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Uno de los rasgos sobresalientes de estos nobles sentimientos era su peculiar ambivalencia. Convocaban a los Estados Unidos a una misión global, pero hacían tan compleja la tarea que los Estados Unidos casi podrían desgarrarse tratando de cumplirla. Sin embargo, la ambivalencia misma de la contención pareció dar un ímpetu extraordinario a la política norteamericana. Aunque era esencialmente pasiva respecto a la diplomacia con la Unión Soviética, la contención evocaba un tenaz poder creador cuando se trataba de construir «posiciones de fuerza» en los ámbitos militar y económico. Esto era así porque en la contención se mezclaban las lecciones y creencias derivadas de las dos experiencias norteamericanas más importantes de la generación anterior: del New deal brotó la idea de que las amenazas a la estabilidad política surgen básicamente del distanciamiento existente entre las expectativas económicas y sociales y la realidad, de ahí el Plan Marshall; de la Segunda Guerra Mundial los Estados Unidos aprendieron que la mejor protección contra la agresión era tener un poder abrumador y el propósito de emplearlo, de ahíla Alianza del Atlántico. El Plan Marshall estuvo destinado a poner en pie económicamente a Europa. La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) velaría por su seguridad.
La OTAN fue la primera alianza militar de tiempos de paz en la historia de los Estados Unidos. Su causa inmediata fue el golpe comunista en Checoslovaquia de febrero de 1948. Después de anunciado el Plan Marshall, Stalin aceleró el dominio comunista de Europa oriental. Adoptó una actitud rígida, si no paranoide, ante la lealtad a Moscú de los países de esa zona. Líderes comunistas de toda la vida de quienes Stalin sospechara que albergaban los más tenues sentimientos nacionalistas fueron «purgados». En Checoslovaquia, los comunistas habían surgido como el partido más fuerte en unas elecciones libres, y dominaban en el gobierno. Pero ni eso bastó a Stalin. El gobierno elegido fue derrocado, y el ministro de Exteriores, Jan Masaryk, no comunista, hijo del fundador de la República Checoslovaca, murió al caer de una ventana de su oficina seguramente empujado por asesinos comunistas. En Praga se instauró una dictadura comunista.
Por segunda vez en una década, Praga se convirtió en el símbolo en torno del cual se organizó la resistencia al totalitarismo. Así como la invasión de Praga por los nazis había sido la gota que derramó el vaso, e hizo que Gran Bretaña les pusiera freno en 1939, nueve años después el golpe comunista hizo que los Estados Unidos y las democracias de Europa occidental se unieran para oponerse a la imposición de un destino similar en cualquier otro país de Europa.
La brutalidad del golpe de Estado checo hizo resurgir temores de que los soviéticos pudiesen fomentar otras acciones similares, por ejemplo, organizando un coup d’état que reconociera un nuevo gobierno comunista y utilizara la fuerza militar para sostenerlo. En efecto, en abril de 1948, varios gobiernos de Europa occidental concertaron el Pacto de Bruselas, acuerdo defensivo destinado a rechazar todo intento de derrocar por la fuerza gobiernos democráticos. Sin embargo, todo análisis de las relativas posiciones de poder indicó que Europa occidental simplemente no tenía fuerzas suficientes para rechazar un ataque soviético. De allí surgió la Organización del Tratado del Atlántico Norte, como manera de comprometer a los Estados Unidos en la defensa de Europa occidental. La OTAN constituyó una desviación sin precedente de la política exterior norteamericana puesto que fuerzas norteamericanas y canadienses se unieron a los ejércitos de Europa occidental, a las órdenes de un mando internacional de la OTAN. El resultado fue una confrontación entre dos alianzas militares y dos esferas de influencia a lo largo de toda la línea divisoria, situada en Europa central.
Sin embargo, no era así como en los Estados Unidos se interpretaba el proceso. El wilsonismo era demasiado poderoso para permitir que los Estados Unidos entraran en un acuerdo para proteger mediante una alianza el statu quo territorial de Europa. Por consiguiente, todos los portavoces del gobierno de Truman se tomaron mucho trabajo para diferenciar la OTAN de todo lo que pudiera asemejarse a una coalición tradicional destinada a proteger el equilibrio del poder. Dado su tan repetido objetivo de crear «posiciones de fuerza», esto exigió verdaderos derroches de ingenio. Pero los portavoces del gobierno demostraron ser dignos de la tarea encomendada. Cuando, en abril de 1949, Warren Austin, ex senador y posteriormente embajador ante las Naciones Unidas, declaró en favor de la OTAN ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, se enfrentó al problema declarando que el equilibrio del poder ya había muerto.
El viejo veterano, el equilibrio del poder, fue despedido sumariamente al crearse las Naciones Unidas. La misión de los pueblos de las Naciones Unidas es combinar sus esfuerzos mediante una organización internacional para mantener la paz y la seguridad internacionales y, con ese fin, adoptar eficaces medidas colectivas. Ésta introdujo oficialmente el elemento del predominio de poder para la paz. Y el viejo equilibrio del poder desapareció