Es hora de lanzar una ofensiva mundial contra el stalinismo[424]
Una carta abierta a todas las organizaciones obreras
2 de noviembre de 1937
Una enfermedad terrible consume al movimiento socialista mundial. La fuente de contagio es la Comintern o para expresarlo de una manera más correcta la GPU, a quien el instrumento de la Comintern sirve solamente como pretexto legal[425]. Los eventos de los últimos meses en España han demostrado de qué crímenes son capaces la burocracia desenfrenada y completamente degenerada de Moscú y sus mercenarios descastados de la hez internacional. No es un caso de crímenes o fraudes «incidentales». Es un caso de conspiración contra el movimiento obrero del mundo.
Por supuesto los Juicios de Moscú[426] sólo son posibles bajo un régimen totalitario donde la GPU impone igualmente la conducta de los acusados, del fiscal y de la defensa. Pero estos fraudes judiciales fueron concebidos desde el principio como punto de partida para una ofensiva aplastante contra los oponentes a la camarilla de Moscú en la arena mundial. El 3 de Marzo Stalin pronunció un discurso ante el Comité Central del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) en el cual declaró que, «la Cuarta internacional se compone de espías y provocadores». Esta declaración desvergonzada y verdaderamente stalinista indicaba ya claramente lo que pretendía el Caín del Kremlin. Sin embargo sus propósitos no se limitaban a la estructura de la Cuarta Internacional. En España el POUM[427], que estaba en conflicto irreconciliable con la Cuarta Internacional, fue enrolado entre los «trotskistas». Después del POUM le llegó el turno a los anarco-sindicalistas y hasta a los socialistas de izquierda. Y ahora todos aquellos que protestan contra la represión de los anarquistas, están siendo considerados como trotskistas. Los fraudes y crímenes están aumentando a una velocidad espantosa. Por supuesto, detalles aislados y especialmente escandalosos pueden ser explicados por el celo excesivo de agentes individuales. Pero la actividad como un todo está rígidamente centralizada y está siendo dirigida de acuerdo con un plan elaborado por el Kremlin.
El 21 de abril se reunió en París un plénum de emergencia del CEIC (Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista), en el cual participaron los acreditados representantes de diecisiete de las más importantes secciones. Las reuniones fueron de carácter estrictamente secreto. La prensa mundial publicó solamente un breve mensaje mencionando que las deliberaciones del plénum estaban dedicadas a una lucha internacional contra el trotskismo. Las instrucciones vinieron de Moscú, directamente de Stalin. Ni las discusiones ni las conclusiones han sido publicadas. Como se evidencia de la información que tenemos disponible, y de todos los eventos subsiguientes, este plénum misterioso fue en realidad una conferencia de los agentes internacionales más importantes de la GPU con el propósito de preparar una campaña de acusaciones fraudulentas, denuncias, secuestros y asesinatos contra los adversarios del stalinismo en el movimiento obrero mundial.
En la época del juicio Zinoviev-Kamenev[428] (agosto de 1936) había aún cierta vacilación en los miembros de la Comintern. A pesar de los esfuerzos de honorables mercenarios de la GPU como Jacques Duclos en Francia[429], hasta los endurecidos núcleos de la Comintern estaban poco dispuestos a postrarse en el lado empapado en sangre fresca. Pero en unos pocos meses, la resistencia de los irresolutos se vino abajo. Toda la prensa de la Comintern, la cual Stalin mantiene en un bozal de oro, fue conducida a una orgía de calumnia de una vileza y crueldad sin precedentes. El papel directivo fue asignado, como siempre lo es, a los emisarios de Moscú como Mijhail Koltsov, Wlli Muenzenberg y otros pícaros[430]. Pravda prometió confidencialmente que la purga en España sería dirigida con la misma crueldad que en la Unión Soviética. A las palabras siguieron los hechos: documentos fraudulentos contra el POUM, asesinatos de escritores anarquistas, el homicidio de Andrés Nin, los secuestros de Erwin Wolf y Mark Rain[431], docenas de apuñaliamientos por la espalda menos prominentes o crímenes en emboscadas, encarcelaciones en las prisiones extraterritoriales de Stalin en España, encierro en estas cárceles en celdas especiales, palizas y la aplicación de toda clase de torturas físicas y morales; todo esto bajo el pretexto de la calumnia, continua, cruda, venenosa y realmente stalinista.
En España, donde el llamado gobierno republicano, sirve como escudo legal a las bandas criminales de Stalin, la GPU encontró el campo más favorable para realizar las instrucciones del plénum de abril. Pero los hechos no estaban limitados solamente a España. A los mandos militares francés y británico, como aparece en la prensa de la Comintern, les fueron suministrados ciertos documentos misteriosos pertenecientes a «la reunión de Trotsky con Rudolf Hess»[432]. A los militares checos se les dió correspondencia falsificada con el fin de establecer una conexión entre la Gestapo y un viejo revolucionario alemán, Anton Grylewicz[433]. Jacques Duclos trató de asociar los trotskistas, con misteriosos actos terroristas en París, con respecto a los cuales la GPU, pudo sin duda, proporcionar información a la policía francesa. El 4 de setiembre, en Lausana, Ignace Reiss fue asesinado por el solo hecho de que, horrorizado por los crímenes de Stalin, había roto públicamente con Moscú[434].
