145.
Sin embargo, Gerlach no pudo resignarse a aceptar la proposición de que la ventaja estratégica podía justificar el abandono de los principios, especialmente cuando en el asunto intervenía un Bonaparte. Pidió aplicar el remedio de Metternich, es decir, que Prusia uniera más a Austria y Rusia y restaurara la Santa Alianza para lograr el aislamiento de Francia146.
Lo que Gerlach consideró aún más incomprensible fue otra propuesta de Bismarck en el sentido de que se invitara a Napoleón a presenciar las maniobras del ejército prusiano porque «esta prueba de buenas relaciones con Francia [...] aumentaría nuestra influencia en todas las relaciones diplomáticas»147.
La sugerencia de que un Bonaparte participara en las maniobras prusianas provocó la explosión de cólera de Gerlach: «¿Cómo puede un hombre de vuestra inteligencia sacrificar sus principios a un individuo como Napoleón? Napoleón es nuestro enemigo natural.»148 Si Gerlach hubiese visto la cínica anotación de Bismarck al margen —«¿Y eso qué importa?»—, bien podría haberse ahorrado la siguiente carta, en la que reiteró los principios antirrevolucionarios de toda su vida, que le habían llevado a apoyar la Santa Alianza y patrocinar la carrera de Bismarck en sus comienzos:
Mi principio político es y seguirá siendo la guerra contra la revolución. No convenceréis a Napoleón de que no está del lado revolucionario. Y no estará en ningún otro lado porque claramente obtiene de ello ventajas [...] Así, si mi principio de oponerse a la revolución es correcto [...] también habrá que adherirse a él en la práctica