Tony: Realmente nos divertimos cuando comenzaste la secundaria.
Jenna: Sí, pero era toda una nerd.
Tony: Sin embargo, tenías buenas amigas.
Jenna: Yo atravesaba el momento más difícil del desarrollo. Todas las chicas de mi edad empezaban a ser femeninas, y yo seguía pareciendo un chico. Llevaba gafas, ropas anticuadas y ese peinado de paje con flequillo. En realidad, me veía como un mújol. Luego papá decidió, por fin, que podía dejarme crecer el pelo.
Siempre, desde muy niña, tuve un gran sentido de la estética y de la moda, pero no tenía dinero para afrontarlo. Hasta el primer día de instituto, en mi armario sólo había tres pares de pantalones, dos pares de calcetines y unos zapatos viejos y desgastados. Así que empecé a coger prendas de la abuela, que recortaba e intentaba coser.
Larry: ¿Realmente estabas así de mal?
Jenna: No tenía amigos. No conocía a nadie. No tenía la menor idea de hacia dónde ir. Tenía tanto miedo que sudaba. Todos los críos parecían mucho más grandes que yo. Pero luego comencé a salir con Karen y Beth. Éramos como Los tres amigos. Entonces empecé a tener el pelo largo y decidí decolorármelo. Yo era todavía una especie de paria, pues parecía mucho más pequeña que los demás. Papá no me consiguió lentillas hasta mucho después, pero ya por entonces empecé a sentirme un poco mejor.
Tony: Y fuiste animadora (cheerleader) durante un tiempo.
Jenna: Sí, decidimos ir a las clases de las animadoras. Yo tenía alguna experiencia en baile y gimnasia, de modo que era mucho mejor que las demás. Así que formaron su propia pandilla y me dijeron que no seguirían siendo mis amigas. Ya no me hablarían y harían lo posible por lograr dejarme en ridículo. Transcurrieron unos tres meses en los que me sentí completamente sola en el colegio. Almorzaba sin ninguna compañía. Muchas veces evitaba incluso el almuerzo y me iba al jardín a leer un libro. Perdí mucho peso en aquella etapa. Vivian me preparaba comidas envueltas en bolsas de papel marrón y yo las almacenaba en mi armario escolar. Tras un par de meses el hedor que escapaba de mi armario era insoportable. En el colegio me regañaron, ordenándome que limpiase mi armario. Apestaba como un cadáver.
Larry: Vivian había sido una de mis estudiantes cuando di clases en la academia de policía de Carson City.
Jenna: Ella vino después de Marjorie. Era una persona tranquila y me trataba bien, pero por entonces yo ya me había fabricado una coraza para protegerme de cualquier abuso y la trataba con frialdad. Pese a eso, Vivian me hablaba de cosas que realmente me importaban y escuchaba mis opiniones. Y además, era realmente efervescente. Yo soy de origen italiano, y bastante peluda. Así que le robé a papá una de sus navajas de afeitar y le conté a ella que la había utilizado para depilarme las piernas. Cuando él se enteró, Vivian me salvó de su ira. Pero no había manera de que yo volviese a abrirle mi corazón a otra de las novias de papá. Así que, al final, ella mostró también su lado flaco. Vivian y papá discutían mucho y eso me perturbaba. Y Tony se portaba muy mal con todas las chicas que papá traía a casa. Les arrojaba cosas.
Tony: Como sea, volviendo al tema del colegio.
Jenna: Lo que sucedió es que finalmente me quebré. Dejé la clase de animadoras y tuve que fingir ser menos buena de lo que era en realidad para volver a tener amigas. Eso me hizo sentir muy mal.
Recuerdo haber estado muy confundida, pues después de que cortaran Vivian y papá ya no tuve ninguna mujer a la cual poder hacerle preguntas. Por ejemplo, cuando quería con toda el alma comprarme un sostén. Aún no me habían crecido los pechos, pero quería un sostén porque todas las chicas llevaban sostén. Y lo único que se me pasaba por la cabeza era de qué modo podría conseguir uno. No podía pedírselo a papá… así que ¡lo robé! Entré al probador de una tienda de ropa, me puse uno y luego me marché.
Llevaba puesto ese jodido sostén todos los días. En el colegio era muy guay dejar que el sostén sobresaliese un poco de tu blusa, pues hacía que te vieses como una mujer. Al menos, eso era lo que yo creía. Así que siempre me aseguraba de que sobresaliese ligeramente la banda elástica del sostén. Era una cría alocada.