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Podemos ver hasta qué punto se habían aislado los gobernantes alemanes de la realidad cuando realmente se sorprendieron de que en 1914 Gran Bretaña reaccionara a la invasión alemana de Bélgica con la declaración de guerra.
Bien entrado el siglo XlX, la preservación de Austria como país independiente fue considerada un importante objetivo británico. En el siglo XVIII, Marlborough, Carteret y Pitt habían entablado varias guerras para impedir que Francia debilitara a Austria. Aunque en el siglo XIX Austria tuviese menos que temer de una invasión francesa, los ingleses seguían viendo a este país como útil contrapeso a la expansión rusa hacia los estrechos. Y cuando la Revolución de 1848 amenazó con causar la desintegración de Austria, Palmerston declaró:
Austria se yergue en el centro de Europa como una barrera contra las intromisiones, por una parte, y contra las invasiones, por la otra. En mi opinión, la independencia política y las libertades de Europa dependen del mantenimiento y de la integridad de Austria como gran potencia europea; y, por consiguiente, todo lo que tienda por contingencia directa, o aun remota, a debilitar y a menoscabar a Austria, pero más aún a rebajarla de su posición de potencia de primera clase a la de Estado secundario, tendrá que ser una gran calamidad para Europa que todo inglés deberá lamentar y tratar de prevenir