Respuestas a preguntas[384]

1.º de octubre de 1937

1. ¿Quién puede desafiar a Japón: Gran Bretaña, Estados Unidos, la Unión Soviética? Pero Gran Bretaña no está lista, y le preocupa muchísimo la situación europea. Evita tomar medidas decisivas en Europa debido a la situación en el Lejano Oriente y evita tomar medidas decisivas en el Lejano Oriente debido a la situación en Europa. Todo su imperio está totalmente debilitado por esta contradicción interna de la situación. Es absolutamente seguro que si Japón obtiene la victoria, todos los países europeos serán arrojados de China. Es por eso que Gran Bretaña no puede mantener una política de acuerdos permanentes con Japón.

¿Acuerdo con Estados Unidos contra Japón? Pero eso significa guerra. Debo reconocer que Estados Unidos es un país muy poderoso, pero es muy débil frente a Japón porque no posee bases en el continente asiático. La única posibilidad de lanzar una guerra contra Japón sería mediante una alianza militar con la Unión Soviética. Ése es un problema del futuro. La flota del océano pacífico es sólo una preparación para el futuro conflicto. Hoy Washington no puede desafiar a Japón.

La Unión Soviética depende de la situación europea más que ningún otro país. Si Francia concierta un acuerdo militar con la Unión Soviética contra Japón y obtiene el apoyo de Gran Bretaña, sólo en ese caso la Unión Soviética podría permitirse desafiar a Japón. Entonces se plantearía el problema de la situación interna. Y ahora está la nueva orientación de la política británica hacia el acuerdo con Italia y, por intermedio de Italia, con Alemania, hacia la dominación por las cuatro potencias europeas, excluyendo a la Unión Soviética. El peligro militar de Alemania y Polonia con el apoyo de Italia es muy grande y no creo que en esta situación la Unión Soviética se atreva a desafiar a Japón. Por el contrario, creo que Japón inició el nuevo conflicto en China con el consentimiento tácito de la Unión Soviética. O sea que la Unión Soviética dijo: «Si nos dejan en paz, pueden hacer lo que gusten en China». Creo que Moscú está satisfecho con la situación porque significa paralizar las fuerzas militares de Japón con respecto a la Unión Soviética. Esto no es matemático, es un coeficiente de elementos hipotéticos.

La intervención militar directa por parte de Estados Unidos o de las potencias europeas es muy improbable, si no está totalmente excluida. Por tanto, el proceso en el Lejano Oriente dependerá de las fuerzas militares de Japón y China y de la situación interna. Debemos considerar este proceso en una perspectiva a largo plazo. Está absolutamente excluido que Japón pueda, además de conquistar a China, dominarla. Inclusive las conquistas de Corea y Manchuria debilitaron a Japón desde el punto de vista militar. La Manchuria de hoy no es la Manchuria de principios de siglo, con una población de apenas siete millones. Ahora tiene treinta millones y un campesinado acostumbrado a las guerras de guerrillas. En cualquier momento los puede armar el enemigo, Rusia o China. La propia China es un país con una población de 450 millones, una población muy densa. Japón no tiene allí lugar para emigrar. Vemos que ahora Gran Bretaña tiene algunas dificultades en la India. En la decadencia del capitalismo las conquistas grandiosas, como la de China, resultan imposibles. Fue posible conquistar Etiopía, pero no China. Cuando Inglaterra está al borde de perder la India, Japón, que no es Gran Bretaña, no puede conquistar la China.

