RESUMEN

Nombre: Steve Orenstein

Edad: 38

Cargo: dueño de Wicked Pictures

ORIGEN FAMILIAR

Mi padre era un mecánico de coches en Nueva York hasta que sufrió artritis en las manos. Sus médicos le recomendaron vivir en un clima más seco, de modo que nos trasladamos al sur de California.

En busca de empleo, mi madre respondió a un anuncio en el periódico que pedía un administrador/contable para Distribuidores Lyndon. Ella nunca preguntó qué era lo que distribuían hasta que empezó a trabajar allí y descubrió la respuesta: revistas para adultos.

EXPERIENCIA LABORAL

Durante un verano, tras acabar la secundaria, estuve trabajando en el almacén de Lyndon. Después de un tiempo, el sobrino del dueño, Fred Alfano, me llevó a su propia compañía, que distribuía revistas, juguetes y películas de ocho milímetros a las tiendas para adultos.

Seguí trabajando para él esporádicamente durante el bachillerato, hasta que, en el segundo año, decidí dejar los estudios. Fred no tenía entonces para mí un puesto a tiempo completo, de modo que me ofreció pagarme hasta que aprendiese todas las tareas de la compañía. Quería que pasase dos semanas con cada empleado a fin de que, si alguien enfermaba, pudiese cubrir su trabajo.

Un día me presenté allí y todos los administradores de las tiendas, junto a su supervisor, estaban alineados en el exterior de la oficina de Fred, quien los estaba sometiendo a un test detector de mentiras. Incluso me dio uno a mí, que aprobé, por supuesto. Pero el supervisor falló. Fred me hizo seguir a aquel sujeto durante dos semanas, aprendiendo sus obligaciones, y al cabo de ese tiempo lo despidió. De pronto me encontré a mí mismo, a los veinte años, dirigiendo todas las tiendas.

Una de las compañías a las que les comprábamos varios de nuestros productos se llamaba CPLC y, tratando con ellos, nos hicimos amigos del hijo del propietario, Stuart Tapper. Era el año 1982, y distribuir películas para adultos en cintas de vídeo era bastante inusual. Stuart quería fundar una división de vídeo en su compañía y me contrató para ayudarlo.

Pero a los tres meses de empezar, le diagnosticaron a Stuart el mal de Hodgkin. Y como Stuart era el cerebro del negocio, posicionado para heredarlo todo cuando su padre se retirase, la idea de la división de vídeo fue copiada por muchos mientras él pasaba dos años en tratamiento médico. A la larga, tanto Stuart como su padre murieron con sólo treinta días de diferencia.

Yo seguí a cargo del almacén de CPLC hasta que recibí la llamada de un amigo del negocio, quien me habló de un tío llamado Ruby que tenía una compañía distribuidora de vídeos llamada X-Citament[28] y buscaba a alguien que pudiese administrar su almacén. La propuesta no me interesaba, pero aun así conocí a Ruby. Y se trataba de un vendedor tan bueno que acabé trabajando con él entre 1984 y 1993.

Hacia 1990 me confió:

—¿Recuerdas que al contratarte te dije que un día tendrías tu propio dinero y podríamos hacer algo juntos?

Lo recordé. Él me había prometido muchas cosas y, por el momento, había cumplido.

—Pues bien, quiero que empecemos a producir nosotros mismos, como socios.

Así que empezamos con Producciones X-Citament. Pero hacernos socios cambió nuestra relación y tuvimos una discusión sobre dinero, como les sucede a casi todos los socios. Habíamos hecho ya veinticuatro películas, de modo que nos las repartimos a medias y abandoné X-Citament. Por primera vez desde el colegio, no estaba trabajando para nadie. Y no quería volver a hacerlo.

PERFIL DE LA COMPAÑÍA

Para entonces yo ya tenía más de trece años de experiencia en el negocio, fundamentalmente en distribución, faceta que me tenía agotado. Por eso decidí fundar mi propia compañía productora. Mi meta era sencilla: compensar el cheque mensual que acababa de perder.

El personal original consistía apenas en un vendedor a quien había conocido en X-Citament, mi madre (que trabajaba como recepcionista y contable) y yo. Bautizamos a la compañía Oasis. Nos pareció sofisticado, y mi plan era hacer películas para el mercado de parejas que tuvieran un nivel de producción relativamente digno. Quería sacar a la venta una pequeña cantidad de filmes y poder estar orgulloso de cada uno de ellos. Pero entonces alguien en la industria me escuchó hablar de Oasis y me dijo que ese nombre ya había sido cogido y registrado por alguien más.

Yo había alquilado una oficina extra para un amigo mío, un vendedor independiente. Un día me senté junto a él e intentamos idear un nuevo nombre. Él lo dijo primero: Wicked. Y me gustó de inmediato, porque uno de los títulos que habíamos hecho en X-Citament se llamaba Wicked. Además, Wicked Pictures sonaba realmente bien.

