cómicos argentinos
Tal como ha ocurrido en otros países, el cine se conoció en Argentina a través de los hermanos Lumière. El 18 de julio de 1896 tuvo lugar la primera proyección en Buenos Aires, "La bandera argentina" (1897) fue la primera película rodada en este país, gracias al francés Eugène Py, nacido en Carcassone en 1858 y emigrado a Buenos Aires hacia 1888. Tres años después se rueda la siguiente, un documental sobre la llegada del Presidente Campos Salles de Brasil, pero fueron "Escenas callejeras" (1900) de Eugenio Cardini la que más nos interesa aquí por su carácter festivo.
La producción posterior se hizo con cuentagotas, entre 1915 y 1921 se estrenaron unas cien películas nacionales en Argentina, cifra muy inferior a la española y eso que aquí nos quejamos como monas por tanta crisis.
Hablar de cine cómico argentino, como del resto de Hispanoamérica, es tarea ardua por el desconocimiento que tenemos en la Madre Patria debido al hecho de que al público español parece molestarle la diversidad de acentos de estos países. Un handicap que debemos sumar al ya consabido monopolio de las multinacionales que han expulsado las películas latinoamericanas de nuestras carteleras.
Tal vez sea Enrique Carreras el director más representativo del cine comercial de la Pampa. En los años cincuenta estrenó sus primeras películas protagonizadas por Alfredo Barbieri, sus títulos ponen en evidencia que se trata de parodias de los grandes éxitos internacionales: "El mucamo de la niña" (1951), codirigida con Juan Sires; "Las zapatillas coloradas" (1952), parodia de "Las zapatillas rojas" de Michael Powell; "La mano que aprieta" (1953); "La tía de Carlitos" (1953); "Los tres mosquiteros" (1953); "Romeo y Julieta" (1954), como vemos la sombra de Cantinflas es alargada; "El fantasma de la Opereta" (1955), no confundir con una película homónima de "Tin Tan" de 1960; "Escuela de sirenas y tiburones" (1955).
Años después, tras tocar prácticamente todos los géneros, Carreras dirige a la familia Aragón en dos títulos "Había una vez un circo" (1972) y "Los padrinos" (1972). Gaby, Fofó, Miliki y Fofito eran en aquel tiempo grandes celebridades en la Argentina, hasta que regresaron a España triunfando en nuestra televisión estatal. Tras la muerte de Fofó se unió Milikito al grupo, quien se separó dos años después para trabajar en solitario con su verdadero nombre, Emilio Aragón. Actualmente la familia Aragón continúa triunfando en la pequeña pantalla como antes lo hiciera en Buenos Aires y resulta extraño que siendo españoles sus únicas películas procedan de aquel país.
Por su parte, Enrique Carreras continuó rodando títulos muy significativos como "Los fierecillos indomables" (1982); "Los fierecillos se divierten" (1983); "Los reyes del sablazo" (1984); "Sálvese quien pueda" (1984); "Mingo y Aníbal contra los fantasmas" (1985), remedo de los films de Abbott y Costello; "Rambito y Rambón, primera misión" (1986); "Mingo y Aníbal en la Mansión Embrujada" (1986), etcétera.
Luis Sandrini falleció el 5 de julio de 1980, había sido el cómico más característico del país, conocido en España por sus obras de teatro y programas radiofónicos, pero el cine tal vez no le trató demasiado bien: "Tango" (1933) de Luis Moglia Barth, primer largometraje sonoro argentino; "El canitilla y la dama" (1938); "Palabra de honor" (1939); "Don Juan Tenorio" (1949); "Juan Globo" (1949); "Me casé con una estrella" (1951), todas de Luis César Amadori; "Cuando los duendes cazan perdices" (1955) dirigida por el propio Sandrini; "Cuando los hombres hablan de las mujeres" (1967) y "En mi casa mando yo" (1968) de Fernando Ayala; " Y el cuerpo sigue aguantando" (1961) de León Klimovsky entre otras, casi todas inéditas en España, al igual que la larga filmografía de otro héroe de la radio, Pepe Iglesias "El Zorro", célebre caricato, cuya carrera se reparte entre diversos países latinoamericanos: "Una noche en el Ta-Ba-Rín" (1949) de Luis César Amadori, rodada en Argentina; "Si usted no puede, yo sí" (1950) de Julián Soler, en cambio se rodó en Méjico.
En "Como yo no hay dos" (1952) de Kurt Land, Pepe Iglesias se desdobla, según era habitual en sus programas de radio, donde encarnaba diversos personajes paródicos. Siempre repetía frases, como si fuera un ritual: "y del pobre Fernández nada más se supo", que la chiquillería de la época repetía hasta la saciedad.
Por otra parte tenemos extrañas series como las de Canuto Cañete que trataban de evadirse de la vida cotidiana:" Canuto Cañete, conscripto del 7" (1963) de Julio Saraceni; "Canuto Cañete y los 40 ladrones" (1964) de Leo Fleider; "Canuto Cañete, detective privado" (1965) del mismo director.
Pero la situación caótica del país, el peronismo y los golpes militares cuya dramática realidad (la larga lista de desaparecidos) han hecho temblar los cimientos del mundo entero no deja lugar para las bromas.
Ya en periodo democrático, parece que una parte de la producción argentina se decanta por la evasión pura y absoluta, pero nunca han contado con una estructura industrial sólida que les permita llevar a buen puerto una cinematografía estable.
Para definir el sentido del humor de la cartelera de Buenos Aires basta con citar los títulos de una filmografía, la de Gerardo Sofovich: "Los caballeros de la cama redonda" (1973), "Los doctores las prefieren desnudas" (1973), "Los vampiros los prefieren gorditos", "La guerra de los sostenes" (1976), "Las muñecas hacen pum!" (1979), "La noche viene movida" (1979), "Camarero nocturno" (1986), "Las minas de Salomón Rey" (1986) y "Me sobra un marido" (1986).
Del resto de los países latinoamericanos aún sabemos menos, ni siquiera de las chanchadas del Brasil, cinematografía ignota como la que más. España, la Madre Patria, ha vivido siempre de cara a Europa pero de espaldas a Hispanoamérica, craso error, ya que pertenece a una cultura procedente de la nuestra.
Las continuas crisis económicas, mucho más radicales que las que vivimos en nuestro país, han convertido América Central y del Sur en carne de cañón para el Todopoderoso vecino del Norte, cuya colonización cultural ha sido y es todavía brutal.