I
Nada de Ícaro, ni sobre ni entre las hojas.
Busca debajo de los muebles, abre los armarios, mira en el baño: ni rastro de Ícaro.
Toma entonces su bastón y su sombrero, ya está fuera, para un coche.
—Cochero, al 47 de la calle Bochart de Saron ¡deprisa!
El caballo vuela; muy pronto se encuentran frente al 47 de la calle Bochart de Saron. El cliente desciende, dice «espere», se precipita, trepa cuatro pisos, llama, la puerta se abre.
SURGET
¡Mi querido amigo! ¡Qué grata sorpresa!
HUBERT
¡Ahórrate las cortesías ebúrneas! ¡Después de lo que me has hecho!
SURGET
¿Yo? ¿Qué?
HUBERT
Tengo que ajustar cuentas contigo. Sígueme.
Lleva a Surget a su propio escritorio, se sienta en su lugar y revuelve las hojas que hay sobre la mesa.
SURGET
¡Ah, no! No desordenes mi próxima novela.
HUBERT
¡Venga! ¡Confiesa! ¡Confiesa que está aquí!
SURGET
¿Quién?
HUBERT (leyendo)
Étienne amaba en secreto a Victorine… eeh… ésta, rubia como el trigo… eeh, Georges, su novio, acababa de salir de la escuela Politécnica… eeh…
SURGET
Indiscreto.
HUBERT
No parece que esté por aquí.
SURGET
¿Quién?
HUBERT
Recuerdas que el otro día te leí las primeras páginas de mi nueva obra…
SURGET
¡No es razón para que vengas a hurgar en la mía!
HUBERT
Me reconociste los méritos del personaje principal, aun cuando estaba apenas esbozado. Me lo elogiaste.
SURGET
Es posible.
HUBERT
Se llamaba Ícaro.
SURGET
Lo recuerdo.
HUBERT
Pues bien, ¡ha desaparecido!
SURGET
¡No es posible! Me resulta cómico.
HUBERT
No te rías. Su pérdida sería irreparable para mí.
SURGET
De todos modos, no creerás que…
HUBERT
No se trata de creer sino de saber. ¿Dónde está?
SURGET
No lo sé.
HUBERT
¡Júramelo!
SURGET
¿No estarás sospechando que te lo he robado?
HUBERT
Pues eso es justamente lo que estoy pensando.
SURGET
¡Pero bueno… por Dios! Me insultas y me ofendes.
HUBERT
¡Jura!
SURGET
Mira tú mismo… Etienne… Victorine… Georges… no tienen nada en común con tu Ícaro. También hay un Durand, un Duval, un Dupont… y un conserje a quien llamo, aunque debo admitir que es un nombre un poco raro, Pipelet.
HUBERT
Podrías haberle puesto un pseudónimo.
SURGET
Me parece aborrecible. Sólo uso nombres verdaderos.
HUBERT
¿Y si él adoptara uno sin que lo supieras?
SURGET
La identidad de mis personajes carece de cualquier misterio para mí.
HUBERT
¿Y en tu casa? A lo mejor está escondido. Voy a ver.
Recorre el apartamento, abre los armarios, busca debajo de los muebles, mira en el baño.
HUBERT
Lo tienes bien montado, a la inglesa.
SURGET
Gracias a una pequeña herencia de mi esposa. Cuesta un ojo de la cara, pero, como se suele decir, el dinero no huele.
HUBERT
Sin embargo, ni rastro de Ícaro…
SURGET
Te juro que en cuanto a Ícaro…
HUBERT
¿Qué juras? Para lo que valen los juramentos de un canalla como tú.
SURGET
Palabra de honor… Como se suele decir, el silencio es de plata y la palabra de honor.
HUBERT
La palabra de honor no basta.
SURGET
Quizás esté en casa de algún colega.
HUBERT
No voy a hacer la ronda de todos mis colegas.
SURGET
Ya se sabe cómo mienten los novelistas.
HUBERT
Tienes razón. Salvo en tu caso, claro. ¿Entonces me lo juras?
SURGET
Juro por mi honor que Ícaro no se encuentra aquí y agregaré que no sé dónde está.
HUBERT
Esta vez te creo, pero con eso no adelanto mucho. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer?
SURGET
Si me permites darte un consejo, recurre a un detective.
HUBERT
Qué idea absurda. No entenderá nada.
SURGET
¿No conoces a Morcol, el especialista en pesquisas sutiles? El hombre que sigue a las mujeres adúlteras y que encuentra a las ovejas descarriadas. Aparece en muchas novelas con distintos nombres. Unas veces es Vidocq. Otras Lecoq. Como se suele decir a grandes motes grandes remedios. Él encontrará a tu Ícaro.
HUBERT
No me fío demasiado.
Con todo, va.
Se detiene ante la puerta; hay una placa esmaltada: Morcol, discreción, 2.° piso. Un pasillo nauseabundamente mugriento conduce a una escalera de las mismas características.
Lubert tira de un cordón. Suena el timbre.
MORCOL
Señor, dígame.
HUBERT
Vengo por un caso muy particular.
MORCOL
Sólo conozco casos particulares, señor.
HUBERT
El mío lo es muy especialmente.
MORCOL
Soy yo quien lo ha de juzgar.
