Por un sentido de responsabilidad en la discusión partidaria[366]
18 de setiembre de 1937
Estimado camarada Glotzer:
Recibí su carta del 17 de setiembre y la copia de la carta a Cannon. Gracias por ambas. Me complace que los Despres hayan gozado de su estada en México. Ambos se granjearon nuestra sincera simpatía.
Su carta a Cannon subraya la importancia de la discusión próxima a iniciarse. Efectivamente, es evidente que la discusión se convertirá en un prólogo muy importante a la vida independiente del partido. Pero es de suma importancia comprender muy claramente de antemano el nuevo medio y las nuevas circunstancias en que se desenvolverá la discusión.
Supongo que más de la mitad del partido serán elementos nuevos. Coinciden con usted en cuanto a los principios, pero carecen de experiencia concreta en la aplicación de dichos principios. Tienen una educación organizativa absolutamente distinta de la suya. Por eso, las objeciones y argumentos que usted hace pueden adquirir, en las mentes de ellos, un significado absolutamente distinto. Veamos, por ejemplo, el problema de si era o no razonable hacer entrismo en el Partido Socialista. Para los «nativos» el problema ni siquiera existe. Vuestro entrismo en el PS los ayudó a encontrar el auténtico camino revolucionario, y los confundirá el mero hecho de que existan choques de opiniones al respecto entre sus nuevos dirigentes. Por consiguiente, no diré que no se puede plantear el problema en la discusión, pero es absolutamente necesario tener en cuenta el nuevo medio y guardar las proporciones necesarias.
Abordaré este problema, desde este punto de vista, un poco más adelante. Hace un par de meses recibí una carta del camarada Abern, donde él opinaba que, «de todas maneras», el entrismo fue un error y que la organización hubiera obtenido éxitos mayores si hubiera permanecido independiente escuché a otros camaradas expresar la misma opinión[367]. Considero que esta evaluación es absolutamente falsa. Si nuestra experiencia en Estados Unidos fuera la única, resultaría difícil comparar dos posibilidades mediante la especulación abstracta. Pero tenemos otros países. El partido holandés se opuso vigorosamente al «entrismo» norteamericano, permaneció independiente y así perdió militantes e influencia. Usted dirá que el partido holandés aplicó una política errónea. Coincido con este argumento. Pero tenemos las secciones francesa y belga. Salieron del Partido Socialista aproximadamente en la misma época en que ustedes entraron al PS. Durante vuestra permanencia bajo la tutela de Norman Thomas, etcétera, es decir, durante el periodo de los procesos de Moscú, la guerra civil española, el gobierno de Blum, etcétera, nuestras secciones francesa y belga eran partidos independientes. Ganaron influencia, pero muy modesta, no ganaron militantes, o ganaron muy pocos, a pesar de que hace un año eran numéricamente más fuertes que la sección norteamericana antes del entrismo de ésta en el PS. ¿Cuál es la razón? Los procesos de Moscú prepararon la decadencia de la Comintern, pero en lo inmediato les impusieron a nuestros simpatizantes y semisimpatizantes una actitud expectante.
En Estados Unidos fue distinto. Gracias a los estrechos vínculos personales en el mismo partido, los mejores «nativos» tuvieron la impresión personal de que las acusaciones no podían ser ciertas, y cayeron bajo la influencia de vuestras ideas políticas. Es por esa razón que la sección norteamericana es la única que logró avances importantes durante el año anterior. Estoy seguro de que el año próximo abrirá un camino más amplio a todas nuestras secciones, salvo, posiblemente, a la de la URSS: la sección rusa entrará en escena más adelante.
¿Me permite una sugerencia con respecto a Oehler? En vista de su actitud general (políticamente muy estúpida) es evidente que su pedido de reingreso no sería sino una mala imitación (en tamaño reducido) de vuestra política hacia el PS. Si el partido independiente estuviera integrado exclusivamente por viejos bolcheviques-leninistas, la experiencia perjudicaría a los oehleristas, no a ustedes. Pero los mil militantes nuevos, que indudablemente son presa de vacilaciones y oposición, podrían caer bajo la influencia de ellos. Por otra parte, sería imprudente rechazar su pedido de reingreso sin más. ¿No sería posible establecer contacto organizativo con los oehleristas y con otros grupos análogos, si éstos lo desean, bajo la forma de una comisión que se reúna más o menos una vez por semana y analice los distintos problemas políticos del momento, mientras se discute a través de la prensa en tono fraternal? Si procedemos así, tendremos la posibilidad de demostrarles gradualmente a los militantes nuevos cuál es el verdadero carácter de los oehleristas, e inclusive provocar diferencias en su seno. La comisión de contacto debería considerarse como un organismo de preparación de la fusión.
Coincido plenamente con la sugerencia que usted formula en la carta al camarada Cannon, acerca de que «la parte más importante» de la discusión debe referirse a los problemas de la actividad del partido independiente y a su programa inicial. Pero también esta discusión inevitable y creadora debe ser dirigida de acuerdo con el nuevo medio partidario. La «vieja guardia» debe empeñar todos sus esfuerzos —naturalmente, sin ceder en el terreno de los principios— para presentarle al partido proyectos unánimes o, por lo menos, para reducir las diferencias a enmiendas concretas a un texto común; no debe presentar proyectos antagónicos y obligar al partido a elegir entre ellos. Naturalmente, en la medida que puedo juzgar, estas sugerencias presuponen que en este momento no existen diferencias irreconciliables en el seno del partido, ni menos aun en la dirección.
Si más arriba me detuve en el problema de los oehleristas, no es con respecto a su importancia propia —no, nuestra arena es decididamente otra—, sino en referencia al régimen interno de nuestro partido. En este sentido, el periodo próximo revestirá gran importancia. Debemos dar un ejemplo de auténtica democracia partidaria. Pero democracia no significa negligencia e indiferencia. En este periodo, todo estallido de un choque agudo en la «vieja guardia» perjudicaría inevitablemente a la democracia partidaria y al partido en sí. Naturalmente, no se trata de prohibir la discusión, ni de imponer la «ley de la mordaza» en nuestro partido. Sólo se trata de recordar que la discusión debe ser controlada por el sentido de la responsabilidad.
Dado que esta carta trata sobre cuestiones de carácter general, envío copias de la misma a los camaradas Cannon y Abern. No la envío al Comité Central únicamente porque eso sería demasiado «pretensioso»: me encuentro demasiado aislado de la organización como para poder formular propuestas «oficiales».
Reciban la camarada Reva y usted los mejores y más cálidos saludos de Natalia y míos.
Suyo.
R. Ruskin [Trotsky]