PARA SIEMPRE
(Always, 1989)
Estudio: Universal Pictures / United Artists. Director: Steven Spielberg. Intérpretes: Richard Dreyfuss, John Goodman, Holly Hunter, Audrey Hepburn, Brad Johnson. Duración: 118 minutos.
Siendo corriente la querencia norteamericana por el remake, y contando con actores y actrices reputados como Richard Dreyfuss, John Goodman, Holly Hunter o Audrey Hepburn, pensar que Para siempre tenía todas las papeletas para ganar la rifa del éxito resultaría de lo más comprensible. Error. No fue así, ya que ni el nombre de su director, un Steven Spielberg convertido en mago del celuloide a finales de la década, logró salvar la filmación de una quema justificada. Y aunque Dos en el cielo de 1943 resultase pilar interesante sobre el que construir una mansión renovada, el cineasta no las tenía todas consigo. Posiblemente el olvidar la pieza en remojo durante años pudiese tener parte de la culpa.
Tras 1978 y Encuentros en la tercera fase, Spielberg baraja el reto contando con Robert Redford y Paul Newman (pareja de moda gracias a largometrajes como El golpe o Dos hombres y un destino). La propuesta y el envalentonamiento quedaron en sueño, por lo que once años después seguramente el impulso estaba perdido. La guionista Diane Thomas (Tras el corazón verde) echó una mano a Steven para subir el repechito de la duda. Esto, junto con la posibilidad de contar con la angelical Audrey Hepburn, actriz de relumbrón con extensa carrera, y confesa admiradora del trabajo del papá de E. T. El extraterrestre, dio alas a esa melaza que Spielberg en ocasiones deja escapar.
Con un sorbito dechampán… brindando por el fracaso.
Para siempre, estrenada el 22 de diciembre de 1989, no tardó en recibir estopa de los críticos más prestigiosos de Norteamérica. A la Hepburn la salvaban de la pira, todo debido a su dulzura y profesionalidad a la hora de tomar cualquier rol propuesto, sin embargo la benevolencia desapareció a la hora de comentar la mano del rey Midas tras la cámara. Dejando a un lado el importante trabajo de fotografía, los periódicos soltaban bilis acusando al gerifalte de Hollywood de pergeñar una pésima imitación de ¡Qué bello es vivir! La falta de emoción que pretende salvarse con un romanticismo impostado y poco realista, matado en ocasiones por esa búsqueda casi obligada de la tragicomedia (los gags de Goodman y Dreyfuss siempre se agradecen, aunque en esta ocasión rompen cualquier tipo de embrujo maravilloso).
La película, juguete para relojeros, intenta marcar minutos contados a base de agarrarse a lo poco probable. Un gran amor cortado de golpe por una tragedia. El enamorado vuelve del más allá como espíritu para encontrarse un sustituto que llene el vacío de la que una vez resultó su amada. El protagonista, interpretado por Richard Dreyfuss, debe luchar entre el sufrimiento de ponérsela en bandeja a un contrincante casi juvenil y el deber de amigo-amante que desea lo mejor para la que sería su futura esposa. Audrey, que encuentra fiabilidad en su posicionamiento como ser del reino de los muertos que guía a Richard en su azarosa misión, se sabe lejana de posibles rifirrafes críticos. Aun así, y conociendo su posición de ventaja, intenta dar verosimilitud a unos diálogos cercanos a la novela rosa.
Esta sería la última película para la Hepburn, la princesa del celuloide que nos dejaría en 1993. Se la catalogaría de ángel de la guarda en Always, ese ente protector del recién estirado la pata Dreyfuss (en la película, se entiende). Lejos de dejarse querer, Audrey aseguró que nadie sabía realmente cuál era su personaje; no era hablar de cielos salvadores y alas de querubines, únicamente se buscaba la representación de la bondad y el bien. Está claro que dicho papel sólo podía hacerlo la mágica dama que puso su talento al servicio de aquellas inolvidables Holly Golightly, Sabrina, Jo Stockton, Regina Lambert o Eliza Doolittle.