La comedia catalana

Si retrocedemos al principio de la cultura catalana (una de las principales de la Península Ibérica no lo olvidemos), ya en la época del primer rey catalán Alfonso "el Casto" (I de Cataluña y II de Aragón), que reinó en el siglo XII, existían una serie de trovadores que como Guillem de Berguedà (1138-1196) utilizaban sus versos para mofarse de todos los señores feudales, jerarcas eclesiásticos y monarcas poniéndoles en ridículo.

Fructuïs Gelabert, pionero indiscutible del cine español ya ensayó la comedia cinematográfica en sus primeros títulos, y este género fue uno de los favoritos en los Estudios Orphea durante la República y también en la posguerra de la mano de Ignacio F. Iquino.

Al llegar los sesenta, gracias a la apertura política de Manuel Fraga, Ministro de Información y Turismo, se puso de moda el cine de género a la española y en Esplugas de Llobregat incluso se construyó una típica y tópica ciudad del lejano Oeste para iniciarse el rodaje de una serie de westerns completamente infumables. Parecía que se quería huir de todo lo que oliera a hispano, sinónimo de reaccionarismo franquista, todos queríamos ser europeos para convertirnos en gente moderna y democrática.

En los años setenta los Estudios Profilmes sitos en la calle Port Bou de Barcelona se producen películas de género fantástico que oh, sorpresa! dieron la vuelta al mundo siendo objeto de sesudos estudios en la prensa especializada extranjera y de sistemático desprecio en la nuestra. Elemental, querido Watson tal como me dijo el actor americano Jack Scalia durante el rodaje de "La grieta" (The Rift, 1989) de Juan Piquer: "The Spanish Cinema is another world". Jack tenía razón, el cine español es otro mundo.

Parecía que nos lo íbamos a comer con patatas cuando el Generalísimo Franco murió en la cama el 20 de noviembre de 1975, en aquel memorable día una nueva España acababa de nacer.

Francesc Bellmunt fue una figura muy importante en esta época de transición política, tras rodar los cortos de rigor, algunos documentales y un par de películas alimenticias, el cineasta sabadellense nos sorprende a todos con "La orgía" (1978), título que supone el nacimiento de un nuevo estilo de comedia cinematográfica con sabor mediterráneo.

Unos estudiantes del Institut del Teatre deciden organizar una orgía para experimentar en propia carne (nunca mejor dicho) la recién ganada libertad sexual. Más que una cinta erótica al uso, la película de Bellmunt se centra en la descripción de una juventud que pretende liberarse de sus ancestrales complejos mediante el sexo. Por eso considero que "La orgía" es algo más que una película, es un manifiesto libertario de una sociedad que pretende pasar una página de nuestra historia que nunca deberíamos haber vivido.

En la misma línea, Bellmunt rueda nuevos títulos que en Cataluña son acogidos con evidente entusiasmo. "Salut i foráa al canut" (1979), más conocida como "Cuernos a la catalana"; "La quinta del porro" (1980) sobre la objeción de conciencia que inspiró una segunda parte, "La batalla del porro" (1981) dirigida por Joan Minguell; "Pan de ángel" (1983) y "Un par de huevos" (1984), las dos últimas con Eva Cobo, nueva estrella catalana que no consiguió realizar una sólida carrera cinematográfica pese a sus encantos personales.

Bellmunt ya no rodó más comedias hasta "Escenas de una orgía en Formentea" (1995), decantándose por el género policiaco con mayor o menor fortuna. De hecho ha sido el precursor del renacimiento del género en tierras catalanas, cuyo estilo se distingue por una cierta frescura y una completa desinhibición en el trazado psicológico de los personajes.

Nacido en Valencia en 1947, Carles Mira no terminó sus estudios cinematográficos y empezó a trabajar como ayudante de José Luis Gómez en el teatro. Su primera película provocó un sonoro escándalo, "La portentosa vida del padre Vicente" (1977), donde Albert Boadella se mofaba de San Vicente Ferrer, el santo patrón de la capital del Turia, provocando la indignación de su pueblo. Boadella, por otra parte, tiene recursos expresivos excesivamente teatrales y nos demostró que el cine no era lo suyo.

