9. Viaje hacia el sur

Una tormenta se desató sobre el campamento mientras Hawkmoon, Oladahn y Yisselda eran arrastrados por el barro y la suciedad, ante los ojos brillantes y curiosos de los guerreros, envueltos por el ruido y la confusión, hacia donde el viento que se acababa de levantar hacía ondear una gran bandera.

De pronto, un relámpago hendió la oscuridad de la noche y el trueno retumbó primero y luego explotó con un crujido. Siguieron más rayos y truenos, iluminando la escena ante ellos. Hawkmoon abrió la boca de asombro al reconocer la bandera, y trató de hablarles a Oladahn y a Yisselda, pero entonces fue arrojado a un gran pabellón donde había un hombre enmascarado sentado en una silla tallada. D'Averc estaba a su lado, de pie. El hombre de la silla llevaba la máscara de la orden del Lobo. La bandera le proclamaba como gran jefe de esa misma orden. Se trataba de uno de los más grandes nobles de Granbretan, primer lugarteniente de los ejércitos del Imperio Oscuro, bajo el reyemperador Huon. Era el barón de Kroiden…, un hombre al que Hawkmoon creía muerto… porque lo había matado él mismo. —¡Barón Meliadus! —exclamó sin salir de su asombro—. No os maté en Hamadán.

—No, no lo hicisteis, Hawkmoon, aunque me heristeis gravemente. Pero logré escapar de aquel campo de batalla.

—Pocos de vuestros hombres lo consiguieron —dijo Hawkmoon sonriendo débilmente—. Os derrotamos…, os aniquilamos.

Meliadus giró la ornamentada máscara de lobo y se dirigió a un capitán que estaba cerca de él, en espera de sus órdenes:

—Traed cadenas. Traed muchas cadenas, fuertes y de gran peso. Rodead con ellas a estos perros y cerradlas bien. No quiero candados que se puedan abrir con facilidad. Esta vez me aseguraré de que llegan a Granbretan.

Se levantó de la silla y descendió, contemplando el rostro de Hawkmoon a travé"de las ranuras de su propia máscara.

—Se ha discutido mucho sobre vos en la corte del rey Huon. Se han imaginado castigos muy exquisitos, elaborados y espléndidos para vos, traidor. Tardaréis uno o dos años en morir, y cada instante será para vos de agonía mental, de cuerpo y espíritu.

Habéis desperdiciado toda vuestra ingenuidad, Hawkmoon.

Retrocedió un paso y extendió una mano. El guantelete negro levantó el rostro de Yisselda, que mostraba una mueca de odio. La muchacha volvió la cabeza, con los ojos llenos de cólera y desesperación.

—En cuanto a vos…, os ofrecí toda clase de honores al proponeros ser mi esposa.

Ahora no tendréis ningún honor, pero me convertiré en vuestro esposo hasta que me harte de vos o se aje vuestro cuerpo. —La cabeza de lobo se movió lentamente para mirar a Oladahn —. Y en cuanto a esta criatura inhumana, aunque lo bastante erecta como para caminar sobre dos patas, se arrastrará y llorará como el animal que es, y se la entrenará para que se comporte como una verdadera bestia…

Oladahn escupió contra la máscara enjoyada.

—Tendré un excelente modelo en vos —espetó el hombrecillo.

Meliadus se volvió, haciendo ondear la capa, y regresó pesadamente a la silla.

—Os conservaré a todos hasta que nos hayamos presentado ante el globo del trono —dijo Meliadus con un tono de voz ligeramente inestable—. He tenido paciencia y seguiré teniéndola durante unos pocos días más. Iniciaremos el camino de regreso a Granbretan a primeras horas de la mañana. Pero antes daremos un pequeño rodeo para que contempléis la destrucción final de Camarga. He estado allí durante un mes y he visto morir diariamente a sus hombres y la caída de sus torres, una tras otra. Ahora ya no quedan muchos. Les he ordenado que no lanzaran el último asalto hasta mi regreso.

Pensé que os gustaría ver vuestro hogar… violado. —Se echó a reír, ladeando su cabeza, grotescamente enmascarada, para mirarlos de nuevo—. ¡Ah! Aquí están las cadenas.

Aparecieron unos miembros de la orden del tejón llevando consigo enormes cadenas de hierro, un brasero, martillos y remaches.

Hawkmoon, Yisselda y Oladahn forcejearon mientras los tejones les cargaban de cadenas, pero con el peso de los anillos de hierro pronto dieron con sus huesos en el suelo.

Después, los hombres colocaron en su sitio los remaches calentados al rojo vivo, y Hawkmoon se dio cuenta de que ningún ser humano podría escapar de aquellas cadenas.

El barón Meliadus descendió para mirarle una vez que se hubo terminado el trabajo.

—Viajaremos por tierra hasta Camarga y desde allí iremos a Bordeax, donde nos estará esperando un barco. Lamento no poder ofreceros una máquina voladora…, ya que estamos utilizando la mayor parte de ellas para arrasar Camarga.

Hawkmoon cerró los ojos; fue el único gesto que pudo hacer para demostrar el desprecio que le merecía su captor.

A la mañana siguiente, metidos en una carreta abierta, ninguno de los tres recibió alimento alguno antes de que se pusiera en marcha la caravana del barón Meliadus, fuertemente protegida por guardias. De vez en cuando Hawkmoon lograba echarle un vistazo a su enemigo, que cabalgaba a la cabeza de la columna, con sir Huillam d'Averc a su lado.