También es necesario tener en cuenta la situación interna del Japón, un país preñado de revolución social. Los diplomáticos del mundo, que no están armados con el marxismo, no saben hasta qué grado se está acercando Japón a la explosión interna. Veamos la situación agraria: la mitad de la población está compuesta por campesinos, y cada uno de éstos posee una parcela promedio de menos de media hectárea. El soldado —que es el mismo campesino y obrero— y la casta militar tienen actitudes diferentes. Luego están los viejos militaristas tradicionales y los nuevos elementos pequeñoburgueses que son fascistas militarizados y desean implantar un régimen «anticapitalista», antisocialista, y son partidarios de conquistar todo el planeta. Todas estas contradicciones deben explotar. La explosión en el Lejano Oriente conducirá a una gran explosión en Japón y la resistencia china será más eficaz. Es por eso que podemos tener la seguridad de que Moscú, a la vez que impulsa a Japón contra China, ayuda a China a resistir a Japón. Hasta hoy China ha demostrado una capacidad de resistencia notable, pero desde el punto de vista militar los japoneses son, naturalmente, más fuertes.

¿Logrará Japón sus objetivos inmediatos? Depende de si Japón se limita a sí mismo. Si sólo desea obligar a China a reconocer la conquista de Manchuria y la dominación de las cinco provincias del norte por agentes militares japoneses, posiblemente lo logrará. También es posible que Gran Bretaña aconseje a China que ceda para ganar un respiro. Puede decirse que políticamente Nanking es, en un cincuenta y uno por ciento, una herramienta en manos de Londres; aunque a éste le agrada la resistencia china, teme que Japón pueda quebrar esa resistencia y por eso aconseja a China que ceda. En este sentido, puede haber un armisticio. Los dos partidos que existen en Japón existen también en la casta militar dominante, y el programa de uno de ellos, el de la oficialidad joven, es avanzar hasta el limite. En épocas de paz, el presupuesto militar de Japón es el cincuenta por ciento del presupuesto total. Ésa es una de las razones del conflicto intestino.

Si tomamos como índice de producción industrial el del año 1929, el último año de prosperidad, y le damos el valor 100, Japón muestra un aumento colosal, de 100 en 1929 a 151 en 1936. En los primeros meses de 1937 es 157, un 57% más que en 1929. Esto se debe casi exclusivamente a las empresas militares. Comparemos el aumento del presupuesto militar con la pésima situación de las masas trabajadoras, sobre todo el campesinado. Si tomamos nuevamente el año 1929 y le damos el valor 100, vemos que para Estados Unidos en 1936 es 88 y ahora es 95-97-99 Al mismo tiempo, el de Alemania es 105-118, también debido a la industria militar, el presupuesto militar, el rearme. No conozco las cifras de Italia porque Mussolini no nos dice nada, es secreto de estado: las estadísticas terminan en 1935. El índice de 1936 en Francia era de 70 y ahora —principio y al mismo tiempo fin de la «prosperidad»— es de 73-75.

Sólo Gran Bretaña muestra un crecimiento indudable, pero no se puede comparar con el de Japón. Nuevamente, si damos a 1929 el valor 100, el índice británico para 1936 es 116 y para 1937, 120-123. Esto se debe a la implantación del proteccionismo, el abandono del libre comercio. Pero no es más que un crecimiento temporario, porque las industrias protegidas se desarrollaran hasta cubrir las necesidades del mercado, y parece que ya se ha llegado a ese punto. Si lo comparamos con la Unión Soviética y nuevamente le damos a 1929 el valor 100, el índice de 1930 es casi 200, el de 1935 casi 300 y el de este año es aproximadamente 400, quizá más. No confío mucho en estas estadísticas y es posible que si corregimos estas cifras con base en la realidad —precios, productividad, etcétera— llegaremos a la conclusión de que las cifras han sido duplicadas mediante maniobras estadísticas; de todas maneras, el crecimiento es incomparablemente mayor inclusive que el de Japón. Sería interesante ver las cifras francesas. Si damos al índice de producción de 1929 el valor 100 (es aproximadamente igual al de 1913, el año anterior a la guerra) vemos que para 1923 era de 140 (era la época de las indemnizaciones alemanas; las sumas eran muy grandes). Tampoco debemos olvidar que Francia conquistó provincias muy ricas durante la guerra. En 1924 el índice era de 124, mientras que en 1936 se redujo a la cifra de 1908. A pesar de las indemnizaciones alemanas y de las dos ricas provincias industriales, el nivel industrial de Francia es más bajo ahora que antes de la guerra. Este año podría alcanzar el nivel de preguerra. El hecho de que esta gran potencia capitalista victoriosa no pueda alcanzar el nivel de producción de preguerra, demuestra que la decadencia del capitalismo no es una mera frase.