Tras "Recuerdos del mar", episodio de "Cuentos para una escapada (1979), Carles Mira inició el rodaje de nuevas cintas esperpénticas como "Con el culo al aire" (1980); "Jalea real" (1981), implacable befa del rey Carlos II el Hechizado; "Que nos quiten lo bailao" (1983), film feísta sobre moros y cristianos; "Karnabal" (1985), fantasía del grupo catalán Els Comedians que soportaban mal el trasvase cinematográfico; "Daniya, jardín del harén" (1987), tal vez su mejor película, volviendo al tema de moros y cristianos esta vez en serio y abandonando la estética feísta; "El rey del mambo" (1989), gran éxito de taquilla y tardío regreso a sus fuentes. El 12 de enero de 1993, Carles Mira falleció de una neumonía provocada por una leucemia. Su cine se caracterizaba por un humor fallero, mediterráneo y a ratos de pésimo gusto, según la tradición de su ciudad natal amantes de la comicidad gruesa, una visión lúdica de la vida rayando en los esperpentos que hicieron célebre a Ramón del Valle Inclán.

El veterano Miguel Iglesias Bonns, tras su paso por Profilmes, rueda "El lío de papá" (1985) con Eva Cobo, recién salida de las comedias de Bellmunt cuya influencia se deja notar. Una bella muchacha tiene un accidente, al volver a la vida descubre que su cuerpo tiene el espiritu de una mujer ya mayor fallecida en otro desafortunado evento. La comedia trata de los líos que esta situación provoca, porque la bella Eva Cobo intentará recuperar a su marido que por edad podría ser su padre (Gil Vidal), quien se quedará perplejo por las embates de la acalorada mocita.

La huella de Bellmunt también se dejó sentir en "El primer torero porno" (1985), absurdo film de Antoni Ribas a la mayor gloria de su esposa Emma Quer. Un torero independentista y una feminista radical hacen números pornos en un cabaret de Barcelona. Argumento absurdo y alocado que no dio resultado porque precisamente Ribas no es ducho en la comedia, pese a sus apuntes de humor en "La ciudad quemada" (1978).

Ventura Pons sí que ha gozado de las dulces mieles del éxito popular con sus desmadradas comedias. Este barcelonés nacido en 1945, fue director teatral, ensayista y crítico cinematográfico antes de dirigir su opera prima "Ocaña, retrat intermitent" (1978), un documental sobre un travesti andaluz, y "El vicario de Olot" (1982) fue su primera película argumental, dentro de un estilo de comedia de marcado sabor mediterráneo.

Con "La rubia del bar" (1986), con Enric Majó y Ramoncín, Ventura lanza a Núria Hosta como sex simbol a la catalana, imagen que la propia actriz detesta porque considera que la limita profesionalmente. La película tenía no obstante una frescura interesante, al igual que los siguientes títulos de su filmografía. "Puta miseria!" (1988) es un insólito acercamiento a los elementos más marginales de la mal llamada Sociedad del Bienestar.

La oronda Amparo Moreno, actriz alegre y dicharachera, obtuvo un importante éxito personal convirtiéndose en actriz fetiche del realizador barcelonés. Con "¿Qué te juegas, Mari Pili?" (1990), Ventura nos cuenta las aventuritas de tres muchachas (Mercè Lleixà, Blanca Pampols y Núria Hosta) que comparten piso y deciden llevar la iniciativa sexual con los hombres. Amparo Moreno y Lloll Beltrán no podían faltar a la cita, además fueron las protagonistas de la siguiente comedia de Ventura, "Esta noche o jamás" (1991), con apariciones adicionales de Mary Santpere y Carles Sans, uno de los componentes del Tricicle, que tuvo menos aceptación por falta de consistencia argumental.

"Rosita, please!" (1993), rodada en Bulgaria, convierte en diva de ópera a nuestra entrañable Amparo Moreno, viviendo una serie de aventuras de corte sentimental. "El porqué de las cosas" (El perqué de toto plegat, 1995), inesperado éxito comerical y artístico de Pons, y su postrero trabajo, "Actrices" (1996) son los recientes jalones de una carrera con personalidad. Ventura Pons se ha convertido quizá en el valor más seguro a nivel popular de la comedia catalana, aunque tal vez eche a faltar mayores ambiciones en sus planteamientos.

