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Normas para tener una cita con mi hija: ten trabajo; entiende que no me gustas; estoy en todas partes; si le haces daño a ella, me haces daño a mí; tráela a casa 30 minutos antes de la hora acordada; búscate un abogado; si me mientes te encontraré; ella es mi princesa no tu conquista; cualquier cosa que le hagas a ella yo te lo haré a ti
Una de las cosas que más me ha fascinado en esta vida, por el momento, es ver cómo te cambia la vida y la percepción de las cosas cuando tienes hijos, en mi caso una preciosa niña llamada Morgana. Es fascinante.
Cuando eres padre entiendes por primera vez en la vida a tus padres. Te das cuenta de lo estúpido que has sido discutiendo con ellos por memeces y queriendo tener la razón en cosas en las que estaba claro que no la tenías. Demasiado tarde un hijo entiende a sus padres y eso da hasta sensación de angustia. Y en el caso de tener una hija, mi caso, admito que hasta ves a la mujer diferente.
Recuerdo que al poco de nacer Morgana, vino un amigo todo exaltado diciéndome «¡Josef! ¡Qué chica más guapa he conocido!», y yo le contesté inmediatamente: «¡Eh, alto, que esta chica tiene un padre!». Y es que la película cambia totalmente.
Como brillantemente me decía mi amigo Sarasa, uno de los cámaras de la serie «Imparables», reportajes que hacemos un grupo de amigos en bicicleta por el mundo, nosotros habíamos sido «cazadores», hombres a los que nos gustaba buscar y ligar con mujeres, y ahora, como padres de niñas que somos, hemos pasado a ser «proveedores»… ¡Durísimo pero cierto!
En fin… Dios dirá, pero admito que como excazador, ser proveedor es realmente duro.