A la Unión Soviética le interesa sobremanera provocar un conflicto entre China y Japón y, para lograrlo, debe ayudar tanto a China como a Japón. Desde luego que Japón no necesita la «invitación» de la Unión Soviética. También se debe tener en cuenta que la diplomacia de Tokio no da el menor crédito a las palabras de Moscú y que Moscú no da el menor crédito a las palabras de Tokio. Pero Japón tanteó el terreno apropiándose del archipiélago de Amur inclusive antes de invadir China. Moscú protestó, pero capituló completamente. Con ello Japón tuvo la seguridad de que Moscú no está dispuesto, o no está preparado, para un conflicto militar. Litvinov amenazó a Japón, pero si analizamos su discurso vemos que Moscú declaró que no haría nada para oponerse a Japón. La fraseología rimbombante estaba destinada a los periódicos de Moscú, era una concesión a los sentimientos patrióticos de los obreros soviéticos. En realidad, lo que dijo fue: «Si ustedes se limitan a estos pequeños robos y nada más, seremos tolerantes; si ustedes dirigen sus fuerzas contra China, naturalmente nos quedaremos tranquilos».

De esa manera le aseguró a Japón que no formaría una alianza militar con China para oponerse a ellos. Japón también previó que Rusia ayudaría a China de manera encubierta, enviando aviones o pertrechos bélicos… pero no un ejército. Japón estudió la situación en su conjunto y llegó a la conclusión de que le resultaba posible invadir China. Resulta divertido comprobar que, en política, los dos adversarios especulan con el mismo hecho: Japón cree que, con una perspectiva a largo plazo, se fortalecerá en China y dentro de tres a cinco años se opondrá a la intervención rusa en China mediante la fuerza militar. Rusia, por su parte, cree que la intervención japonesa en China le ha dado un respiro.

No sé si ustedes saben que aquí tuvimos una gran discusión acerca de la cuestión china. Eiffel me atacó porque en una entrevista acerca de la guerra chino-japonesa yo hablé de la necesidad de que los revolucionarios, sin abandonar su independencia política, participaran en la lucha contra Japón[385]. Eiffel se opuso a esta concepción. Dijo: «Debemos ser derrotistas en China». Decir que en China, que es un país semicolonial, podemos ser derrotistas, es una estupidez política total, inclusive una traición.

Es como decir que no podemos participar en una huelga contra Ford porque la dirige Green[386]. ¿Podemos depositar plena confianza en Green? No, pero debemos participar en la huelga, debemos ser los mejores huelguistas. Por supuesto que debemos preparar el derrocamiento de Chiang Kai-shek[387]. Si ustedes pueden, remplácenlo. Pero si no pueden remplazarlo, deben participar en la lucha contra Japón y, a la vez, combatir políticamente a Chiang Kai-shek. En Japón atacamos a los militaristas japoneses por hacer la guerra, pero en China atacamos a Chiang no por hacer la guerra, sino por hacer la guerra flemáticamente, por no empeñar los medios necesarios para confiscar los bancos, industrias, ferrocarriles, etcétera, japoneses. Si no, parecería que atacamos a Green por iniciar la huelga, no por no impulsar la huelga con la suficiente combatividad. Para nosotros, lo importante es la movilización de las masas revolucionarias bajo nuestra bandera, porque son el único factor histórico que puede garantizar la victoria. Pero nos colocamos plenamente sobre la base de la guerra y participamos activamente en ella.