HUBERT
Vacilo… por lo extraño del asunto…
MORCOL
Estoy curado de espanto.
HUBERT
Al grano, pues. Me presentaré: Hubert Lubert, novelista de profesión, incluso de vocación y agregaría que de cierto renombre. Al ser novelista escribo novelas. Como escribo novelas, debo ocuparme de personajes. Pero he aquí que uno de ellos acaba de desaparecer. Literalmente. Acababa de empezar una novela, llevaba unas diez páginas, quince a lo sumo, había puesto en ella todas mis esperanzas y resulta que el personaje principal, apenas esbozado, desaparece. Como, evidentemente, no puedo continuar sin él, vengo a pedirle que lo encuentre.
MORCOL (pensativamente)
Mira qué pirandeliano.
HUBERT
¿Pirandeliano?
MORCOL
Un adjetivo derivado de Pirandello. Claro, usted no puede comprenderlo.
HUBERT
¿Un cliente?
MORCOL
¡Shsss! Volvamos a los hechos. ¿Qué aspecto tenía su hombrecillo?
HUBERT
Es difícil decirlo. No tenía más que un conocimiento bastante confuso de él. Diez, quince páginas, compréndalo, todavía estaba en la descripción de los lugares, en la exposición…
MORCOL
¿La Exposición Universal?
HUBERT
No queda tan lejos de mi tema, pero yo quería hablar de lo particular. En la novela moderna, como usted sabe, no se comienza mostrando al personaje principal sino que se llega a él poco a poco…
MORCOL
A otra cosa, a otra cosa. Naturalmente no tiene una fotografía.
HUBERT
Naturalmente.
MORCOL
Le voy a hacer algunas preguntas. ¿Edad?
HUBERT
Lo veía joven.
MORCOL
¿No puede precisar un poco más?
HUBERT
Digamos que de unos veinte años.
MORCOL
Usted no es de los que se preocupa por el estado civil.
HUBERT
Efectivamente, no soy de ésos.
MORCOL
Pasemos al físico. ¿Estatura?
HUBERT
Un metro setenta y seis centímetros exactamente.
MORCOL
En cambio le interesa el sistema métrico.
HUBERT
Ajá.
MORCOL
Prosigamos. ¿Nariz?
HUBERT
Recta, sin duda.
MORCOL
¿Cabellos?
HUBERT
Castaños, creo.
MORCOL
¿Alguna seña distintiva?
HUBERT
No le di ninguna.
MORCOL
¿Domicilio?
HUBERT
Pensaba hacerlo vivir en la calle Azul.
MORCOL
¿En qué número?
HUBERT
En un número impar.
MORCOL
¿Cuál? Hay muchos.
HUBERT
No lo he decidido aún.
MORCOL
Todo esto no me ayuda mucho.
HUBERT
Le acabo de decir que estaba empezando.
MORCOL
¿Tiene parientes? ¿Amigos?
HUBERT
Todavía no había pensado en eso, pero le destinaba una novia muy pura.
MORCOL
¿A él le gusta?
HUBERT
No tan deprisa. Es demasiado pronto para eso.
MORCOL
¿No ha habido alguna discrepancia entre él y usted?
HUBERT
No creo. Lo estaba preparando para una existencia melancólica que no podría disgustarle pues no conoce nada más. Quisiera que le gustasen los claros de luna, las rosas, las nostalgias exóticas, las languideces primaverales, las neurosis finiseculares, todas ellas cosas de las que yo, personalmente, abomino, pero que en nuestros días quedan bien en una novela.
MORCOL
Tal vez él también las deteste.
HUBERT
Él no sabe nada.
MORCOL
Tendrá sus sospechas…
HUBERT
Me inquieta usted.
MORCOL
Para mí que se ha fugado.
HUBERT
¿No cree que puede tratarse más bien de un robo?
MORCOL
Voy a empezar a trabajar con la hipótesis de la fuga y un adelanto de diez luises.
HUBERT
Diantre.
MORCOL
Es que usted no me lo pone fácil. Sus informaciones son de una vaguedad…
HUBERT
Hago todo lo que puedo. Tenga, aquí están los diez luises, y encuentre a mi Ícaro pronto.
MORCOL
Acuso recibo de los diez luises y apunto su nombre.
Escribe Mick Haropronto en su cuaderno mientras Lubert le da su tarjeta. Que Morcol le avise al primer indicio. Sale mientras Morcol reflexiona.
MORCOL
Los elementos que me proporciona este señor son menos que nada, y con eso tengo que hacer algo. Se trata de saber qué método voy a emplear en este caso concreto. Tengo varias posibilidades, pero la que tengo más a mano es el razonamiento por analogía. Supongamos que yo fuera ese
Mick Haropronto que vive en la calle Azul y que hubiera huido. No volvería a la calle Azul. ¿Dónde iría? Como, con diez o doce páginas de edad, no tendría gran experiencia de la vida, me dirigiría ingenuamente a una calle de nombre análogo. Y como no conocería bien París, iría a parar a la calle Blanca. He aquí un razonamiento que me parece impecable.
Sale trajeado con su gabán color muralla y cubierto con un sombrero de copa universal.
MORCOL
¡A la calle Blanca!