12. La nueva reina
Kalan ayudó a Meliadus a subir los escalones que conducían al trono con el que se había sustituido el siniestro globo del trono. Sobre él se sentaba Plana Mikosevaar, con una máscara de garza real enjoyada, una corona sobre la cabeza y engalanada con las vestiduras de estado. Y ante ella se arrodillaron todos los nobles que le eran fieles. —¡Contemplad a vuestra nueva reina! —exclamó Meliadus con una voz que resonó con fuerza y orgullo por el enorme salón—. Bajo la reina Plana seréis grandes…, más grandes de lo que jamás habíais soñado ser. Bajo la reina Plana florecerá una nueva era… Una era de alegre locura y rugiente placer, la clase de placer que tanto nos gusta cultivar en Granbretan. ¡El mundo entero será nuestro juguete!
La ceremonia avanzó. Cada uno de los barones juró su lealtad ante la reina Plana. Y cuando todo hubo terminado, el barón Meliadus volvió a hablar. —¿Dónde está Adaz Promp, jefe de la guerra de los ejércitos de Granbretan?
—Aquí estoy, milord —contestó Promp con rapidez—, y os agradezco el honor que me hacéis.
Ésta era la primera vez que Meliadus mencionaba que a Promp se le había recompensado con el puesto de comandante sobre todos los comandantes, excepto el propio Meliadus. —¿Queréis informar de cómo les van las cosas a los rebeldes, Adaz Promp?
—Quedan muy pocos, milord. Las moscas que no hemos podido matar se han dispersado, y su gran jefe, Jerek Nankenseen, ha muerto. Yo mismo le maté. Breñal Farnu y las pocas ratas que le quedan se han escondido en cuevas, en alguna parte de Sussex, y no tardarán en ser exterminados. Todos los demás se han unido en su lealtad a la reina Plana.
—Eso es muy satisfactorio, Adaz Promp, y me alegro de escucharlo. ¿Y qué sucede con la risible fuerza de Hawkmoon? ¿Continúa avanzando contra nosotros?
—Así lo indican los informes de nuestros ornitópteros de reconocimiento, milord. No tardarán en estar listos para cruzar el puente de Plata.
—Dejadles que lo crucen —dijo Meliadus riendo—. Que recorran por lo menos la mitad de la distancia. Después los barreremos del mapa. Kalan, ¿cómo andan vuestros progresos con la máquina?
—Ya casi está preparada, milord.
—Bien. En tal caso tenemos que ponernos en marcha hacia Deau–Vere para darle la bienvenida a Hawkmoon y a sus amigos. Vamos, mis capitanes, vamos.
Kalan volvió a ayudarle a bajar los escalones y le condujo a lo largo del salón, hasta que llegaron a las grandes puertas… que ahora ya no estaban guardadas por los representantes de la orden de la Mantis, sino por los guerreros de las órdenes del Lobo y del Buitre. Meliadus lamentó no poder verlos, y saborear así su triunfo un poco más.
Una vez que las puertas se hubieron cerrado tras ellos, Plana permaneció sentada en el trono, como helada, pensando en D'Averc. Había intentado hablarle de él a Meliadus, pero él no había querido escucharla. ¿Resultaría muerto en la batalla?, se preguntó.
También pensó en la carga que había caído sobre sus hombros. Entre los nobles de Granbretan, ella era la única, a excepción de Shenegar Trott, que había leído numerosos textos antiguos, algunos de los cuales eran leyendas e historias supuestamente acaecidas antes del Milenio Trágico. Creía que, fuera cual fuese el destino de ella misma y de Meliadus, presidía una corte que entraba en sus últimas fases de decadencia. Las guerras de expansión, las disputas internas…, todo eso no eran más que señales de una nación a punto de extinguirse, y aunque cabía la posibilidad de que esa extinción no se produjera en por lo menos doscientos años, o quinientos, o quizá mil, ella sabía que el Imperio Oscuro estaba irremediablemente condenado.
Y rezó para que sucediera algo mejor que aquella condena.