Algunos de los asesinos rusos han sido detenidos. Son miembros de la Comintern y agentes de la GPU reclutados entre rusos de la Guardia Blanca[435]. La investigación de las autoridades judiciales francesas y suizas da toda clase de motivos para asumir que esta misma banda había cometido una serie de crímenes hasta ahora no revelados. La Guardia Blanca le provee a Stalin de asesinos que le sirven como fiscales (Vishinski), publicistas (M. Koltsov, Zaslavski, etcétera), o diplomáticos (Troianovski, Maiski y el resto de la fraternidad)[436].
Tan pronto como las actividades militares comenzaron en el Lejano Oriente, Stalin lanzó una ofensiva aplastante contra sus oponentes revolucionarios en China[437]. El método es idéntico al aplicado en España. Stalin vende a Chiang Kai-shek[438], como a Negrín, productos de la industria soviética a altos precios, y con las entradas obtenidas así, paga a sus falsificadores, periodistas tramposos y asesinos asalariados. El 5 de Octubre, una información telegráfica de Shanghai apareció en el Daily Worker de Nueva York, acusando los «trotskistas» de Kwangsi de aliarse con el estado mayor japonés. El Daily Worker es un órgano de la GPU, publicado en Nueva York; su corresponsal en Shanghai es un agente de la GPU quien cumple las decisiones del plénum de abril. Fuentes chinas informadas aseguraron entre tanto que no hubo, ni hay, organización trotskista en Krangsi (Socialist Appeal, octubre 16). Pero esto no altera la situación: el telegrama de Shanghai significa que en China se ha abierto el capítulo de documentos fraudulentos, secuestros de «trotskistas» y crímenes emboscados. Las prisiones de Chiang Kai-shek retienen ya no pocos revolucionarios intachables. Sus vidas están directamente amenazadas por Stalin.
El comunista canadiense Henry Beatty, quien participó como voluntario por cuatro meses en el frente español y quien fue enviado de regreso a su país como agitador por los mismos milicianos, ha narrado recientemente a la prensa, como el partido stalinista canadiense lo obligó a decir, en reuniones públicas, que los «trotskistas» en España «dispararon contra milicianos heridos». Por un tiempo, Beatty, de acuerdo a su propia declaración, cumplió esta orden monstruosa, «sometiéndose a la disciplina del partido», es decir, a la misma decisión del plénum secreto, dirigido por Stalin. Hoy, que Beatty escapó de la atmósfera envenenada de la Comintern al aire libre, está marcado, por supuesto, como espía y provocador, y hasta es posible que su cabeza tenga un precio. Cuando se trata de estos arreglos Stalin no es tacaño: ¡solamente los gastos técnicos por el asesinato de Ignace Reiss sumaron 300 000 francos!
Para encubrir o justificar estos crímenes, docenas de periodistas extranjeros burgueses de la escuela de Walter Duranty-Louis Fischer[439] pertenecen a la nómina de pagos de la GPU. Por mucho tiempo ha sido claro para quienes fueron capaces de leer entre líneas que los mensajes amigables, críticos y equívocos enviados desde Moscú, y con firmas «independientes», seguidos a menudo de la nota «no censurado», son escritos en realidad bajo el dictado de la GPU y tienen como fin reconciliar la opinión pública, con la figura siniestra del Caín del Kremlin. Periodistas «independientes» de esta índole, difieren de los señores Duranty, solamente en el hecho de que se cotizan a un precio más alto.
Pero los reporteros no son los únicos movilizados. Escritores con la reputación de Romain Rolland, el difunto Barbusse, Malraux, Heinrich Mann o Feucht-wanger[440], son en realidad pensionistas de la GPU, la cual paga generosamente los servicios «morales» de estos amigos, a través de la Editorial del Estado. Existe una situación en cierta forma distinta pero no mejor, con respecto a los dirigentes laboristas y de la Internacional Socialista. Por consideraciones de carácter político interno o diplomático, León Blum, León Jouhaux, Vandervelde[441], y sus compañeros de otros países, han organizado en el sentido exacto de la palabra, una conspiración de silencio alrededor de los crímenes de la burocracia stalinista en la Unión Soviética y en el resto del mundo. Negrín y Prieto[442], son cómplices directos de la GPU. ¡Hacen todo esto bajo el pretexto de defender la «democracia»!
