Jenna: El ácido estuvo bien para mí. Me drogaba con ácido junto a Tony los fines de semana porque pensaba que nunca caería en las drogas más peligrosas. Y durante la semana seguía siendo una chica buena en la escuela. Me estaba descubriendo a mí misma y todo me parecía estupendo.
Tony: Y hacíamos bastantes locuras, pese a eso. ¿Recuerdas cuando fuimos a Tropicana y consumimos ácido junto a la piscina? Cogimos las sillas reclinables e intentamos esquiar con ellas en las fuentes. Y vinieron todos los guardias de seguridad con sus pistolas para detenernos. Tan pronto como nos dejaron ir, fuimos directamente al hotel y empezamos a vagar clavando la mirada en las alfombras y las paredes.
Jenna: ¿Y cuando consumimos ácido y tú me prendiste fuego? (Todos ríen.)
Tony: Selena encendió un cohete que voló hasta tu nuca. Estábamos todos friéndonos en ácido, y luego ella…
Jenna: Yo tropecé con esa roca…
Selena: … corriendo. Y lo primero que vi fue a Jenna gritando con la cabeza en llamas. Y ella intentaba volar, despegar de la tierra, y nosotros la mirábamos extasiados, creo que quedó toda magullada.
Jenna: ¡No os imagináis lo que es estar drogada y en llamas! No puedes detenerte a pensar, echarte al suelo y rodar.
Tony: ¿Recuerdas a esa chica, Puffensquish?
Jenna: Sí, tomó tanto ácido que vagaba por las calles de Las Vegas tocando todas las reparaciones de alquitrán que había en las grietas del asfalto. Se la pasaba resoplando y chapoteando en el alquitrán (puff and squish).
Tony: Sí, y solíamos ir al monte Charleston, tomar ácido y caminar en la nieve. El paisaje recordaba a una casa de jengibre con escarcha.
Jenna: ¡Era tan…
Tony: Extraño.
Jenna: … hermoso!
Larry: La primera vez que consumí ácido fue con vosotros dos en el monte Charleston. Estábamos todos sentados ahí, riendo, y yo me había separado de esa chica con la que estaba. Jenna me dijo:
—Mira hacia arriba.
Estaba ese enorme cielo rosa con estrellas y demás. Y al elevar la mirada todo el mundo pareció salirse de sus formas y ya estaba fuera de mí, fuera de mí.
Jenna: Papá era lo bastante guay como para decir «guay».
Tony: Se crió en la década psicodélica de los sesenta, y para él las drogas eran la cocaína y beber. No tenía la menor idea de que estaba a punto de ser disparado hacia otro universo. (Risas.)
Larry: Ya sabéis, la ocasión que tengo más grabada en la memoria es cuando estábamos en el piso colectivo y consumimos coca. Lo hice con vosotros y tú miraste a Tony y le dijiste:
—Adelante, papá.
Jenna: Enfréntate a tu lado oscuro, papá.
Larry: Eso fue exactamente lo que dijiste. Nunca lo olvidaré. Di el paso de ser el gilipollas que hace siempre lo correcto a convertirme en un psicópata.
Tony: ¿Recuerdas cuando yo estaba vendiendo coca y la abuela me robaba las dosis?
Larry: ¿Mi madre robaba las dosis?
Tony: Las escondía en los bolsillos de su abrigo y andaba a hurtadillas todo el tiempo. ¿Recuerdas que por lo general era mala como una serpiente, pero que de pronto nos preguntábamos por qué la abuela se había vuelto tan simpática?
Larry: ¿Sabéis una cosa? No echo de menos ninguna droga, pero la única que realmente me gustaba era la coca[19]. Es la mejor droga del planeta, pero al fumarla, no al inhalarla.
Jenna: ¿Cuándo fumaste coca?
Larry: Cuando administraba el club de strip-tease. Fumaba lo suficiente como para que el efecto me durase todo el día.
Jenna: O sea, que fumabas cada cinco minutos…
Larry: No, me duraba unas buenas dos horas. Una chica menuda en el club tenía una provisión ilimitada. Cogía una bolsa y fumaba durante toda la noche.
Tony: Para alguien que realmente sabe de drogas, fumar coca o inhalarla es desperdiciarla. Si quieres lograr un buen efecto has de inyectártela.
Larry: Nunca quise hacer eso. Me gustaba poder controlar cuántas veces fumaba a fin de mantenerme siempre en el estado perfecto.
Tony: También inyectándote se puede lograr eso.
Larry: ¿En serio?
Tony: Puedes controlar el efecto con exactitud. Puedes sentirlo todo el día o lanzarte de una vez al más allá.
Larry: Muy interesante.