AMBROSIO DE SPÍNOLA
Campamento de Casale
Mientras en nuestro campo de Breda malgastábamos el tiempo en consultas vanas y el desconcierto cundía en los soldados, la insolencia de los holandeses crecía.
En Ámsterdam se burlaban de España en estampas, versos y comedias satíricas; y me informaron de que Mauricio se jactaba en La Haya, confortablemente instalado, de la inutilidad de mi empeño.
En ese tiempo traté de confundir al enemigo con una serie de marchas y contramarchas que lo mismo amagaban tomar la plaza fortificada de Grave que dirigirse contra Breda. A muchos parecía esto esfuerzo perdido, pero la treta funcionó porque desconcertó a Mauricio. No supo si se acometería a Grave o a Breda. Confundido, no se atrevió a sacar guarnición de ninguna de las ciudades para llevarla a la otra, ni tenía fuerzas suficientes para socorrer a ambas.
Con estas largas conseguí que el enemigo, acercándose ya el otoño, no tuviera tiempo para situar su ejército en una sola dirección, mientras yo con el mío podía actuar en el sitio que decidiera.
Dando por acabado este baile de movimientos tácticos, reuní en un solo cuerpo a todas mis tropas. Mandé que se unieran los regimientos del conde de Nassau y la infantería española de Jacinto de Velasco, marqués de Belveder, con gente de otros tercios asentada en las cercanías de Breda.
La paciencia de mis críticos, sin embargo, se iba agotando con tantas dilaciones y despachos de ida y vuelta.
Me acusaban de haber administrado mal las cosas de guerra, alegando que las consultas eran buenas en la corte, pero en el campo lo que valía era la ejecución, que se demoraba.
Algunos celebraban entre brindis mi fracaso en Bergen-op-Zoom, y otros ponían en duda la fidelidad del conde Enrique de Bergh, que combatía en nuestras filas y al que se atribuían claras simpatías hacia los rebeldes.
Los acusadores, al final, demostraron tener razón, pues el conde de Bergh, que me sucedió en el mando del ejército cuando dejé Flandes, no tardó en conspirar con los holandeses. Por su pasividad se perdió la plaza de Bolduque en 1629, y eso evidenció su traición.
Relevado del mando, se pasó al enemigo cuando iba a ser detenido, y a partir de ahí nos combatió con saña.