AGRADECIMIENTOS
A Vick Robin, Joe Domínguez, Dick Roy y Cecile Andrews, por abrirme las puertas de la «otra» América. A Irene Hernández Velasco y a Daniel Wagman, por allanarme el camino en España. Al diario El Mundo y a la revista Ajoblanco, por permitirme publicar en sus páginas el «embrión» de lo que más tarde sería este libro.