734.
Según Eden la declaración de Dulles significaba que los Estados Unidos no aceptaban su idea de que la amenaza última a Egipto procedía de la Unión Soviética. Había deseado situar la cuestión egipcia en términos de política de contención mientras Dulles parecía estar reduciendo todo el asunto a un embrollo colonial que los Estados, Unidos resueltos a mantener su imagen de pureza moral, no tocarían siquiera.
Es difícil creer que Dulles no viera cuán peligroso era el juego al que estaba jugando. Aunque actuara como si creyese que el público norteamericano respondería a sus pomposas, mojigatas y moralistas declaraciones, Dulles también tenía una gran experiencia práctica. No dejó ninguna explicación de sus acciones durante la crisis de Suez. Sin embargo, es probable que se sintiera desgarrado por dos impulsos contradictorios. Dada su actitud hacia el comunismo, con toda probabilidad concordaba con el análisis de Eden y de Mollet sobre los peligros de una penetración soviética en Oriente Medio. Esto explicaría por qué la interpretación de los motivos de Nasser es indistinguible de la de Eden, y por qué su súbita negativa a construir la presa de Asuán tomó por sorpresa incluso al gabinete británico (que ya había recibido una advertencia general).
Al mismo tiempo, Dulles era secretario de Estado de un presidente apasionadamente opuesto a la guerra, como sólo puede serlo un militar con experiencia. Eisenhower no estaba interesado en los matices del equilibrio del poder; aunque a largo plazo peligrara el equilibrio global en Oriente Medio, Eisenhower concluyó que los Estados Unidos eran lo bastante fuertes para resistir más adelante, y mucho antes de que su existencia misma estuviese en peligro. Según Eisenhower, la crisis de Suez no era lo bastante amenazadora para justificar el uso de la fuerza. A pesar de su cordial sonrisa, tenía una fuerte personalidad no muy agradable cuando se irritaba.
Como una vez dijo Dean Acheson: la eficiencia de un secretario de Estado depende de saber quién es el presidente. Dulles, sin duda lo sabía, pero Eden y Mollet, que creían que Eisenhower no era más que una amable figura decorativa, lo ignoraban. Decidieron pasar por alto las implicaciones de una carta que Eisenhower había escrito a Eden el 2 de septiembre acerca de la Conferencia Marítima, en la que volvía a advertirle contra el empleo de la fuerza:
[...] los pueblos de Oriente Medio y del norte de África y, hasta cierto punto, de toda Asia y África, se unirían contra Occidente hasta un grado que, temo, no podría ser superado en una generación, y tal vez ni siquiera en un siglo, particularmente teniendo en cuenta la capacidad de los rusos para causar dificultades