Carne
Cruda-podrida-congelada-cocida.
Dicen que fue el lobo (en otros sitios el buitre)
quien custodiaba el fuego al principio.
En todos los mitos fue astuta la cocinera:
escondió las tres brasas en su bolsa húmeda
mientras los lobos dormían
(o los buitres en las nubes estaban).
Así robó el fuego del cielo.
Basta de afilados dientes contra las fibras.
Basta de pregustar regustos de carroña.
Suavemente la madera muerta llamaba, queriendo arder.
Por primera vez reunidos (porque el fuego reúne),
ardieron los planes, crepitaron las ideas,
saltaron chispas y nombres para crudo y cocido.
Cuando el hígado se contrajo sobre las brasas,
la cabeza de jabalí se coció en el barro,
cuando el pescado se ensartó en ramas verdes
o la tripa rellena se enterró en la ceniza,
cuando el tocino chirrió sobre piedras al rojo
y la sangre revuelta se hizo pastel,
venció el fuego a lo crudo,
hablamos, como hombres, del gusto,
nos traicionó el humo,
soñamos metales
y comenzó (como un presentimiento sólo) la Historia.