El director es la estrella
A lo largo del presente libro he preferido estudiar la evolución de la comedia cómica a través de los rostros de sus intérpretes porque, generalmente, el cine cómico es un cine de "actor". En otras palabras, la mayoría de las películas del género están construidas en función de las cualidades humorísticas de sus intérpretes. Muchos estudiosos del cine consideran, por este motivo, que un título como por ejemplo "Una noche en la Opera" no es en absoluto un film de Sam Wood, sino una película de los hermanos Marx ya que fueron estos actores quienes imprimieron carácter a esta joya de la comicidad.
Pero no es justo olvidar muchas comedias cómicas basadas en la personalidad de su realizador, citemos de forma obligada los ejemplos más característicos de Blake Edwards, Ernest Lubitsch y Billy Wilder. Más recientemente tenemos el caso de Jonathan Demme con títulos como "Algo salvaje" (Something Wild, 1985) y "Casada con todos" (Married to the Mob, 1988). En la primera un ejecutivo (Jeff Daniels) es prácticamente secuestrado por una bella joven (Melanie Griffith) que le empujará a vivir una aventura loca. En la segunda, Angela (Michelle Pfeiffer), esposa de un asesino muerto en extrañas circunstancias, es perseguida por un jefe mafioso (Dean Stockwell) y se enamorará de un agente del FBI (Matthew Modine).
Ambas cintas destacan por un ritmo desenfrenado y por la riqueza de sus situaciones. pero Demme no siguió este camino en lo sucesivo decantándose por el cine "serio" en sus siguientes aportaciones.
Todos los realizadores en mayor o menor medida se sintieron tentados por la comedia, incluso John Huston en el episodio de Noé en su versión de "La Biblia" (1966) se deja llevar por el más puro slapstick. Huston le había ofrecido el papel del patriarca náutico al mismísimo Charles Chaplin, entonces un anciano en su retiro suizo, pero el viejo Charlot lo rechazó. El director de "La reina de Africa" (The African Queen, 1952) no se desanimó por ello, asumiendo él mismo el personaje de Noé con resultados harto divertidos.
Uno de los realizadores más importantes en el campo de la comedia cómica ha sido Blake Edwards, cuya filmografía no obstante es muy variada de géneros decantándose por la comedia dramática e incluso el western, pero es en las películas de humor donde su refinado talento ha brillado con más esplendor.
Nacido en Tulsa (Oklahoma) en 1922, hijo del director James Gordon Edwards, Blake estudiará en la Universidad de Los Angeles iniciando su carrera profesional como guionista de radio y actor de cine. Tras colaborar en algunos guiones de Richard Quine, debuta en la dirección con un insípido musical de encargo "Bring Your Smile Along" (1955). A partir de su tercer film, "El temible Mr. Cory" (Mr. Cory, 1957) su filmografía adquiere personalidad propia.
Sus comedias con Tony Curtis, un galán versátil del cine americano de los cincuenta, como "Operación Pacífico" (Operation Petticoat, 1959) junto al galán otoñal Cary Grant, consiguieron labrarle un prestigio, destacando además su sofisticada comedia romántica "Desayuno con diamantes" (Breakfast at Tyffany's, 1961) con Audrey Herpburn. Un apoyo fundamental en toda su carrera ha sido la música de Henri Mancini, autor de unas partituras tan memorables como la canción "Moon River", entonada por la frágil Audrey sentada sobre una ventana al son de una guitarra.
De hecho fue la saga de la pantera rosa lo que le ha proporcionado mayor popularidad, pero de su producción destacan además excelentes cintas cómicas como "La carrera del siglo" con Tony Curtis y Jack Lemmon, ya comentada más arriba, y una farsa bélica, "¿Qué hiciste en la guerra, papi?" (What Did Go Do In the Wear, Daddy?, 1966), ambientada en la campaña de Italia.
