CAPÍTULO 5
¿Cómo se besa a una chica?
Apenas diez centímetros separan vuestras caras. Estáis tan cerca que casi no tendríais ni que moveros para besaros. Y, aun así, son los diez centímetros más difíciles con los que te has enfrentado en tu vida. Pues, en ese momento, el hombre debe renunciar a su orgullo, a su ego, a su autoestima y a todo aquello por lo que tan duro ha trabajado durante años y esperar, sí, esperar, que ella no eluda el beso ofreciéndote una mejilla o, lo que sería peor todavía, diciéndote que prefiere que seáis amigos.
Yo salía todas las noches para acumular experiencia para cuando hiciera de alaen el taller de Mystery. No tardé en encontrar una técnica que funcionaba; al menos hasta cierto punto. Que me rechazasen era algo que ya no me preocupaba. Sabía cómo aproximarme a un grupo y cómo debía reaccionar ante casi cualquier contingencia para conseguir un número de teléfono y la perspectiva de un nuevo encuentro.
Todas las noches, al volver a casa, repasaba los acontecimientos, buscando algo que pudiera hacer mejor. Si una aproximación había fallado, estudiaba la manera de mejorarla: ángulos de acercamiento, medios giros, tiempos muertos, límites de tiempo… Cuando no conseguía un número de teléfono no le echaba la culpa a la chica por ser fría o antipática, como hacían muchos otros en la Comunidad. Me culpaba a mí mismo y analizaba cada palabra, cada gesto, cada reacción; hasta que encontraba un error de táctica.
Una vez leí en un libro que se llama Introducción a la PNL que el fracaso no existe realmente como tal, sino que es algo que confundimos con la posibilidad de aprender una lección. Yo quería aprender la lección ahora para no equivocarme luego al llevarla a la práctica con Mystery. Pronto tendría que demostrar mi valía ante los alumnos de Mystery, igual que lo había hecho Sin ante mí. Un solo fracaso bastaría para desacreditarnos permanentemente a Mystery y a mí.
Además, tenía otro problema. Aunque pudiera conseguir el número de teléfono de cualquier mujer mediante una frase de entrada, unos negas y mi gran autoestima, no tenía ni idea de lo que debía hacer después. Nadie me lo había enseñado todavía.
Sí, es cierto que, técnicamente hablando, conocía los términos de la táctica del beso de Mystery: «¿Te gustaría besarme?». Pero, llegado el momento, era incapaz de decirlo. Después de pasar tanto tiempo creando lazos con una chica (ya fuera durante media hora en una discoteca o durante varias horas en un segundo encuentro), me aterrorizaba la idea de romper la buena comunicación y la confianza que tanto me había costado ganar. A no ser que ella me diera una señal inconfundible de que yo le atraía sexualmente, temía que, si la besaba, pensaría que yo era igual que todos los demás.
El típico pensamiento de un TTF. Lamentable. Tenía que deshacerme de ese chico bueno que habitaba en mi interior, empeñándose en estropearme los planes. Pero, desgraciadamente, no iba a tener tiempo de hacerlo antes de viajar a Belgrado.