677.
Cada vez que Stalin repetía su ya familiar letanía sobre la inevitabilidad de la guerra entre los capitalistas, sus partidarios entendían que se proponía tranquilizarlos. Según el retorcido razonamiento de Stalin, la perspectiva de un conflicto entre los capitalistas significaba que no era inminente la guerra entre ellos y la Unión Soviética. Por tanto, el artículo de Stalin constituyó una instrucción para que la diplomacia soviética aplazara todo choque hasta que los conflictos internos de los capitalistas los hubiesen debilitado lo suficiente.
En 1939, una declaración similar había mostrado la disposición de Stalin a buscar un acuerdo con Hitler. Ese análisis, arguyó Stalin en 1952, seguía siendo correcto, porque, dada la belicosidad de los capitalistas, arriesgaban menos combatiéndose unos a otros que guerreando contra la Unión Soviética: «[...] mientras que la guerra entre países capitalistas sólo pone en juego la supremacía de ciertos países capitalistas sobre otros, la guerra contra la URSS ciertamente pondría en entredicho la existencia del propio capitalismo»678.
Este bodrio recargado de teoría era la manera estaliniana de enviar un mensaje tranquilizador a los capitalistas, sobre todo a los Estados Unidos. De hecho, estaba diciendo que los capitalistas no tenían que emprender una guerra preventiva, porque la Unión Soviética no tenía ninguna intención de lanzar un desafío militar:
[...] aunque los capitalistas se quejan, con fines «propagandísticos», de la agresividad de la Unión Soviética, ni ellos mismos creen que sea agresiva, porque conocen la política pacífica de la Unión Soviética y saben que no atacará a los países capitalistas