Una figura fundamental en su figura será la actriz Julie Andrews, su esposa, protagonista en diversas películas: "Darling Lily" (Darling Lily, 1969) musical ambientado en la Primera Guerra Mundial; "La semilla del tamarindo" (The Tamarind Seed, 1974); "Diez, la mujer perfecta" (Ten, 1979). tal vez la mejor de ellas, una búsqueda desesperada de la mujer ideal donde Julie nos sorprendió con su sentido del humor; "S.O.B.-Sois honrados bandidos" (Son of Bitches, 1981), otra sorpresa, el insólito top-less de la ex Mary Poppins; "¿Víctor o Victoria?" (Víctor/Victoria, 1982), un remake de un film alemán sobre el travestismo.
Prácticamente Blake Edwards ha rodado las comedias más interesantes e incomprendidas de los años ochenta, huyendo de la vulgaridad dominante en una producción dominada por el marketing: "Mis problemas con las mujeres" (The Man Who Loved Women, 1983, un remake de Truffaut con el rostro de Burt Reynolds; "El gran enredo" (A Fine Mess, 1985) con el televisivo Ted Danson; "Micky y Maude" (Micky and Maude, 1985), film sobre un bígamo (Dudley Moore) que se casará a la vez con Amy Irving y Ann Reinking; "Cita a ciegas" (Blind Date, 1987), el desmadre de Kim Basinger; la dramática "Así es la vida" (That's Life, 1986); la crepuscular "Asesinato en Beverly Hills" (Sunset, 1988) con Bruce Willis como el vaquero cinematográfico Tom Mix y James Gardner, un avejentado Wyat Earp años después del tiroteo de OK Corral.
"Una rubia muy dudosa" (Switch, 1991) con Ellen Barkin y Jimmy Smits, es una comedia ácida y desgarrada sobre un mezquino mujeriego que es asesinado por sus amantes y vuelve a la vida convertido en una mujer. Las situaciones por las que pasará ese Tenorio reciclado en rubia despampanante serán difíciles y apuradas.
Actualmente, muchos cronistas consideran que Blake Edwards es un cineasta del pasado. Pero aunque su inspiración actual sea inferior a la de su mejor época, no obstante sus films son un oasis en la mediocridad de la década de los ochenta y noventa, demasiado artificiosa de contenido y donde los títulos de calidad pueden contarse con los dedos de la mano.
Howard Hawks (1896-1977) es otro nombre a tener en cuenta. Su carrera ecléctica tiene títulos de todos los géneros, desde "El camino de la gloria" (The Road of Glory, 1926) hasta "Río Lobo" (Rio Lobo, 1970). No es en absoluto un director especializado, pero en su importante filmografía encontramos títulos tan sabrosos como "La comedia de la vida" (Twentieh Century, 1934); "La fiera de mi niña" (Bringing Up Baby, 1938) enfrentando a Cary Grant con Katharine Hepburn, corrosiva comedia en la línea del humor absurdo; "Luna nueva" (His Girl Friday, 1940) de nuevo con Cary Grant metido a director de un periódico sensacionalista; "Bola de fuego" (Ball of Fire, 1941), insospechado éxito de Gary Cooper en la comedia, y su remake "Nace una canción" (A Song is Born, 1948) con Danny Kaye en el mismo papel; "La novia era él" (I Was a Male War Bride, 1949), otra estupenda composición de Cary Grant; "Me siento rejuvenecer" (Monkey Bussines, 1952), otra disparatada locura con el ya veterano Grant y la incipiente actriz Marilyn Monroe; "Los caballeros las prefieren rubias" (The Gentlemen Prefer Blondes, 1953), uno de los mejores títulos de Marilyn rumbo al estrellato.
En tono agradable, con gran sentido del humor y del montaje cinematográfico podemos destacar "Hatari!" (Hatari!, 1961), impagable aventura ambientada en pleno corazón de Africa. Cuando se estrenó esta película, algún crítico escribió que en cada plano de "Hatari!" estaba Dios. Yo no he visto al Sumo Creador en sus imágenes, pero sí a Elsa Martinelli que estaba divina. (52)
Los dos nombres más significativos de la comedia norteamericana son, paradójicamente, dos inmigrados europeos, el alemán Ernst Lubitsch y el austriaco Billy Wilder. El primero, antes de llegar a Hollywood, tuvo una primera etapa como director y actor en su país de origen.