Sabemos que el enemigo es poderoso y de largo alcance; el oro suena en sus bolsillos. Se protege con la autoridad de la revolución, a la cual estrangula y deshonra. Pero sabemos algo más: por más poderoso que sea el enemigo, no es omnipotente. A pesar del tesoro del Kremlin y de su legión de «amigos», la verdad empieza a abrirse paso en la conciencia de las masas obreras del mundo. Ebrio de impunidad Stalin ha traspasado groseramente ese límite que la cautela impone hasta al más privilegiado criminal. Es posible engañar con tal desvergüenza, solamente a aquellos que quieren ser engañados. No pocas de estas dudosas luminarias pertenecen a esta categoría. Pero las masas no quieren ser engañadas. Necesitan la verdad. Luchan por ella y la obtendrán.
Sin que ningún principio lo detenga, Stalin ha traspasado el límite final. En esto precisamente ésta su debilidad. El todavía puede matar; pero no puede detener la verdad. Más y más trabajadores comunistas, socialistas y anarquistas están sobrecogidos de alarma. Hasta los aliados de Stalin en la Segunda Internacional empiezan a lanzar miradas temerosas al Kremlin. Muchos «amigos» literarios se han puesto cautelosamente al margen, bajo pretexto de «neutralidad». Pero esto es solamente el comienzo.
Ignace Reiss no fue el último en traernos sus revelaciones. Los asesinos de Reiss, detenidos en Suiza y Francia pueden descubrir muchas cosas. Miles de voluntarios revolucionarios en España difundirán la verdad acerca del verdugo de la revolución por todo el mundo. Los trabajadores que piensan se preguntan: «¿Con qué fin es todo esto? ¿Qué propósito sirve esta cadena interminable de crímenes?». Y la respuesta repercute en sus mentes: Stalin está preparando su «coronación» sobre las ruinas de la revolución y los cadáveres de los revolucionarios. La coronación bonapartista de Stalin debe coincidir con su muerte política para el movimiento de la clase obrera. Es necesario reunir los esfuerzos de todos los revolucionarios, todos los trabajadores honrados, todos los amigos verdaderos del proletariado, para eliminar el horrible contagio del stalinismo de las filas del movimiento emancipatorio. Solamente hay una manera de obtener esto: descubrir la verdad a los trabajadores, sin exageraciones pero también sin adornos. Así el programa de acción surgirá casi automáticamente de la situación misma.
Debemos establecer definitivamente y publicar los nombres de todos los delegados nacionales que participaron en el plénum de París, como los hombres directamente responsables de la organización de fraudes, secuestros y crímenes en sus países respectivos.
Es preciso establecer definitivamente y publicar los nombres de todos los stalinistas extranjeros que tuvieron o tienen cualquier cargo militar, policial o administrativo en España. Todos estos individuos son agentes de la GPU, implicados en los crímenes cometidos en ese país.
Tenemos que seguir cuidadosamente la prensa stalinista internacional, lo mismo que la actividad «literaria» de los amigos reconocidos y secretos de la GPU, puesto que por el carácter de los vapores que emiten, es posible a menudo predecir qué nuevos crímenes prepara Stalin.
Es necesario instituir en todas las organizaciones obreras un régimen de desconfianza rígida hacia toda persona conectada directa o indirectamente con la camarilla stalinista. Se debe esperar cualquier clase de perfidia de los agentes de la Comintern, que son instrumentos serviles de la GPU.
Debemos reunir incansablemente material impreso, documentos, declaraciones de testigos que tengan que ver con el trabajo criminal de los agentes de la Comintern y de la GPU. Publicar periódicamente en la prensa, conclusiones rigurosamente substanciadas extraídas de estos materiales.
Es preciso abrir los ojos de la opinión pública al hecho de que la propaganda melosa y falsa de mucho filósofos, moralistas, estetas, artistas, pacifistas, y «dirigentes» laborales, en defensa del Kremlin, bajo el pretexto de «defensa de la Unión Soviética», es pagada generosamente con el oro de Moscú. Debemos cubrir estos caballeros con la infamia que han ganado tan copiosamente.
El movimiento obrero nunca tuvo antes en sus propias filas un enemigo tan lleno de vicios, inescrupuloso, peligroso y potente, como la camarilla de Stalin y sus agentes internacionales. La negligencia en la lucha contra este enemigo equivale a la traición. Sólo los charlatanes y diletantes, pero no los revolucionarios serios, pueden limitarse a estallidos patéticos de indignación. Es necesario tener un plan y una organización. Urge crear comisiones especiales, las cuales seguirán las maniobras, intrigas y crímenes de los stalinistas, advertirán a las organizaciones obreras de los peligros acumulados y elaborarán los mejores métodos de rechazar y resistir a los bandidos de Moscú.
Tenemos que publicar literatura apropiada y recoger fondos para su publicación. En cada país debería ser publicado un libro revelando completamente la sección respectiva de la Comintern.
No poseemos ni un aparato estatal, ni amigos asalariados. Sin embargo desafiamos confiadamente las bandas stalinistas ante toda la humanidad. Nuestras manos no permanecerán ociosas. Algunos de nosotros pueden caer todavía en esta lucha; pero su resultado general está predeterminado. El stalinismo será derribado, aplastado y cubierto para siempre de infamia. La clase trabajadora del mundo marchará sobre un camino despejado.