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La referencia a las Filipinas pretendía contener lo que Londres juzgaba una excesiva injerencia norteamericana, recordando a los líderes de los Estados Unidos lo que tenían que perder si llevaban demasiado lejos sus argumentos. Sin embargo, acabó por no dar en el blanco porque, de hecho, los Estados Unidos estaban practicando lo mismo que predicaban, y ya habían decidido conceder la independencia a su única colonia en cuanto terminara la guerra.
El debate angloamericano por el colonialismo no tendría fin. En un discurso del Día de los Caídos de 1942, el subsecretario de Estado, Sumner Welles, amigo y confidente de Roosevelt, reiteró la tradicional oposición de los Estados Unidos al colonialismo:
Si ésta es en realidad una guerra por la liberación de los pueblos, debe asegurar la libertad soberana de los pueblos por todo el mundo, así como en las Américas. Nuestra victoria deberá traer como consecuencia la liberación de todos los pueblos [...] La época del imperialismo ha terminado