2. Podemos partir de la afirmación de que, en todo caso, el futuro conflicto militar no se producirá entre las naciones «democráticas» y las fascistas. En la actualidad podría parecer que no es así: de un lado tenemos a Italia, Alemania, Japón y Polonia. (Es absolutamente erróneo decir que Japón es fascista, pero, por el momento, podemos aceptar esta caracterización vulgar que hace Moscú). En el otro bando están Inglaterra, Francia, la Unión Soviética. No sé si este último es un país «democrático», pero podemos aceptar esta caracterización en aras de la simplificación. Estados Unidos colabora con esta combinación.

Pero todo esto no es más que una ilusión óptica. Los países fascistas son los países capitalistas que tenían las contradicciones más agudas. Italia, Alemania y Japón se caracterizan por la carencia de materias primas y de colonias. En el otro bando tenemos países saturados de colonias o de recursos naturales, países como la Unión Soviética y Estados Unidos. Históricamente, resulta claro por qué Italia y no Gran Bretaña fue el primer estado fascista. Alemania, Italia y Japón buscan nuevas posesiones. Quieren destruir el statu quo, mientras que Inglaterra y Francia defienden el pillaje legalizado. Sin embargo, Inglaterra y Francia sólo defienden el statu quo en tiempos de paz. No bien estalle la guerra, Gran Bretaña y Francia buscarán un reparto más ventajoso. Dependerá de la relación de fuerzas, no de la forma «democrática». Para Italia, la única pregunta importante es: ¿Triunfará con Inglaterra contra Alemania, o con Alemania contra Inglaterra?

En este momento resulta difícil prever cómo será la alineación de las potencias en la próxima guerra. Ya no estamos en los «buenos tiempos de antaño», con la alianza germano-austrohúngaro-italiana y la Entente de Francia con la Rusia zarista que contaba con la solidaridad enigmática de Gran Bretaña. Antes del estallido de la guerra, todos sabían que seria una guerra entre estos dos bandos y que el resto tendría que elegir uno de los dos ejes. El propio Estados Unidos se vio obligado a escoger un eje, a pesar de su «neutralidad indiferente». Así y todo, Italia cambió de bando. Ahora ninguno de los diplomáticos sabe cómo será la alineación: no es una paradoja, es la realidad.

¿Una alianza entre Hitler y Mussolini? No tienen nada que brindarse el uno al otro. Si estalla la guerra entre Alemania y Francia, Italia no puede acompañar a Alemania: es una pequeña bota, totalmente expuesta a la fuerza aérea y a la marina. ¿Qué ayuda le puede brindar Alemania? Entonces, ¿por qué son aliados? Es una engañifa, una engañifa destinada a Gran Bretaña. El plan original de Hitler, el viejo plan, es ganar la amistad de Gran Bretaña contra Francia. Pero Gran Bretaña no acompañará a Hitler contra Francia. Actuará de árbitro. Gran Bretaña es una pequeña isla, tan expuesta a la fuerza aérea como Italia. De ahí su colosal programa rearmamentista. Hitler le dice a Gran Bretaña: «Ustedes están expuestos a mi fuerza aérea; son enemigos de Italia en Africa. Podemos reconciliarnos si ustedes marchan contra Francia y la Unión Soviética». Si Hitler no tiene éxito, Gran Bretaña, con sus intereses contradictorios en el Lejano Oriente y en el Mediterráneo podría volverle la espalda a Alemania y la cara a Stalin. Existe la posibilidad de que la situación interna de la Unión Soviética por un lado y la falta de disposición de Francia para formar una alianza militar con la Unión Soviética por el otro, empuje a Stalin a una alianza con Hitler. Es una posibilidad y hoy, en este momento, nadie puede prever cómo será la verdadera alineación de las potencias. Eso refleja las terribles contradicciones de esta época imperialista.

