Risas a la francesa
El éxito de Louis de Funès concienció a las productoras galas de que los cómicos a la francesa también podían suponer un importante éxito financiero. Así, apareció Pierre Richard con un toque a lo Woody Allen, pero alejado del transcendentalismo de éste. Así con títulos como "El gran rubio con un zapato negro" (Le grand blond avec une chausure noire, 1972) de Yves Robert, con Mireille Darc, Pierre Richard obtuvo un éxito inusitado aunque efímero. Eso sí, tuvo la consabida secuela con idéntico equipo, "La vuelta del gran rubio (con un zapato rojo)" (Le retour du gran blond, 1974).
Posiblemente Richard no sea excesivamente personal y le falte el carisma de Louis de Funès, pero no obstante sus películas también son agradables de ver, aunque siempre dentro de una cierta moderación gala: "La razón del más loco" (La raison du plus flou, 1973) de François Reinchenbach; "No sé nada, pero lo diré todo" (1973) de Pierre Richard, el éxito de este cómico le llevó a dirigir; "La mostaza se me sube a la nariz" (La moutarde me monte au nez, 1974) y "Las carreras de un banquero" (Le course a l'echalote, 1975), ambas dirigidas por Claude Zidi y coprotagonizadas por la estilizada Jane Birkin. Más adelante fue emparejado con Gerard Depardieu en "Dos fugitivos" (1986) de Jacques Veber, pero su éxito en Francia no se igualó en otros países. Recientemente Pierre Richard apareció en un papel dramático en "La partida de ajedrez" (La partie d'echecs, 1996) de Yves Hanchar, con Catherine Deneuve de compañera de reparto.
Jean Lefèbvre, tras abandonar la gendarmería de Saint Tropez se une al italiano Aldo Maccione para protagonizar una extraña serie dirigida por Robert Lamoureux sobre unos soldados franceses en la Segunda Guerra Mundial: "Pero ¿dónde está la 7ª compañía" (Mais oó est donc passée la Septième Compagnie?, 1973); "Operation Lady Merlène" (1974), "Hemos encontrado la Séptima Compañía" (On a retrouvé la Septième Compagnie, 1975) y "La Septième Compagnie au clair de lune" (1977).
Pero en estos casos la comicidad francesa es un tanto localista y el público extranjero difícilmente lo comprenderá, de la misma forma que en Francia no comprenderían el 85 por ciento de las comedias españolas. Un humor internacional no se consigue de la noche a la mañana y son raros los autores capaces de conseguirlo.
Este es el caso de los Charlots, unos graciosos (?) más cercanos a "Martes y Trece" que a Charlie Chaplin. Aparte de su osadía de utilizar el apodo de uno de los más grandes genios del humor de todos los tiempos, nada queda por reseñar en sus películas, por llamarlas de algún modo: "Reclutas a lo loco" (Les bidasses en floie, 1972), "Loquilandia Olímpica" (Les fous du stade, 1972), "Le grand bazar" (1973), "Les bidasses s'en vont en guerre" (1974), todas ellas dirigidas por Claude Zidi.
A esa lista de desacatos fílmicos, restan añadir "Les Charlots font l'Espagne" (1972) de Jean Girault, director predilecto de Louis de Funès; "Les quatre Charlots mousquetaires" (1973) y "A nous quatre Cardinal" (1974) de André Hunebelle; "Desde Hong Kong con amor" (Bon baisers de Hong Kong, 1975) de Yvan Chiffre. Como vemos por los títulos esas "cosas" son parodias de las películas de género como mosqueteros de Dumas y, en este último caso, de los agentes secretos. Por lo que respecta a "Les Charlots contre Dracula" (1980) de Jean-Pierre Desagnat, parodia previsible sobre el vampiro creado por Bram Stoker, mejor no decir nada. Actualmente desaparecidos de las pantallas, el olvido es el justo castigo a sus felonías fílmicas.