Carta sobre problemas norteamericanos[463]
14 de noviembre de 1937
Querido camarada Cannon:
Recibí su carta del 10 de noviembre.
Si necesita escribirme una carta completamente personal, puede enviarla de la misma manera que la última. Esté seguro de que llegará directamente a mis manos.
En cuanto a la cuestión de un tercer camarada, dejo el asunto totalmente al Comité Nacional[464]. Las «ventajas» de Milton son que no es casado y sabe muy poco español[465]. No sé cómo van las cosas con el camarada Stone en estos aspectos. Por otro lado, las características que usted le da a éste son muy atractivas. Yo también creo que Milton, gracias a su actividad en España, es más importante por su trabajo político, en el próximo período, en los Estados Unidos. Personalmente, no conozco a ninguno de los dos. El Comité Nacional los conoce a ambos. Ustedes pueden juzgar mejor que yo. Ésta es la razón por la cual dejo totalmente el asunto a su decisión.
Si se decide por Stone, se presentaría algún inconveniente por el hecho de que yo me dirigí a Milton. Pero le escribí que la decisión está en manos del Comité Nacional y usted puede dar el argumento importantísimo de que el problema español en el próximo período, tiene un papel muy importante en sus actividades y que usted necesita a Milton en los Estados Unidos.
Su carta personal, la contestaré con la ayuda de Joe[466] y con su «solemne juramento» de no comunicar a nadie el contenido de mis cartas. Comprendo muy bien que cualquier indiscreción, aun sin la más mínima voluntad, puede ocasionar en algunos casos dificultades adicionales para el Comité Nacional. Naturalmente estoy listo para hacer todo cuanto esté a mi alcance para evitar estos incidentes. Por supuesto usted comprende desde su punto de vista, que la presencia o la ausencia de uno u otro camarada en nuestro hogar no puede tener la más ligera influencia en mi manera de ver los problema que nos interesan.
No puedo ocultarle cierto asombro, por el hecho de que una larga serie de cartas y mensajes dirigidos a usted, continúan sin respuesta. ¿Cuál es la razón? ¿Su recelo en cuanto a alguna indiscreción? Si lo es, confío en que este motivo desaparecerá ahora con el nuevo arreglo de nuestra correspondencia. Usted comprende que sería muy difícil dar mi opinión sobre un asunto que se me presentó inesperadamente. Yo debería mantenerme informado de todo lo que sucede en el partido.
Usted no contestó nuestras sugerencias en relación con la conferencia. Los preparativos para la conferencia latinoamericana continúan con gran vigor[467]. Las tesis más importantes están preparadas y en proceso de traducción. Le enviaremos las primeras la semana próxima. Estoy totalmente de acuerdo con Diego Rivera[468] en que Nueva York y California deberían prestar más atención a Latinoamérica de lo que lo han hecho hasta ahora. La clase trabajadora de Estados Unidos tiene la obligación debido a su situación, de desempeñar el papel de guía en los países semicoloniales latinoamericanos. Es muy importante que, de vez en cuando, se publiquen en el periódico artículos sobre Latinoamérica. Podrían traducirse al español con gran utilidad. Escribiré más ampliamente acerca de este importante problema en el futuro próximo.
Me entero a través de algunos camaradas, que el ambiente en sus filas es un poco «pesimista» y que solamente una minoría es realmente activa. Es posiblemente un fenómeno transitorio que corresponde al paso de una forma de actividad a otra. Pero también es posible que un buen número que camaradas que han estado con nosotros casi diez años, estén un poco cansados del desarrollo demasiado lento de la organización. He observado muchas veces un fenómeno análogo. En este caso es necesario renovar los cuerpos dirigentes del partido seleccionando sistemáticamente a elementos jóvenes para los cuadros del partido.
Estoy muy interesado en la posición de los camaradas en cuanto a la situación de la Unión Soviética. La reacción sentimental contra los crímenes indescriptibles de la burocracia soviética en España y el resto del mundo, y su papel contrarrevolucionario en el movimiento de la clase trabajadora internacional, deben influir inevitablemente en la apreciación psicológica y sociológica de la URSS. Creo que deberíamos permanecer firmes en cuanto a este problema, pero también pedagógicamente tolerantes respecto a las exageraciones inevitables en nuestras filas. Tenemos la posibilidad de esgrimir un garrote contra los oehleristas[469] y otra gente similar fuera del partido. Estoy dispuesto a escribir un artículo sobre este problema en el Socialist Appeal, si me envía el material necesario sobre oehleristas, anarquistas, etcétera.
Hansen [Trotsky]