Es posible que la guerra en el Lejano Oriente sea el verdadero inicio de la guerra mundial. Estados Unidos sólo puede intervenir en alianza con la Unión Soviética. La guerra comenzará y arrastrará a nuevas potencias. Es probable que Estados Unidos y Gran Bretaña se encuentren en distintos bandos. Pero también es posible que Estados Unidos y Gran Bretaña se encuentren en el mismo bando militar y también es posible que Estados Unidos derrote totalmente a Gran Bretaña. Es lo que sucedió en cierta medida en la guerra anterior. Estados Unidos estaba en la Entente, sin embargo Italia salió derrotada, Francia y Gran Bretaña también salieron derrotadas en cierta medida y sólo Estados Unidos salió vencedor. La nueva guerra culminará con la desintegración total del Imperio Británico. Así sucederá en la próxima guerra, así como en la guerra anterior se desintegró el Imperio Austrohúngaro. Estados Unidos pasará a dominar a un mundo en ruinas, a menos que intervenga otro factor: el proletariado.

3. Desde el punto de vista económico es perfectamente posible que el mercado ruso sea conquistado por los países capitalistas. La productividad en Rusia es menor que en Estados Unidos y los precios de las mercancías son más elevados que en los países capitalistas adelantados. Por eso el capitalismo puede conquistar su mercado. Podría abolir la llamada economía socialista mediante métodos económicos pacíficos, introduciendo mercancías baratas. Pero el problema no es sólo económico, sino también político y militar. No se puede organizar la invasión de mercadería capitalista en el mercado soviético sin una guerra, por eso el problema es político.

Si la nueva guerra culmina con la victoria de los países capitalistas, vale decir, sin revolución proletaria, entonces la conquista del mercado ruso no sólo es posible, sino también inevitable. Entonces, no sólo se desintegrará el Imperio Británico como imperio, sino que la Unión Soviética perecería como sistema social. Como país atrasado, capitulará ante la invasión de los países capitalistas, más adelantados y más fuertes. Leí en Le Temps un articulo titulado «Realidades», donde dice: «¿Queréis la guerra? No comprendéis que será una guerra sin vencedores ni vencidos, será un preludio a la revolución social». Y en todos los discursos de Hitler escuchamos: «¿Creéis que estoy loco? No quiero guerra, porque la guerra sólo beneficiará a los bolcheviques. Comprendemos muy bien que la próxima guerra producirá revoluciones más poderosas que la guerra anterior».

4. La caída de los negocios en Estados Unidos no es muy importante, pero la baja de la bolsa de valores es mucho más importante como síntoma. Se produjeron dos o tres caídas terribles en la bolsa, y esto significa que la gente que dirige los negocios mundiales prevé los síntomas de una gran crisis. Los virajes en los negocios y las crisis no son antípodas. Después de esta conmoción el gráfico de los negocios puede ascender, pero no puede ser una línea firme, sólo puede ser una línea vacilante, y luego una nueva crisis tremenda, más terrible que la crisis de 1929. Todo esto guarda relación con los programas armamentistas. En Estados Unidos Roosevelt tiene la posibilidad de tratar de emplear los métodos del New Deal para emplear el programa armamentista con propósitos coyunturales.

En Europa la «prosperidad» está completamente atada al programa armamentista. Después de la gran caída en Nueva York hace dos o tres semanas, la prensa de Londres dijo, en relación con la reacción de los negocios en Estados Unidos: «No podemos comprenderlo; ¿por qué están tan nerviosos?». Diez días después se produjo una caída en Londres. Esto demuestra que la caída no es casual, que obedece a una razón orgánica, y esa razón resulta absolutamente clara. A pesar del crecimiento de la población y de la técnica, el poder adquisitivo de las masas no ha aumentado: las contradicciones son más agudas que antes de la guerra. Los programas de rearme sólo crean una prosperidad ficticia. Gran Bretaña, Alemania y Francia completarán estos programas en dos o tres años: no pueden prolongarlos más. No se trata del presupuesto común, sino de un esfuerzo financiero extraordinario. En un año las bolsas de valores se ponen nerviosas y preguntan, como una jovencita inocente: «¿Por qué?». Ella finge que no sabe lo que ha pasado, pero lo sabe muy bien.

