LXII
CORENTIN DURENDAL
¡A comer! ¡A comer!
ÍCARO
¿No esperamos al señor Berrrier?
CORENTIN DURENDAL
Ha llevado a su hija al restaurante para festejar su regreso.
ÍCARO
¿Tiene una hija?
CORENTIN DURENDAL
Sí. Y la hija tiene una carabina.
ÍCARO
Grandes novedades. ¿Pero por qué cuatro cubiertos?
CORENTIN DURENDAL
Tenemos invitados.
ÍCARO
Yo no he invitado a nadie.
CORENTIN DURENDAL
Ya lo verá. ¡Pasen!
(Entran Maitretout y Adélaïde)
ÍCARO
¡Qué pequeño es el mundo!
ADÉLAÏDE
¿No te sorprende?
ÍCARO
La verdad es que no.
CORENTIN DURENDAL
¡A comer! ¡A comer!
MAÎTRETOUT
Ícaro, encuentro su acogida un poco seca.
ÍCARO
Voy a remojarla, pues. ¿Y si tomamos una absenta?
MAÎTRETOUT
No pruebo ese veneno.
CORENTIN DURENDAL (descorcha una botella de vino tinto y sirve a todos. Ofrece las sardinas para que se sirvan).
Son de Amieux. Yo mismo las saqué de la lata.
ÍCARO
Así pues, señor Maîtretout, ¿ha seguido mis huellas?
MAÎTRETOUT
Sobre todo he seguido a mi hija.
ÍCARO
¿No estaban a gusto en casa del Sr. Lubert?
ADÉLAÏDE
Mi timidez y mi decencia no me permiten responder que, sin usted, me sentía infeliz.
CORENTIN DURENDAL
Qué conmovedor. El Sr. Surget no hubiera sabido encontrar una cosa así. No pensaba más que en el adulterio.
MAÎTRETOUT
¡Shhh! Delante de una muchacha…
ADÉLAÏDE
Querido papá, ya sé lo que es. Conozco la vida, ahora que he vagado por la vasta París en busca de… el señor.
ÍCARO
En mi época no eran las mujeres las que se declaraban a los jóvenes.
ADÉLAÏDE
Eso se lee en las novelas modernas.
ÍCARO
Ah, es que yo soy más leído que lector.
ADÉLAÏDE
Estamos hechos para entendernos.
MAÎTRETOUT
Lo apruebo, apruebo este galanteo, pero lamento que se produzca ante un plato de sardinas al aceite y en un taller. Ya retomarán estas tiernas declaraciones en algún bosquecillo o, si esperan un poco, con el próximo claro de luna.
ÍCARO
Tiene razón, señor Maîtretout, cambiemos de tema. Volvamos a usted, señor Maîtretout. No puede quejarse del Sr. Lubert, exceptuando, si se me permite decirlo, los amores desdichados de Adélaïde.
ADÉLAÏDE
Me gustaría tomar más sardinas.
MAÎTRETOUT
Hasta me caía simpático, el Sr. Lubert. Tenía grandes cualidades y me había dotado a mí de algunas considerables. Lo único que desapruebo, y creo que en esto compartirá mi parecer, es la relación con la señora Champvaux.
ÍCARO (distraídamente)
Ha encargado un pantalón de ciclista.
ADÉLAÏDE
Una loca.
ÍCARO
Una picara astuta.
CORENTIN DURENDAL
Más vale que no hablemos más de ella. Corremos el riesgo de atraerla como el imán atrae a las virutas de hierro.
ADÉLAÏDE
Las limaduras.
CORENTIN DURENDAL
¿Y al Sr. Surget lo conoce, señor Maîtretout?
MAÎTRETOUT
Lo había visto dos o tres veces en casa del Sr. Lubert. No me gustaría tener que vérmelas con él.
ÍCARO
Estoy de acuerdo. Hizo que dos falsos gendarmes me raptaran. Por suerte me libré de sus garras.
CORENTIN DURENDAL
¡Qué les voy a contar! A mí me había preparado un destino de lo más antipático.
MAÎTRETOUT
¿Puede contar cuál?
CORENTIN DURENDAL
Tenía que matar a mi mujer a cuchilladas.
ADÉLAÏDE
¡Qué horror!
CORENTIN DURENDAL
Ahora voy a servirles el bistec con patatas fritas, mi especialidad. Poco hecho, bien jugoso.