Inmortal
Cuando abrí hacia todos los vientos
las ventanas que me habían prometido,
estaba seguro
de no ver nada después de muerto.
Sin embargo, vi: en un paisaje llano
pulcramente urbanizado,
y enfrente, en ventanas abiertas,
en las que hombres y mujeres parecían viejos,
contra el cielo de nubosidad variable,
estorninos también en los perales,
colegiales que había dejado el autobús,
el edificio de la caja de ahorros,
la iglesia con su reloj: la una y media.
A mi protesta vino la respuesta:
Ésa era la otra vida normal
y acabaría pronto.
Ya me saludan los viejos vecinos.
Pretenden haberme visto realmente
desde todas las ventanas.
E Ilsebill vuelve cargada
del supermercado.
Mañana es domingo.