Ella era el mar y el cielo y la roca y la sangre y las alas y la tierra y las estrellas y la oscuridad y la luz y el hueso y la flama.
Danika se había ido. Había entregado lo que quedaba de su alma, su poder, para que Bryce se elevara de la pista y para ese Ascenso inicial rápido.
Danika le había susurrado «Te amo» antes de soltarle la mano a Bryce y desaparecer en la nada.
Y eso no había destrozado a Bryce, despedirse por última vez.
El rugido que emitió no fue de dolor. Fue de desafío.
Bryce subió más alto. Podía sentir la superficie cerca. El velo delgado entre este lugar y la vida. Su poder se movía, cambiando entre formas y dones. Siguió subiendo con el impulso de una cola poderosa. Giró y se elevó con el poder de unas grandes alas. Era todas las cosas, pero era ella.
Y entonces la escuchó. Su voz. Su desafío en respuesta a su llamado.
Ahí estaba. Esperándola.
Luchando por mantener su corazón palpitando. Ella estaba muy cerca del velo, alcanzaba a verlo.
Desde antes de que llegara a yacer muerta frente a él, él ya estaba luchando por mantener su corazón latiendo.
Bryce sonrió, en ese sitio en medio, y al fin se lanzó hacia Hunt.
—Vamos —gruñó Hunt y continuó con las compresiones, contando las respiraciones de Bryce hasta poder volver a darle una descarga eléctrica con sus relámpagos.
No sabía cuánto tiempo tenía de haber caído, pero estaba muerta cuando él despertó, sano y entero, en una ciudad reparada. Como si ninguna bomba mágica, ningún demonio, la hubieran dañado jamás.
Vio la Puerta brillante, la luz encendida, la luzprístina, y supo que sólo alguien que hubiera hecho el Descenso podría generar ese tipo de poder. Y cuando vio su cuerpo sin vida frente a la Puerta, supo que ella había encontrado una manera de hacer el Descenso, para liberar esa luzprístina sanadora, para usar el Cuerno para sellar los portales al Averno en las otras Puertas.
Así que actuó por instinto. Hizo lo único que pudo pensar en hacer.
Él la había salvado y ella lo había salvado a él y él…
Su poder la sintió llegar un momento después. La reconoció, como si se viera en un espejo.
Cómo podía traer tanto poder, cómo podía hacer el Ascenso sola… no importaba. Él había Caído y había sobrevivido, había pasado por todas las pruebas y tortura y horror, todo por este momento. Para poder estar aquí.
Todo había sido por ella. Por Bryce.
Su poder se acercaba más y más. Hunt se preparó y le envió otra descarga al corazón. Ella volvió a arquearse en el piso, el cuerpo sin vida.
—Vamos —repitió él y volvió a bombear con las manos en su pecho—. Te estoy esperando.
Había estado esperándola desde el momento en que nació.
Y como si ella lo hubiera escuchado, Bryce volvió a la vida.
Estaba tibia, estaba a salvo y estaba en casa.
Había luz a su alrededor, que salía de ella, de su corazón.
Bryce se dio cuenta de que estaba respirando. Y que su corazón latía.
Ambas cosas eran secundarias. Serían siempre secundarias junto a Hunt.
Alcanzó a registrar que estaban arrodillados en la Vieja Plaza. Las alas grises de Hunt brillaban como brasas y los envolvían a ambos mientras la abrazaba con fuerza. Y dentro de ese muro de alas suaves como terciopelo, como un sol contenido dentro de un capullo, Bryce resplandecía.
Levantó la cabeza despacio, se apartó apenas lo necesario para ver su cara.
Hunt ya la estaba viendo y sus alas se abrieron como pétalos al amanecer. No tenía tatuajes en la frente. El halo ya no estaba.
Ella recorrió la piel suave con dedos temblorosos. Hunt le limpió las lágrimas en silencio.
Ella le sonrió. Le sonrió con la ligereza de su corazón, de su alma. Hunt le sostuvo la mandíbula y la cara. La ternura en sus ojos despejó cualquier duda que pudiera quedarle.
Ella le puso la palma de la mano sobre el corazón que le latía con fuerza.
—¿Acabas de llamarme pinche cobarde?
Hunt inclinó la cabeza hacia las estrellas y rio.
—¿Y qué si lo hice?
Ella acercó su cara a la de él.
—Qué mal que toda esa luzprístina sanadora no logró convertirte en una persona decente.
—¿Eso qué tendría de divertido, Quinlan?
Ella sintió que los dedos de los pies se le enroscaban al escucharlo pronunciar su nombre.
—Supongo que tengo que…
Se abrió una puerta cerca en la calle. Luego otra y otra. Y la gente de Ciudad Medialuna empezó a salir dando traspiés, llorando con alivio o en azoro silencioso. Se quedaron con la boca abierta ante lo que veían. Al ver a Bryce y Hunt.
Ella lo soltó y se puso de pie. Su poder era un pozo extraño y vasto debajo de ella. Y no le pertenecía sólo a ella, sino a todos.
Levantó la vista para ver Hunt, que ahora la veía como si no pudiera creer a sus ojos. Ella lo tomó de la mano. Entrelazó sus dedos.
Y juntos, dieron un paso al frente para saludar al mundo.