Las «confesiones voluntarias» de los acusados[133]
26 de enero de 1937
Sigue la marea de confesiones. Mientras se denuncian recíprocamente y ayudan al fiscal, los acusados se confiesan culpables de crímenes odiosos. Los sicólogos baratos buscan la explicación de este fenómeno en las características del «espíritu ruso». Esto equivale a decir que los revolucionarios rusos, inclusive los terroristas, carecen de la valentía necesaria para defender sus convicciones ante un tribunal. Pero, en realidad, los «terroristas» que están en el banquillo no están allí por convicción, sino en cumplimiento de órdenes. La GPU les ha dicho: «Hitler necesita movilizar en contra nuestra a la burguesía del mundo entero mediante la consigna de la salvación del orden existente, contra la anarquía. Debemos demostrarle a la burguesía francesa, inglesa y norteamericana que, al mismo tiempo, Hitler no descarta la posibilidad de una alianza con Trotsky. Así podríamos impedir el aislamiento de la URSS. En cambio, Trotsky, con la campaña propagandística que realiza en el exterior, debilita a la URSS (estos señores identifican a la URSS con la camarilla de Stalin). Ustedes, viejos trotskistas, son los únicos que pueden ayudarnos a desacreditar a Trotsky».
Los que resisten son ejecutados sumariamente durante la indagación. No es de extrañar que los acusados aparezcan como celosos asistentes del fiscal. El acusado Boguslavski manifestó en el tribunal que sus confesiones son «absolutamente voluntarias»; recuérdese que los acusados hicieron la misma declaración en su primera confrontación con el fiscal. Estas desgraciadas víctimas creen que sólo la obediencia absoluta y el canto de alabanzas a los dirigentes salvarán sus vidas. Existen muchas razones para creer que han errado el cálculo.