507.
Como Roosevelt no quiso discutir sobre objetivos de guerra antes de Stalingrado, y como Stalin prefería dejar que las líneas de batalla determinaran el resultado político, casi todas las ideas de tiempos de guerra acerca del orden de posguerra provenían de Churchill. La reacción norteamericana fue bien captada por el secretario de Estado Hull en noviembre de 1943, cuando mostró gran desdén por las verdades tradicionales británicas:
[...] ya no habrá necesidad de esferas de influencia, de alianzas, de equilibrio de poder, o de ninguna de las otras disposiciones especiales por las cuales, en el triste pasado, las naciones se esforzaban en salvaguardar su seguridad o en promover sus intereses