Lubitsch nació en Berlín en 1892 y falleció en Hollywood en 1947. Hijo de un comerciante judío, conoció a Max Reinhardt y se dedicó al teatro, debutando en el cine como actor en "Meier auf der film" (1912), (53) rodando como tal algunos títulos más hasta 1918. Aunque su carrera progresaba no se produjo el tan anhelado éxito, descontento de su suerte comenzó a escribir guiones y se inició en la realización de asuntos cortos. Su debut se produce en "Blinde Kuh" (1915) (54) y en esta etapa de aprendizaje dirigirá una serie de comedias intrascendentes con la actriz Ossi Oswalda como "La niña de los millones" (Wenn Vier Dasselbe Tun, 1917) y otras.
Con Pola Negri y Emil Jannings, dos grandes estrellas alemanas, Lubitsch rodará "Los ojos de la momia" (Die Augen der Numie Ma, 1918) y su gran éxito "Madame du Barry" (1919),destacando de esta época su versión de "Carmen" (1918) sólo con Pola en el papel de la veleidosa cigarrera.
Esa primera etapa alemana sirvió para que el realizador berlinés fuera asimilando todas las técnicas de un oficio, hasta convertirse en un maestro de la puesta en escena, alternando la comedia con el cine histórico. Sus films estaban muy bien considerados en Alemania, pero también en el mundo entero. Por ello no es de extrañar que llamara la atención de Mary Pickford, quien interesada en Lubitsch exigió que la dirigiese en "Rosita, la cantante callejera' (Rosita, 1923), un melodrama de ambiente español.
Sin embargo, aunque sus films mudos americanos consiguieron un éxito importante, el berlinés triunfó plenamente en el cine sonoro, donde obtuvo lo más granado de su filmografía. Tras rodar "Amor eterno" (Eternal Love, 1929) con John Barrymore, un film de transición con algunos efectos acústicos, Ernst Lubitsch triunfará clamorosamente con "El desfile del amor" (Love Parade, 1929, una opereta con Maurice Chevalier, Jeanette Mac Donald y papeles secundarios para los cómicos del mudo Lupino Lane y Ben Turpin quienes habían iniciado su declive al no adaptarse a la nueva técnica.
Jeanette Mac Donald (1901-1965) era una célebre cantante con voz de soprano que tuvo una primera etapa artística en las películas del berlinés, demostrando gran sentido del humor, y un cierto talento antes de caer en las garras de Louis B. Mayer que la contrató para protagonizar unos musicales de signo distinto emparejada con Nelson Eddy, para mí inferiores a los dirigidos por Lubitsch. En "Montecarlo" (1930) Jeanette actuó con el británico Jack Buchanan, célebre estrella de la escena londinense, apareciendo también, en un papel episódico, Billy Bevan, otro ángel caído de la pantalla muda.
En todas estas películas el berlinés desarrolló el llamado "Toque Lubitsch", basado en la sugerencia. Es decir, dejar que el espectador imagine lo que no vé en pantalla. Recordemos una secuencia en un hotel de París de "Ninotchka" (Ninotchka, 1939). Una cigarrera, con falda corta, entra en la habitación de los tres emisarios rusos, oímos unos tenues gemidos, la chica saldrá corriendo y al cabo de un rato regresará con dos compañeras más. En esta secuencia, compuesta de un sólo plano, Lubitsch sólo nos muestra la puerta, nada más. El espectador se imagina lo que ocurre en su interior.
Las primeras operetas de Lubitsch en el sonoro estaban ambientadas en países imaginarios, intentó rodar una parodia de estas películas con los hermanos Marx, ya que entonces estaban todos bajp contrato en la Paramount, pero el proyecto quedó inédito por problemas económicos.
En aquella época, el berlinés rodará con Maurice Chevalier "El teniente seductor" (The Smiling Lieutenant, 1931), "Una hora contigo" (One Hour With You, 1932) emparejado de nuevo con Jeanette Mac Donald, quienes coincidieron por tercera vez en "La viuda alegre" (The Merry Widow, 1934), ya para la Metro, con producción de Irving Thalberg.
