Remolachas y menudillos de ganso
En noviembre,
con el agua de enjuagar tirada,
los últimos colores usados
y los gansos desplumados,
en San Martín puntualmente
cocinaba Agnes —que sabía siempre
qué-cuándo debe cocinarse—
el cuello de piel colgante, estómago y corazón,
alas las dos: los menudillos de ganso
con remolacha y calabaza en taquitos
mucho tiempo a fuego lento y pensando
en un portaestandarte llamado Axel
que prometió volver:
pronto en noviembre.
Se cuecen también:
un puñadito de cebada, cominos, mejorana
y un poco de beleño contra la peste.
Todo eso: masticaba el estómago, mordisqueaba las alas,
chupaba el pescuezo el pintor Möller
al que Agnes ponía la mesa, mientras el poeta Opitz
comía y comía, sin encontrar palabras,
los suaves caldos, la blanda remolacha…
aunque por todas partes en noviembre
y en un caldo turbio nadaba un corazón de ganso
buscando su paralelo.