CAPÍTULO 1
Mystery y Herbal estaban sentados en dos sofás situados el uno enfrente del otro, con los brazos cruzados delante del pecho, en un gesto tan defensivo como obstinado. Cementjaw, el profesor de krav magá de Mystery, y Roadking[1], un MDLS que trabajaba como guardaespaldas, estaban de pie entre ambos. Herbal se negaba a poner un pie en la casa sin alguien que lo protegiera de Mystery.
Los otros inquilinos de Proyecto Hollywood —papa, Xaneus, Playboy y yo— estábamos sentados en un tercer sofá, colocado perpendicularmente a los otros dos. Tyler Durden, que llevaba meses viviendo en el vestidor de Papa, había decidido no asistir a la reunión, pues se consideraba un invitado.
Habíamos organizado la reunión para terminar de una vez por todas con las discusiones entre Mystery y Herbal. Así que dejamos que cada uno explicara su punto de vista. Mystery dijo que no permitiría que su ex novia entrara en la mansión. Y Herbal dijo que si su novia no podía venir a su casa, no le quedaría más remedio que mudarse. Cada uno tardó media hora en expresar esas simples ideas.
—Bueno, en principio, yo diría que si realmente Herbal quiere estar con la ex novia de Mystery, debería mudarse —intervine yo, tratando de llevar a cabo el papel de conciliador que se me había asignado—. Por otro lado, Mystery ha destruido pertenencias de la mansión y ha amenazado a uno de sus compañeros. Y todavía ni ha pedido perdón ni ha reparado los daños. —La puerta de Herbal aún estaba en el suelo, y parecía que por su cuarto había pasado un tornado—. Y todo eso nos impide recompensar su mal comportamiento dejándole hacer lo que quiera.
—Si dejé así el cuarto de Herbal, fue como recordatorio de lo que podría volver a pasar si Katya volvía a entrar en la mansión —dijo Mystery con hosquedad—. Es mi forma de decir que estoy dispuesto a imponer mis reglas.
Uno de los problemas de la Comunidad era que enseñaba que, para seducir a una mujer, había que seguir unas rígidas pautas de comportamiento. Y quien mejor se ajustara a esos estándares se convertiría en el macho alfa. El resultado era un montón de hombres que, después de haber sido intimidados durante toda su vida, ahora se comportaban como sus antiguos matones.
—En mi opinión —intervino Roadking—, Herbal ha roto una regla importante.
—¿Y qué regla es ésa? —preguntó Herbal. No había enojo ni arrepentimiento en su voz; tan sólo las pequeñas venas rojas de sus ojos transmitían la emoción que sentía.
—Los compañeros siempre están antes que las chicas —dijo Roadking.
—No —dijo Mystery—. Me gustaría estar de acuerdo, pero mucho me temo que hay veces que las chicas están antes que los compañeros.
Herbal sonrió. Era la primera vez que lo hacía esa tarde; al menos había algo en lo que él y Mystery estaban de acuerdo.
Si nos quitaban el interés por el sargeo y el vínculo con la Comunidad que nos unían, ¿en qué nos convertiríamos? En unos chicos que persiguen sets de chicas. En la historia del mundo había habido guerras, se había asesinado a líderes mundiales y habían ocurrido todo tipo de tragedias al reclamar los hombres sus derechos territoriales sobre el sexo opuesto. Puede que hubiéramos estado demasiado ciegos para ver que Proyecto Hollywood estaba condenado al fracaso desde el principio por la naturaleza de la misma idea que lo había hecho posible.
Después de tres horas discutiendo sin llegar a ninguna parte —durante las que Papa no abrió la boca ni una sola vez—, les pedimos a Mystery y a Herbal que se marcharan. Teníamos que debatir el asunto y tomar una decisión. Antes de marcharse, ambos dijeron que aceptarían la decisión que tomáramos.