De nuevo aparecerá la sugestión, es destacable la deliciosa secuencia del diario de Jeanette, aquí espléndida como actriz, donde describe su estado de ánimo con un sentido preciso de la elipsis. Cuando la viuda decide quitarse el luto por su marido, todo su guardarropa se volverá blanco, incluso el perro.
Es verdaderamente lastimoso que esta soprano no siguiera esta línea interpretativa en lo sucesivo, ya que en sus escenas en las que finge ser una chica de vida alegre para seducir a Chevalier estaba magistral, pero Mayer le encomendó una serie de productos un tanto ñoños que prefiero no comentar. En la Paramount, Jeanette había trabajado también con Rouben Mamoulinan y Leo McCarey, con óptimos resultados.
Gary Cooper también hizo sus pinitos en la comedia con el berlinés, "Una mujer para dos" (Desing for Living, 1933) y "La octava mujer de Barba Azul" (Bluebeard's Eighth Wife, 1938), en ambas y en el título anterior brillaba con esplendor el secundario Edward Everett Horton, uno de los rostros más gratos de los films de Fred Astaire y Ginger Rogers. Cooper se desenvolvía bien en el género, a pesar de su aire timorato y de su aparente sosería (digo aparente, no confundir), destacando también su emparejamiento con la sensual Marlene Dietrich en "Deseo" (Desire, 1936). Precisamente fue Marlene la protagonista de "Angel" (1937), otro film de Lubitsch, y su rival Greta Garbo (rival pero sin embargo amiga (55) protagonizó la ya mencionada "Ninotchka", sátira del comunismo soviético, e inesperado giro cómico en la seria filmografía de la genial sueca.
Otro film a destacar de Lubitsch en esta, su última etapa, fue el excelente "Ser o no ser' (To Be or Not To Be, 1942), importante sátira a costa del nazismo y de William Shakespeare. Film de equívocos protagonizada por una compañía de teatro polaca en plena invasión nazi. La combinación de comedia y película de espionaje está resuelta con la inteligencia y el clásico cinismo del berlinés, cinismo que ya quedó patente en "Ninotchka". Las dos dictaduras más siniestras del siglo XX son puestas en la picota sin ninguna piedad, aunque molestase a cierta gente que confunde tiranía con progreso.
Durante el rodaje de "The Lady Ermine" (1946), el berlinés falleció inesperadamente, siendo sustituido por Otto Preminger. La carrera de Ernst Lubitsch fue larga y muy variada, de capital importancia en la comedia cinematográfica, anteponiendo un humor cáustico e inteligente frente a la simple bufonada. Gran heredero de su arte fue el austriaco Billy Wilder, nacido en Viena en 1906.
Tras trabajar como periodista, el joven Wilder se traslada a Berlín, escribiendo guiones para las películas alemanas hasta que la subida de Hitler al poder motivó su huida a Francia, donde debutará en la realización con "Curvas peligrosas" (Mauvaise graine, 1933). Más tarde emigrará a los Estados Unidos donde trabajará una larga temporada como guionista de Ernest Lubitsch en las ya mencionadas "La octava mujer de Barba Azul" y "Ninotchka", así como de Howard Hawks.
Aunque tocase diversos géneros, fue en la comedia donde brilló especialmente. Así "El mayor y la menor" (The Major and the Minor, 1942), su primer film americano como director, mostrará una imagen jocosa del ejército. Ginger Rogers se hará pasar por una niña provocando diversos enredos. Tras diversos títulos de otros géneros, "Berlín Occidente" (A Foreign Affair, 1948) será una original mirada sobre la ocupación berlinesa tras la Segunda Guerra Mundial. La ironía y el cinismo, tan caros a su director, se hará patente con la llegada de Jean Arthur, enviada por Washington para estudiar la moralidad de la tropa encontrándose que las mujeres alemanas tienen niños americanos.
