CAPÍTULO VIGESIMONOVENO,
donde Simplicius se procura dos ojos de ternera
Al día siguiente mi señor había organizado un principesco banquete en celebración de la caída de Braunfels y había invitado a todos sus oficiales y amigos. Mi obligación era ayudar a servir los platos, escanciar los vinos y esperar con una bandeja en la mano. En la cocina se me entregó una cabeza de ternera (de las que se cuenta que un pobre no tiene derecho a comer), grasienta y sabrosamente cocida, de la que sobresalía un ojo enorme. Este era para mí una visión tan cautivadora, y el olorcillo de la salsa de tocino tan seductor, que se me hacía la boca agua. En fin, que aquel ojo sonreía a la vez a los míos, a mi nariz y a mi boca, y parecía suplicarme que lo alojara en mi hambriento estómago. No pude resistir mis ansias y por el camino saqué el ojo con una cuchara y me lo tragué tan rápida y diestramente que nadie lo echó en falta antes de llegar a la mesa. Cuando mi señor quiso partir la cabeza de ternera y se la encontró con un solo ojo, se enfadó de mala manera, mandó llamar al cocinero y le interrogó severamente. Se dedujo que solo el pobre Simplicius podía haber sido, y con una cara sombría como una noche oscura me preguntó el gobernador cómo había desaparecido el ojo de la ternera. Yo no me dejé intimidar por su implacable mirada y, sacando mi cuchara con presteza, pesqué y me tragué el otro ojo contestando de esta viva manera a su pregunta.
—Par Dieu! —dijo mi señor riendo—. Este chiste me complace más que diez terneras gordas.
Los señores allí presentes alabaron sus palabras, calificando mi ingenua acción de inteligente y espiritual, por lo que me creían todos poseedor de unas esperanzadoras valentía y resolución. Así me libré de un castigo, repitiendo el acto que de él me habría hecho merecedor, y me gané la admiración de varios aduladores y bufones que creían muy sabia mi decisión de reunir de nuevo los dos ojos en mi vientre, pues de natural habían sido creados para estar juntos. Sin embargo, mi señor me dijo luego que no me permitiera otra vez cosa semejante.