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«Nunca llegarás a tu destino si te detienes a arrojar piedras a cada perro que te ladre» (Winston Churchill)

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Recuerdo perfectamente cuando me alucinaba el ser humano. Lo tenía idealizado, pensaba realmente que la gente era buena y que habíamos evolucionado tanto por el constante apoyo de los unos a los otros. Me equivoqué.

Es frustrante ver como en un foro para emprendedores se me acercan oyentes a expresarme su mayor miedo: «¿Qué dirán si mi proyecto sale mal?».

No podemos vivir con el qué dirán, no podemos admitir que nuestro camino deje de progresar por la opinión destructiva de una minoría ruidosa. Hay que ser muy íntegro y mirar adelante; rodéate de gente que te apoye, que te dé una opinión constructiva, que te aporte valor. Habrá un sector de la población que sólo deseará que falles, tu bache, tu piedra en el camino. Pero esa persona destructiva va a querer ese mal siempre, independientemente de lo que hagas. Incluso cuando hagas algo bien, se encargará de buscar cómo cuestionarte.

Antes era realmente difícil percibir esa energía negativa, sin embargo ahora, a través de las redes sociales, lo percibimos de manera inmediata e indiscriminada. Las redes sociales nunca deben hacer dudar de tu talento; en el momento en que sientas que personas anónimas hacen dudar a otros sobre lo que sabes hacer, sal de ellas, no todo el mundo está preparado para tenerlas.

A mí primero me decían que no iba a poder dedicarme a la bolsa sin tener una titulación universitaria, y lo conseguí. Me dijeron que los tatuajes no iban a aportar nada positivo en mi vida, y se equivocaron. Me dijeron que era mal deportista y que no era justo que tuviera patrocinios deportivos de las mejores marcas del mundo, y las marcas confían en mí con más fuerza que nunca.

Así que mira al frente, márcate un objetivo y visualízalo, ya verás qué sensación más maravillosa cuando logras alcanzar una meta y los demás siguen sentados en el sofá.

El pequeño libro de la superación personal
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