La verdad de las «confesiones voluntarias[118]»
23 de enero de 1937
A partir del primer cable periodístico se puede inferir que el juicio en curso se basa nuevamente en las confesiones «voluntarias» de los acusados. ¿En qué momento de la historia universal se encuentra otro ejemplo de terroristas, traidores y espías que llevan a cabo su obra criminal a lo largo de varios años y luego se arrepienten? Sólo un tribunal de la Inquisición es capaz de obtener semejantes resultados. Los acusados que se niegan a arrepentirse son fusilados durante la indagación preliminar. Sólo las víctimas que tratan de salvar sus vidas al precio de la muerte moral terminal en el banquillo.
En esta ocasión parece que el principal testigo de cargo es Radek. Se dice que en 1935 yo le envié una carta recomendando la alianza con los japoneses y alemanes. Declaro:
1. Corté relaciones con Radek en 1928. Obra en mi poder una correspondencia que demuestra que la ruptura fue definitiva. Durante los últimos ocho años he escrito sobre Radek en tono de desprecio.
2. Radek es un periodista de talento, mas no un político. Ninguno de los dirigentes del partido lo tomó en serio jamás. En el congreso partidario de 1918 Lenin dijo en dos ocasiones: «Hoy, por casualidad. Radek expresó un pensamiento serio.»[119] Ésa era mi actitud hacia Radek, inclusive durante los años en que mantuvimos buenas relaciones personales. ¿Por qué habla de elegir a Radek como mi agente confidencial? ¿Por qué personas mucho más responsables y serias, como Zinoviev, Kamenev y Smirnov, jamás dijeron una sola palabra acerca de esta carta y de mis planes para desmembrar la URSS?
3. Se dice que Radek se comunicó conmigo por intermedio del corresponsal de Izvestia, Vladimir Romm. Es la primera vez que escucho este nombre. Jamás tuve la menor vinculación, directa o indirecta, con este personaje. El cable informa que Romm fue arrestado. Que le diga inmediatamente a la corte cuándo y dónde se reunió conmigo, o con mis representantes. Que describa el lugar, la situación y mi aspecto físico, o el de mis representantes. Que evite las torpezas del acusado Goltsman, quien declaró haberse reunido con mi hijo en Copenhague, donde mi hijo nunca estuvo, en el Hotel Bristol, derribado en 1917.
Sin embargo, estos «detalles» se vuelven secundarios frente a lo disparatado de la acusación. Nadie osará negar que mis actividades, mi obra literaria y mi extensa correspondencia de más de cuarenta años reflejan un pensamiento consecuentemente marxista. ¿Qué adulto, salvo que sea un imbécil, puede creer por un solo instante que soy capaz de formar una alianza con Hitler contra la URSS y los países del Danubio, o con el militarismo japonés contra China y la URSS? ¡El disparate es mayor que la canallada! Por eso se derrumbará. La prensa de la Comintern, vale decir, la prensa de la GPU, publicará montañas de calumnias. La prensa independiente y honesta me ayudará a mostrar la verdad. Mis argumentos, testigos, testimonios, documentos y, por último, mi vida entera, son armas mucho más poderosas que cualquiera de las de la GPU. Tengo la plena confianza en que el gobierno mexicano, que me ha brindado su generosa hospitalidad, no me impedirá llevar a cabo el desenmascaramiento de los enormes crímenes de Moscú.