La tortosina Mercè Lleixà tras su Mari Pili en la película de Ventura Pons se convirtió en un valor seguro de la nueva comedia catalana: "No te cortes ni un pelo" (1992) de Francesc Casanova, "Cucarachas" (1992) de Toni Mora o el travesti de "Makinavaja, el último choriso" (1991) de Carlos Suárez. Actriz cómica en una línea que nos recuerda la Mary Santpere de sus primeros años, como muchos profesionales catalanes no tiene otro problema que sobrevivir en una industria tan endeble como la barcelonesa.

En "Pasaje a Ibiza" (Bar-cel-ona, 1986) de Ferran Llagostera vemos un curioso gag, durante una representación de "El Mikado" por la compañía Dagoll Dagom, aparecerán sentados en la misma fila todos los nuevos directores catalanes (Ignasi P. Ferré, Antoni Verdaguer, Albert Abril, Ferran Llagostera y otros), la mayoría de ellos barbudos. O sea que hacer cine en Cataluña es cuestión de barbas ¿no?

Rosa Vergés nació en Barcelona el año 1955, tras licenciarse en Arte en las Universidades de La Sorbona y Barcelona, comenzó a trabajar en el cine a mediados de los setenta, primero como script y después como ayudante de dirección. Colaboró también en el guión de "Un par de huevos" de Bellmunt, tras realizar videos institucionales y spots publicitarios rodó su primer largometraje, "Boom Boom" (1989) que obtuvo un éxito inusitado en la siguiente edición del Festival de Cannes.

Dos vecinos (Sergi Mateu y la cantante Viktor Lazslo), desengañados por el amor, desconocen que viven en la misma escalera, pero se enamorarán casualmente. El planteamiento no era demasiado original, pero sí su desarrollo. Vergés encadena con inteligencia las secuencias cuya estética se ven influenciadas por su experiencia publicitaria. A destacar la inteligente utilización de la imagen visualmente atractiva, gracias a la pericia de Josep Maria Civit, autor de la fotografía de "Angustia" (1986) de Bigas Luna, imaginativo film fantástico en la que Rosa trabajó como ayudante de dirección.

A pesar del importante éxito obtenido con su opera prima, Rosa Vergés tuvo que esperar cuatro años para rodar su segundo largometraje, "Souvenir" (1993) con Futoshi Kasagawa y Emma Suárez sobre las vicisitudes un japonés perdido en Barcelona.

"Boom Boom" fue una bocanada de aire fresco en una cinematografía abocada a la marginalidad más absoluta. Meses después se inicia el rodaje de la adaptación de una novela satírica de Joan Barril, "Un submarino en el mantel" (Un submarí a les estovalles, 1990) de Ignasi P. Ferré, realizador nacido en Valls en 1949 quien tras estudiar cine en Berlín, marchó a Roma para trabajar como auxiliar de dirección en diversas películas italianas a las órdenes de gentes como Silvano Agosti, Sergio Corbucci, Marco Bellocchio, Tino Brass y Michelangelo Antonioni.

De regreso a Barcelona, colabora en diversas películas de Albert Abril, Ferran Llagostera, Sebastián D'Arbó y otros, debutando en la realización en el olvidable "Morbus" (1982). De hecho su auténtica carrera profesional empieza con "¿Quien te quiere, Babel?" (Qui t'estima, Babel?, 1987), un desgarrado melodrama que pasó desapercibido, aunque su primer éxito popular fue en "Un submarino en el mantel" un film coral repleto de personajes.

Procedente de Francia con destino a su tierra natal, el marroquí Salam Rashid (Dine Soulí) será víctima de un robo por unos carteristas en la estación de Sants donde debía realizar el trasbordo de trenes.

Perdido en Barcelona conocerá a una serie de personas, de diferente condición social, que influirán en su casual ascensión en la nueva sociedad. Así el apuesto Rashid, protagonista de una bella canción de Joan Manuel Serrat tendrá la oportunidad de codearse con los mismos reyes de España (Enrique Lacalle, concejal del Partido Popular, y Mercè Sanz), el presidente de la Generalitat (Josep Maria Angelat, la voz española de Louis de Funes), la esposa de éste (Rosa Maria Sardá), el alcalde (Joan Miralles), un ujier algo extravagante (Salvador Sáinz), la deliciosa Icaria (Ariadna Gil) y Clara (Quimi Soler), la sobrina del secretario Llopis (José Sazatornil "Saza").