El tiempo seguía siendo tormentoso y opresivo y unas pocas pero pesadas gotas de lluvia salpicaron el rostro de Hawkmoon, cayéndole sobre los ojos. Estaba tan pesadamente encadenado que lo único que pudo hacer para librarse de la humedad fue sacudir la cabeza.

La carreta traqueteaba sobre los baches del camino y, en la distancia, las tropas del Imperio Oscuro se disponían para el ataque contra la ciudad.

Hawkmoon tenía la impresión de haber sido traicionado por todos. Había confiado en el Guerrero de Negro y Oro y éste le había robado las alforjas; había confiado en D'Averc y éste le había entregado en manos del barón Meliadus. Ahora suspiró, sin estar seguro ya de que hasta el propio Oladahn no le traicionara si se le presentaba la oportunidad…

Se encontró deslizándose casi cómodamente en el mismo estado de ánimo que se había apoderado de él varios meses antes, después de su derrota y captura por parte de Granbretan, cuando estuvo al mando de un ejército que combatió contra el barón Meliadus en Alemania. El semblante se le quedó helado, los ojos se le apagaron, y dejó de pensar…

A veces, Yisselda le decía algo, y él contestaba haciendo un gran esfuerzo, sin encontrar palabras capaces de consolarla, pues sabía que ninguna que él pronunciara podría convencerla. En otras ocasiones, Oladahn intentaba hacer un comentario jocoso, pero los otros no decían nada y, finalmente, él también se hundió en un profundo silencio.

Únicamente mostraban algún signo de vida cuando, de vez en cuando, les introducían algo de comida en las bocas.

Y así transcurrieron los días, mientras la caravana traqueteaba hacia el sur, en dirección a Camarga.

Todos ellos habían esperado aquella llegada con avidez, pero ahora la contemplaban sin la menor alegría. Hawkmoon sabía que había fracasado en la misión para la que había sido elegido; había fracasado en su intento de salvar Camarga, y su alma estaba llena de desprecio contra sí mismo.

Atravesaron Italia, y un buen día el barón Meliadus les dijo:

—Llegaremos a Camarga dentro de un par de noches. Ahora estamos cruzando la frontera con Francia.

Y lanzó una enorme risotada.

El Bastón Rúnico
titlepage.xhtml
Khariel.htm
sinopsis.xhtml
titulo.xhtml
info.xhtml
Section0001.xhtml
Section0002.xhtml
Section0003.xhtml
Section0004.xhtml
Section0005.xhtml
Section0006.xhtml
Section0007.xhtml
Section0008.xhtml
Section0009.xhtml
Section0010.xhtml
Section0011.xhtml
Section0012.xhtml
Section0013.xhtml
Section0014.xhtml
Section0015.xhtml
Section0016.xhtml
Section0017.xhtml
Section0018.xhtml
Section0019.xhtml
Section0020.xhtml
Section0021.xhtml
Section0022.xhtml
Section0023.xhtml
Section0024.xhtml
Section0025.xhtml
Section0026.xhtml
Section0027.xhtml
Section0028.xhtml
Section0029.xhtml
Section0030.xhtml
Section0031.xhtml
Section0032.xhtml
Section0033.xhtml
Section0034.xhtml
Section0035.xhtml
Section0036.xhtml
Section0037.xhtml
Section0038.xhtml
Section0039.xhtml
Section0040.xhtml
Section0041.xhtml
Section0042.xhtml
Section0043.xhtml
Section0044.xhtml
Section0045.xhtml
Section0046.xhtml
Section0047.xhtml
Section0048.xhtml
Section0049.xhtml
Section0050.xhtml
Section0051.xhtml
Section0052.xhtml
Section0053.xhtml
Section0054.xhtml
Section0055.xhtml
Section0056.xhtml
Section0057.xhtml
Section0058.xhtml
Section0059.xhtml
Section0060.xhtml
Section0061.xhtml
Section0062.xhtml
Section0063.xhtml
Section0064.xhtml
Section0065.xhtml
Section0066.xhtml
Section0067.xhtml
Section0068.xhtml
Section0069.xhtml
Section0070.xhtml
Section0071.xhtml
Section0072.xhtml
Section0073.xhtml
Section0074.xhtml
Section0075.xhtml
Section0076.xhtml
Section0077.xhtml
Section0078.xhtml
Section0079.xhtml
Section0080.xhtml
Section0081.xhtml
Section0082.xhtml
Section0083.xhtml
Section0084.xhtml
Section0085.xhtml
Section0086.xhtml
Section0087.xhtml
Section0088.xhtml
Section0089.xhtml
Section0090.xhtml
Section0091.xhtml
Section0092.xhtml
Section0093.xhtml
Section0094.xhtml
Section0095.xhtml
Section0096.xhtml
Section0097.xhtml
Section0098.xhtml
Section0099.xhtml
Section0100.xhtml
Section0101.xhtml
Section0102.xhtml
Section0103.xhtml
Section0104.xhtml
Section0105.xhtml
Section0106.xhtml
Section0107.xhtml
Section0108.xhtml
Section0109.xhtml
Section0110.xhtml
Section0111.xhtml
Section0112.xhtml
Section0113.xhtml
Section0114.xhtml
Section0115.xhtml
autor.xhtml