Tras las montañas
¡Qué sería de mí sin Ilsebill!
exclamó el pescador
contento.
Mis deseos se visten con los suyos.
Lo que se cumple no cuenta.
Salvo nosotros todo es inventado.
Sólo el cuento es verdadero.
Siempre viene, si lo llamo, el rodaballo.
¡Quiero, quiero, quiero ser como Ilsebill!
Más alto, más profundo, más dorado, el doble.
Más hermoso aún de lo imaginado.
Reflejado hasta el infinito.
Y porque no existe muerte, no existe ya el concepto de vida.
Poder inventar ahora la rueda otra vez.
Soñé hace poco muchas cosas:
todo era como lo deseaba,
pan, queso, nueces y vino,
para alegrarme sólo yo faltaba.
Entonces los deseos se perdieron de nuevo
buscando su doble sentido
tras las montañas: Ilsebill o yo.