejor… ¿Mi técnica? A ver, es muy sencilla. Se trata de colocar el lienzo en el piso y salpicarlo de pintura hasta alcanzar una composición que me deje satisfecho, que diga algo de mí mismo, de lo que nos rodea, de la vida…
—Lo llaman automatismo. Es decir, manchar la tela automáticamente de forma brusca y rápida y sin un plan preconcebido con el objeto de reflejar en ella la sicología del propio artista.
—Sus arrebatos psíquicos, diría yo. Es un buen término. Algunos lo llaman action painting. Pareciera aplicarse en mi caso, aunque también me relacionan con el surrealismo. No sé qué decirle…
—Se dice que usted no trabaja de forma convencional ni utiliza los implementos que generalmente usan todos los pintores para crear sus obras.
—En eso estamos de acuerdo, “mi pintura no procede del caballete… prefiero colocarla directamente en la pared o encima del suelo. En el suelo es donde me siento más cómodo, más cercano a la pintura y con mayor capacidad para participar en ella”.
—Le facilita las cosas.
—Sí, “ya que puedo caminar alrededor de la tela, trabajar desde cualquiera de sus cuatro lados e introducirme literalmente dentro del cuadro”.
—Interesante. De allí el gran movimiento que se refleja en su obra: un caos con cierto e inexplicable orden… Y sobre los implementos que usa. ¿Qué me puede decir al respecto?
—Como le dije, “intento mantenerme al margen de los instrumentos tradicionales como el caballete, la paleta y los pinceles. Prefiero los palos, las espátulas y la pintura fluida que gotea y se escurre”.
—Y, ¿se cuidan los detalles en este tipo de técnica?
—Quiero creer que sí. Aunque “cuando estoy en la pintura no me doy cuenta de lo que estoy haciendo”.
—¿No teme equivocarse?
—No, “pues la pintura tiene una vida en sí misma. Trato de que esta surja”.
—La crítica lo señala como el precursor del Expresionismo Abstracto.
—Exageran.
—Creo que han llegado a esa conclusión debido a la gran abstracción que se percibe en su trabajo.
—Es posible… “No era una imagen, sino un hecho, una acción”, le digo con frecuencia a los que me preguntan qué quise decir con tal o cual pintura.
—Hablemos del dripping o goteo. También se le atribuye haber creado la técnica del goteo como expresión del arte.
—Exageran, como le dije. Lo único que he hecho es ayudar a que la pintura se exprese por sí misma mediante un artista que se hace parte de ella, o al contrario, es igual, ambos están tan unidos como lo pueden estar dos colores ya mezclados en la paleta de un pintor. A veces tomo un pote de pintura, le hago unos pequeños orificios en la parte de abajo y dejo que el goteo fluya sobre el lienzo, a veces con ternura, a veces con rabia, a veces sin estar yo allí…
—¿Cuándo parar, cuándo saber que el goteo es suficiente?
—Es imposible saberlo. Sólo se siente…
—¿Le agradaría entonces ser considerado el padre del goteo?
—Sería un honor. Además, el apodo de Jack the dripper (Jack el goteador) es preferible al de Jack the ripper.