El acercamiento de la nueva crisis creará una situación imposible para la Comintern y una buena situación para nosotros. Todas las contradicciones se agudizarán: los Frentes Populares se derrumbarán, sólo quedarán las realidades, y nosotros somos un partido de realidades. Solamente nosotros podemos darles a los obreros una evaluación correcta de lo que está sucediendo. Pero debemos explicarles la situación a las masas trabajadoras, no en términos sociológicos, sino tal como ellas la viven y sienten. Es lo que nos falta. Como marxistas podemos dar una buena explicación, pero no tal como la viven y sienten las masas. Pero aprenderemos.

5. Hoy recibí una tabla estadística muy interesante, relativa a los conflictos y huelgas en Francia en 1936-37. Para 1936 citaré las cifras mensuales a partir de enero en números redondos. En enero participaron en las huelgas 9000 obreros, luego 12 000, 13 000, 14 000 y en junio 1.830.000. Luego 180 000, 160 000, 135 000, 66 000, 55 000, 43.000. Éstas son las cifras oficiales, que no incluyen las cifras para la agricultura y probablemente disminuyen el número de obreros en huelga.

Los sindicatos dieron cifras más elevadas. Pero la tendencia general resulta clara. En el segundo semestre del año 1936 tuvimos las huelgas con ocupación: en junio tuvimos 9000 fábricas ocupadas por los obreros, que abarcaban prácticamente a todas las industrias importantes. Luego 600 fábricas ocupadas, luego 200, etcétera, disminuyendo todos los meses hasta que en diciembre sólo había 79 fábricas ocupadas por los obreros.

Blum cumplió con su cometido: tranquilizó a los obreros con algunas reformas que cualquier otro gobierno les hubiera dado en esas condiciones. Pero con Blum se logró mediante compromisos y traiciones. En el primer mes de 1937 vemos que sólo había 9000 obreros en huelga, en febrero 11 000, en marzo casi 13.000. Es un crecimiento no muy grande, pero posiblemente indica una nueva tendencia. No tenemos las cifras de los meses posteriores. Pero lo que tenemos señala una situación social y sicológica turbulenta: síntoma infalible de una situación prerrevolucionaria. Además, el Partido Socialista creció de 100 000 a 200 000; el PC de 40 000 a 300 000 y la Juventud Comunista de 15-20 000 a 100.000. La circulación del periódico Populaire aumentó de 100 000 a 300 000; l’Humanité de 150 000 a 400 000.

Después de los esfuerzos que le costó la legislación social, Blum proclamó una «pausa». Sus esfuerzos le habían cansado, y el crecimiento de las huelgas explica claramente por qué tuvo que descansar. Utilizó la «pausa» para detener la máquina legislativa. La «pausa» continúa hasta el día de hoy. Al mismo tiempo tenemos la devaluación oficial, la inflación extraoficial y un aumento enorme del costo de la vida. El nivel de vida es más bajo de lo que era antes de Blum: los sueldos han aumentado en un 25 por ciento, mientras que las mercancías han aumentado en un 35 por ciento. Es absolutamente inevitable que se produzca una nueva explosión.

La colosal maquinaria del PS, del PC y de los sindicatos es lo suficientemente poderosa como para detener la movilización de las masas y crear una pausa, pero no puede aniquilar la lógica de la situación y la actividad de las masas. Por eso tendremos en Francia un periodo muy turbulento, sobre todo si continúa la inflación, lo cual es casi seguro. Por ello hace dos años dije que la situación era prerrevolucionaria. No se puede prever con precisión, pero la tendencia general es absolutamente clara. Creo que una derrota en España puede tener consecuencias revolucionarias en Francia porque los obreros dirán: «No sufriremos otra derrota». Sin embargo, sigue planteado el problema del partido revolucionario. Tenemos una organización capaz de lanzar consignas correctas y evaluar los acontecimientos, pero no es una organización de masas.