Film de humor suave, muy irónico, realizado con pulcritud se convirtió rápidamente en uno de los puntales de la nueva comedia catalana. En la misma línea, Ignasi P. Ferré reincide con "Un placer indescriptible" (1992), otra comedia de personajes protagonizada por un cleptómano (Ferran Rañé), su psiquiatra (Angels Gonyalons, ya vista en "Boom Boom"), el marido de ésta (Mathieu Carrière), un matón tuerto (Salvador Sáinz) y un veterano ladrón (Víctor Israel) que se convertirá en su maestro. En 1993, "Un placer indescriptible" obtiene el premio al mejor largometraje de ficción en el Festival de Salerno (Italia).

Las películas de Ignasi P. Ferré son un verdadero ejemplo de cine digno, sencillo, al que quizá se eche a faltar una mayor promoción publicitaria, punto débil de casi todo el cine español en la actualidad.

Antoni Verdaguer, nacido en Tarrasa el 1954, se formó en el campo del cine amateur. En 1974 marcha a París para estudiar cine y dos años después comienza a trabajar en Barcelona como ayudante de dirección en unas treinta películas.

Su debut como realizador fue en "El escote" (1987), una cinta erótica protagonizada por la brasileña Laura Conti. Una locutora de radio gusta de acostarse con un hombre distinto cada noche, pero tiene por norma no repetir jamás ningún amante.

Tras "La telaraña" (1990) y "Havanera 1820" (1992), rodada en Cuba, Verdaguer pone en imágenes una alocada comedia basada en los incisivos textos de Frederic Soler (1838-1895), más conocido como Serafí Pitarra, una gloria de las letras catalanas quien en su juventud hizo una apuesta al comprometerse a escribir en verso una obra de teatro en una sola noche.

El resultado fue "Don Jaime el conquistador" (1993), una farsa escatológica sobre este monarca que, según los sonetos, al conquistar Valencia sodomizó al rey moro contrayendo las consabidas enfermedades venéreas. Una muestra de tan peculiar sentido del humor que si se salva es por su ironía, que la distancia de la grosería en que puede caer el texto en malas manos.

En la versión cinematográfica, un grupo de cómicos (Joan Borrás, Mercè Lleixà, Imma Colomer, Amparo Moreno, Salvador Sáinz, Marc de la Torre, Holly One, Xavier Capdet, Josep Anton Muñoz y Cesc Queralt) representan la astracanada obra de Pitarra en un asilo de ancianos escandalizando a las monjas y a un conseller de la Generalitat (Carles Canut) que asiste asombrado a la representación. Adornada con abundantes ripios y jocosos números musicales, la película es un puro desmadre.

Posteriormente, Verdaguer reincide en la comedia con "Pareja de tres" (1995), un duelo interpretativo de Rosa María Sardá y Carmen Maura compartiendo un mismo hombre (Emilio Gutiérrez Caba). Alejado del desmadre anterior, esta comedia es de tono más sutil.

Esta moda de comedia catalana no tuvo continuidad por dos motivos concretos. Primero la infantil animadversión de la crítica catalana hacia todo lo que significa sana diversión, segundo, la nefasta política cinematográfica de los Servicios de Cine de la Generalitat. Incapaz de levantar el vuelo, siquiera en la época de Carmen Alborch, el cine catalán entra en un callejón sin salida. La realizadora Isabel Coixet ve rechazados sus proyectos y no le queda otro remedio que emigrar a los Estados Unidos, donde rueda "Cosas que nunca te dije" (1995) obteniendo unánimes elogios de la crítica, además de un importante éxito de público en su propio país.

En una mesa redonda sobre cine, acontecido en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander (agosto 1996), la realizadora catalana calificó de patética la política cinematográfica de la Generalitat: "Es una política que sólo ha promovido las biografías de nuestros héroes, como Monturiol o los que se fueron a Cuba; películas que han estado dos semanas en las salas, y gracias, pero que han sido convenientemente apoyadas desde las instituciones.

"Estamos creando una sociedad endogámica —añadió— muy aburrida, cuando se suponía que en Cataluña éramos tan abiertos a Europa. Es un mirarse al ombligo que me parece muy poco estimulante. Estamos perdiendo nuestra universalidad. Cada vez se cierra más el círculo y es muy triste".

El Cine cómico
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