En "Sabrina" (Sabrina, 1953), Wilder sabe sacar partido de un emparejamiento tan imposible de creer como el ya maduro Humphrey Bogart y la juvenil Audrey Hepburn. Bogey no estaba demasiado capacitado para este género y se sentía algo incómodo, pero aún así Wilder supo sacar partido tanto de él como de Gary Cooper en "Ariane" (Love in Afternoon, 1957). El remake de "Sabrina" (Sabrina, 1996) de Sydney Pollack, con Julia Ormond y Harrison Ford, es en cambio perfectamente olvidable.
Marilyn Monroe consiguió brillar como nunca en manos de Wilder. En "La tentación vive arriba" (Seven Year Itch, 1954), Tom Ewell era un padre de familia modelo obsesionado con la sensual vecina del piso de arriba. Siendo ésta Marilyn no es de extrañar su inquietud. "Con faldas y a lo loco" (Some Like it Hot, 1958), dos músicos (Tony Curtis y Jack Lemmon) huirán de los gangsters disfrazados de mujer, tocando en una orquesta de señoritas cuya vocalista será la siempre impagable rubia de Hollywood.
Cuando hemos tratado la figura de Jack Lemmon ya hemos hablado de sus colaboraciones con este imaginativo austriaco, no vamos a reincidir aquí. Pero sí que podemos destacar una comedia alocada ambientada de nuevo en el Berlín ocupado, "Uno, dos, tres" (One, Two, Three, 1961), demoledora sátira del enfrentamiento entre comunistas y capitalistas americanos que entronca con "Ninotchka", el guión que escribió para Lubitsch, caracterizada esta vez por un ritmo endiablado.
Wilder no cree en estas ideologías totalitarias que a lo largo del siglo XX tanto han atraido a ciertas masas, cuya ridiculez son puestas en evidencia, porque el vienés no cree en ideologías tan cerriles y obsoletas, desmontando así su irracionalidad.
Lamentablemente, el cine de Wilder ha pasado a la historia. Tras rodar "Fedora" (Fedora, 1977) el cine le volvió la espalda y le jubiló anticipadamente. Cuando Fernando Trueba recogió su Oscar a la mejor película extranjera por "Belle epoque" (1992) rindió homenaje al viejo maestro de la comedia americana. "Me gustaría creer en Dios para agradecerle este Oscar, pero yo sólo creo en Billy Wilder. Gracias, Billy Wilder!".
No podría acabar este recorrido por un siglo de comedia cómica americana sin recordar a Cary Grant. Considerado rey de la comedia, su carrera ecléctica, con títulos de todos los géneros, no es en absoluto un actor cómico, aunque sí un excelente galán. Por ese motivo no procede tratarle en este libro con más detenimiento, pero sí que debemos recordar su figura elegante que llenó toda una época del cine norteamericano. (56)
Actualmente muchas cinematografías nacionales, sobretodo la española, se lamenta del enorme poder del cine de Hollywood que ha desplazado nuestras películas de nuestras pantallas. Parte de razón ya tienen, pero no toda. La gran diferencia del cine norteamericano y el español, aparte del económico, está en que Hollywood intenta rodar aquel cine que interese al público. En España no, gracias al Ministerio de Cultura, en los años ochenta y noventa se han producido una serie de películas de espaldas al público, que ni siquiera se estrenan y que sólo interesan a sus autores.
En una biografía de Groucho Marx me enteré de que su hija Melinda Marx aparecía en "Un beso para Birdie", vi la película en video una y otra vez, incluso congelando la imagen y descubrí que esta muchacha aparecía de extra en una secuencia. Con la gran influencia paterna, esta bailarina sólo llegó a extra.
En Hollywood sólo te exigen tener talento, a nadie le importa en qué partido militas o si no militas en ninguno porque el cine debe estar comprometido con la vida, no con unas siglas. Naturalmente se han rodado numerosos bodrios justificados por intereses mercantiles, también Washington ha cometido numerosos errores políticos y demasiadas felonías con negros, indios e hispanos, pero al menos intentan superar sus defectos. Aquí ni eso.