XVII
Ícaro era el primero en levantarse, bajaba a comprar los cruasán, a crédito, pues éste todavía no había sido víctima de los malos pagadores. Subía a hacerse café y desayunaba solo mientras BA aún dormía. Después leía su tratado de mecánica racional con tanto más placer cuanto menos comprendía.
BA se levantaba después, y todo eran juegos y risas, hasta que empezaba su jornada: no con cruasán y café sino con una ensalada de lengua de buey que le encantaba y unas buenas copas de vino tinto, bebida que apreciaba especialmente.
BA trabajaba por la tarde y ganaba mucho dinero, que usaba para engordar la bola que debía ayudarle a cambiar de profesión un día cercano. Ícaro haraganeaba por el modesto apartamento; después de un cuidadoso baño, hacia la tarde, bajaba a tomar absentas a la Taberna del Globo y de los Dos Mundos mientras esperaba a que volviera BA. Luego iban a cenar, pero evitaban el Café Inglés tras el sospechoso episodio del duelo fallido; además a BA le parecía que era, a pesar de todo, un poco caro.
A veces BA tenía la noche comprometida, pero Ícaro no se sorprendía por ello.