INTÉRPRETES DE LA COMPAÑÍA

CHASEY LAIN

Poco después de abrir las puertas, vino a mi oficina un agente llamado Lucky Smith, a quien conocía desde los días de X-Citament. Quería que firmase un contrato con una de sus clientes. Objeté diciéndole que no tenía interés en poner a ninguna chica bajo contrato. Mi negocio no eran las chicas, sino las películas.

Pero después de filmar las primeras y comprobar que no se vendían tan bien, empecé a lamentar mis palabras. Era difícil convencer a nuestros clientes de que hacíamos un producto mejor y de más alta calidad que la competencia, pues lo mismo anunciaban todos los demás. Así que llamé a Lucky y le dije:

—Quiero ver fotos de esa chica de la que me hablaste.

Se me ocurrió que si los distribuidores no creían que teníamos una compañía diferente y más especial que las otras, al menos se lo pensarían dos veces si contábamos con una chica diferente y más especial que las demás.

—Creí que no te interesaba —replicó Lucky.

—Cambié de idea.

Así que volvió a mi oficina y me mostró fotos de Chasey Lain. Era una hermosa morena que nunca antes había aparecido en películas. Sabía que si lográbamos crearle una imagen y mantenerla, la gente sabría dónde adquirir el producto de Chasey: en Wicked Pictures.

De más está decir que teníamos muy poca experiencia en administrar intérpretes. En mitad del rodaje de la primera película de Wicked, Chasey se operó los pechos. ¡Es decir, que en la película es posible verlos de ambos tamaños! Pese a todo, esa cinta, titulada The Original Wicked Woman, tuvo tanto éxito que colocó a la compañía en el mapa de la industria.

JENNA JAMESON

Cuando expiró el contrato con Chasey, un año más tarde, ella decidió permanecer en la compañía unos pocos meses más mientras averiguaba qué quería hacer con su vida. Entretanto, mis amigos Brad y Cynthia Willis, aún hoy fotógrafos responsables de las imágenes de nuestras cajas y de la publicidad de nuestra marca, me telefonearon diciendo que acababan de hacer fotos de una bella modelo para las cubiertas de otra empresa. Se llamaba Jenna Jameson y me sugirieron intentar tenerla en exclusiva. Yo nunca había oído hablar de ella, y no tenía prisa por hallar otra chica para ofrecerle un contrato. Por el momento a la compañía le iba bien y cada vez se nos acercaban más chicas, aunque ninguna me había impresionado hasta entonces tanto como Chasey. Quienquiera que firmase a continuación sería de inmediato comparada con ella, y yo no quería que ocurriera tal cosa.

En los meses siguientes efectué averiguaciones sobre esta joven Jenna, pero me informaron de que atravesaba un mal momento personal y había abandonado el negocio. Unos nueve meses después, Chasey nos dijo que dejaría por fin la compañía. Entonces, por casualidad, llamaron Brad y Cynthia. Me explicaron que Jenna estaba de regreso y se veía mejor que nunca. Así que cuando Jenna me telefoneó, aunque ella no lo sabía en ese momento, yo ya estaba listo para verla.

Con todo, nunca había visto ninguna de sus películas. Ni siquiera había visto una foto suya. No bien cruzó la puerta de mi despacho, quedé perplejo. Parecía tan dulce e inocente (que lo fuese o no, ésa ya es otra cuestión). No podía creer que una chica con ese aspecto quisiese seguir en el negocio. Me pregunté por un instante si no se había presentado en la oficina equivocada.

Por aquellos días, las estrellas de películas para adultos obtenían mucho dinero haciendo giras en clubes de strip-tease. Como consecuencia, muchas strippers estaban pasándose a las películas, para luego ganar más pasta bailando. Lo primero que le pregunté a Jenna, entonces, fue qué la motivaba a aparecer en películas y si pensaba seguir bailando en el futuro.

—No —aseguró ella—, de hecho ya he bailado. Eso no me interesa.

—¿Y qué es lo que te interesa? —inquirí.

—Convertirme en la mayor estrella pomo de todos los tiempos —respondió.

—¡Pues ésa es una meta ambiciosa! —le dije, y en verdad era exactamente lo que yo quería escuchar de sus labios.

A lo largo de tres horas, le formulé muchas preguntas, acerca de todo lo que se me pasó por la mente (de dónde provenía, cuánto sabían sus familiares sobre estas actividades suyas, qué relación mantenía con ellos, cómo se sentía de cómoda ante las cámaras, qué expectativas tenía para el futuro, si le parecía bien que todo el mundo se enterase de su profesión…). Pero siempre recuerdo lo que me contestó cuando le pregunté si se sentía cómoda durante las escenas de sexo y si había alguna cuestión al respecto de la que yo debiera enterarme por anticipado.

Me miró directamente a los ojos y sostuvo:

—No te preocupes por el sexo. No será ningún problema.

Jenna tenía las respuestas correctas para todo. Le pedí que firmase un contrato en ese preciso instante.

Cómo… hacer el amor igual que una estrella del porno
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