V

Ícaro se paseaba por los muelles, miraba los puestos pero no se atrevía a tocar los libros antiguos porque no le gustaba el polvo y además los libreros de segunda mano le parecían personajes temibles, cancerberos que defendían sus bienes más que amenos vendedores de alimentos espirituales. Rezongaban por nada. Ícaro leía los títulos de lejos, a la sombra de los castaños. Se encontraba del lado del Quai de Gesvres cuando uno de esos títulos atrajo su mirada. Tres palabras le sedujeron inocentemente: ponía Tratado de Mecánica. Después de muchas dudas, dirigió la palabra al comerciante en los siguientes términos:

—Señor, por favor, perdone, si me permite, ¿puedo tocar ese libro?

LIBRERO

Naturalmente, joven. Está en su casa.

ÍCARO

¿No me lo dice irónicamente?, ¿para reírse?, ¿para burlarse de mí?

LIBRERO

Soy transparente como el ámbar. ¡Tómelo!

ÍCARO

No me atrevo.

LIBRERO

¡Tome! Le voy a echar una mano.

Se levanta de su silla plegable, toma el libro y se lo alcanza a Ícaro.

LIBRERO

Es cosa seria.

ÍCARO

¿Puedo abrirlo?

LIBRERO

Adelante, joven, ¡consúltelo!, ¡compúlselo! No se va a gastar por eso.

ÍCARO

Oh, gracias, señor.

LIBRERO

¿Le interesa la mecánica?

ÍCARO

No, señor, no mucho, no entiendo nada de eso.

LIBRERO (arrancándole el libro de las manos)

Con un pequeño esfuerzo llegará a entender algo. Como ve, son dos volúmenes encuadernados en uno solo; la cinemática pura y la mecánica del punto material forman el tomo I y la mecánica de los cuerpos es el tema del tomo II. Una ganga.

ÍCARO

¿Y se puede comprar ese libro?

LIBRERO

Cincuenta céntimos. Una ganga.

ÍCARO

¡Es todo lo que llevo!

LIBRERO

Anímese, joven; no se va a arrepentir de este sacrificio. Aprenderá que todos los movimientos que se producen en el universo, sea con el concurso de nuestra voluntad o con independencia de ella, se deben a acciones que se ejercen sobre las moléculas de los cuerpos naturales y cambian según sus divisiones naturales. Esas variaciones de distancias se manifiestan en la vida de los animales, de los vegetales, en las explosiones, detonaciones, el tiro de proyectiles, etc. Lo dice en la página 242.

ÍCARO

¿No podía ponerse una división entre la vida animal y el tiro de proyectiles?

LIBRERO

Lo mejor es que lea siempre lo que pone ahí dentro. Cincuenta céntimos, es un regalo.

ÍCARO

Tenga, señor.

Se aleja hojeando el libro.

ÍCARO

Equilibrio de un cuerpo sólido atenazado… interesante… y al mismo tiempo un poco triste.