CARLOS COLOMA
Madrid, 1629
En abril de 1629 los holandeses comenzaron el cerco de Bolduque, una ciudad clave en nuestro dispositivo militar, cabeza de una amplia comarca muy católica que nunca había sido conquistada por el enemigo. En Madrid la noticia produjo gran alarma, pero poco se pudo hacer para socorrer a los sitiados.
Spínola auguraba la pérdida total de Flandes si la plaza caía, como en efecto sucedió, pese a que resistió durante cuatro meses y medio. Los muchos medios militares con que contaban los holandeses y la torpeza del conde de Bergh (que seguramente ya pensaba en traicionar) para introducir soldados de refuerzo en la plaza, anticiparon la rendición. Poco antes habíamos perdido por un golpe de mano otra plaza importantísima, la de Wessel, que bloqueaba el comercio fluvial en el norte de Holanda. La raíz de la pésima situación en Flandes estaba en la ausencia de una cabeza rectora. Solo la autoridad de un personaje de sangre real o del propio Spínola podía allanar esto.
Tengo para mí que los puntos de vista sobre la guerra de Flandes entre Spínola y Olivares no eran tan contradictorios en el fondo. Cuando aquel llegó a Madrid a principios de 1628, la coyuntura internacional nos favorecía, y se consideraba que debían mejorarse las cláusulas de la tregua de los Doce Años. Olivares pedía puntualizar con absoluta nitidez las cuestiones de las Indias, obtener el compromiso de no ayudar a los respectivos enemigos y dar libertad a los católicos en Holanda. Pero lo que Spínola juzgaba más importante era que los grandes navíos de todas partes del mundo pudieran ir directamente a Amberes, sin estar obligados a descargar antes en Zelanda. Ambos coincidían, por otra parte, en que la tregua debía durar por lo menos treinta años, confiando en que en ese tiempo los pleitos religiosos en Holanda derivarían en peleas civiles.
Luego, a medida que la situación internacional empeoró, todos estos principios se fueron debilitando, en particular en lo referente a la libertad de conciencia para los católicos. Quizás influyera en esto lo incongruente de exigir al prójimo lo que no estamos dispuesto a dar en territorio propio.