6. Es muy difícil ver lo que está sucediendo en la trastienda, pero podemos suponer que los intereses alemanes en España no son los mismos que los de Italia. El mayor interés de Alemania es granjearse la amistad de Gran Bretaña; ésa es la línea fundamental de Hitler… aun a costa de Italia. Los intereses de Alemania e Italia no son idénticos en absoluto. Italia comprende que España jamás será suya, porque Gran Bretaña jamás lo permitirá. Por eso los dos bandos llegaron a la conclusión de que deben iniciar una guerra, o bien llegar a un acuerdo. Es interesante el cable que apareció en la prensa hace dos días, acerca de la próxima sesión de las Cortes en Valencia. En Valencia hay un número creciente de diputados de derecha. Maura, por ejemplo, estuvo en Francia durante la guerra civil y ahora vuelve para ser diputado parlamentario. También Prieto. Creo que Francia e Inglaterra los enviaron para preparar la reconciliación. La guerra se detendrá para darle al pueblo español la posibilidad de la «autodeterminación»: las elecciones fraudulentas serán el pretexto para un armisticio. Franco ha aceptado la propuesta, y si se celebra el armisticio seria difícil iniciar la guerra. Sería un armisticio no sólo para la evacuación de las tropas italianas y alemanas, sino también para detener la guerra con elecciones ficticias.

7. Italia no puede ir a la guerra con Rusia. Italia es un animal marítimo, Rusia es un animal terrestre. Alemania no está preparada; si lo estuviera, hubiese atacado en el momento de la decapitación del Ejército Rojo. El fusilamiento de los generales creó incertidumbre, y la incertidumbre no es un factor fortalecedor. Alemania estará preparada en dos o tres años.

8. Mantuve una correspondencia muy interesante con Andrés Nin: la publicaré[388]. En todas las cuestiones el POUM utilizó las concepciones de los bolcheviques-leninistas para fines oportunistas. Es la primera vez que me entero que ellos sostienen que no sirvió para nada llamar a la creación de soviets porque los obreros no los construyeron. En cuanto a los soviets, la historia es la siguiente:

En 1931, al comienzo de la revolución, escribí que no me parecía aconsejable levantar la consigna de soviets. Durante las huelgas de masas, como las de Rusia en 1905, se construyen comités de huelga, pero los obreros no comprendían en esa época que ése era el principio de los soviets. En la actualidad, la palabra «soviet» significa gobierno soviético. El obrero que participa en una huelga no puede comprender qué relación tiene eso con un Soviet. Los socialistas y anarquistas se opondrían por identificarlo con la dictadura del proletariado. Por consiguiente, yo opinaba que era necesario crear organizaciones de masas, pero sin darles el nombre de «soviets», poniéndoles más bien el nombre de «juntas», nombre tradicional español y no tan concreto como «soviet». Pero, en cambio, se creó una organización artificial, no representativa de las amplias masas, con delegados de las viejas organizaciones; anarquistas, tres delegados; socialistas, tres; y delegados del PC y del POUM. Impusieron las mismas relaciones en todas las ciudades.

La revolución es un proceso muy dinámico, en el que las masas se desplazan políticamente hacia la izquierda mientras las clases burguesas viran hacia la derecha. En un mes la situación cambia rápidamente. En su desarrollo, la revolución barre con las viejas organizaciones, los viejos partidos conservadores, los sindicatos. La nueva dirección de cada taller, de cada fábrica, es más joven, más activa, más valiente. La vieja organización se convierte en el mayor freno para la revolución. Era absolutamente necesario construir juntas —nosotros podemos llamarlas soviets; sabemos a qué nos referimos— y así se le da a la revolución una expresión unificada.

En cuanto a la necesidad de unificación, nuestra pelea con el POUM no fue en torno a la unificación, sino a la pregunta: ¿Política de unificación con la burguesía, o con los nuevos elementos dinámicos del proletariado? No se trata de una unificación matemática: es un problema de clase, no un problema administrativo. ¿Cómo se atreven a decir que los obreros no construyeron soviets? Construyeron comités en todas partes y esos comités se hicieron cargo de la industria. Bastaba unificar esos comités y desarrollarlos y entonces tendríamos el Soviet de Barcelona.

Escritos , Tomo V
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