Fuimos a la habitación de Papa. Al entrar, se produjo una oleada de actividad; algunos corrieron al cuarto de baño y cerraron la puerta. Yo no había estado en la habitación de Papa desde hacía un mes. La alfombra que cubría el suelo casi no se veía debajo de los seis pequeños sillones de gomaespuma negra que, al desplegarse, se convertían en colchones. Encima de cada colchón había una almohada y dos sábanas.
¿Dónde estaba la gente que dormía en esas camas? ¿Quiénes eran?
Devolvimos las camas a su forma original, nos sentamos y empezamos a debatir sobre la situación de Mystery y de Herbal. Fue entonces cuando Papa habló por primera vez.
—No estoy dispuesto a vivir en la misma casa que ese tío —dijo.
—¿De qué tío hablas? —le pregunté yo.
—De Mystery.
A Papa le temblaban las manos, aunque no se sabía si era por los nervios o por indignación. Era una persona difícil de descifrar. No había sargeado desde hacía meses y parecía haber perdido las habilidades que había conseguido con tanto esfuerzo. Volvía a esconderse tras la misma inexpresiva e introvertida máscara que llevaba cuando lo conocimos en Toronto. Su pasión ya no era ligar; ahora su única pasión era la Verdadera Dinámica Social. En vez de acudir a seminarios sobre seducción, Papa pasaba la mayor parte del tiempo volando por todo el país para asistir a seminarios de marketing y administración de empresas.
—Mystery nos interrumpe los seminarios —continuó diciendo. Su voz era distante y monótona, como si fuese el eco de otra voz—. Ha destrozado la casa y me asusta que pueda hacerme daño.
—¿Por qué dices eso? —intervine yo—. Mystery nunca te haría daño.
—Tengo pesadillas en las que Mystery aparece en mi habitación con un cuchillo. Voy a poner pestillos en las puertas.
—Eso es ridículo —repliqué—. Mystery no te va a hacer daño. El problema está en tu cabeza. Necesitas tratar tu miedo a las confrontaciones en vez de evitar a la gente o intentar echarla de la mansión.
Pero no importaba lo que yo dijera, pues Papa repetía una y otra vez la misma frase con la voz de un autómata, como si hubiera sido programado.
—No quiero vivir en la misma casa que ese tío —repitió de nuevo.
—¿Te has parado alguna vez a pensar —me preguntó Playboy finalmente— que la única razón por la que estás defendiendo a Mystery es porque es tu amigo? Puede que Playboy tuviera razón. Le estaba dispensando a Mystery un trato especial. Al fin y al cabo, él había sido mi mentor, él me había incorporado a la Comunidad, y Proyecto Hollywood había sido idea suya. Ninguno de nosotros estaría ahí de no ser por él. Pero Mystery la había cagado, había cavado su propia tumba, y yo tenía que decidir lo que era mejor para la convivencia en la mansión.
—Aun así —dije—, me gustaría encontrar un modo de resolver este problema sin que nadie tenga que irse de la mansión.
—Respetaremos tu decisión —dijo Papa—. Para nosotros eres un modelo a seguir. Confiamos en ti.
No entendía por qué Papa, que tan decidido estaba a echar a Mystery de la mansión, dejaba la decisión en mis manos. Durante las siguientes dos horas y media discutimos todo tipo de posibles soluciones, pero, cuanto más hablábamos del tema, más difícil resultaba tomar una decisión; no parecía existir una solución que pudiera satisfacernos a todos.
Papa no viviría en la mansión si estaba Mystery.
Mystery no viviría en la mansión si estaba Katya.
Y Herbal no viviría en la mansión si no estaba Katya.
Alguien tenía que irse.
—Todos los problemas tienen el mismo origen —dijo Playboy—, y ése es Mystery.
Miré a Xaneus.
—¿Estás de acuerdo con Playboy y con Papa? —le pregunté.
—Sí, lo estoy —asintió él. Xaneus también parecía estar hablando desde algún profundo lugar dentro de su cabeza, como si en realidad no estuviese con nosotros. Se estaba convirtiendo en un autómata, como los demás—. Sí, creo que Mystery debe irse.