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<La nueva amada>
«A rey muerto, rey puesto». En clave de humor se cantan de forma dialogada las excelencias de la nueva amante que sustituye a la anterior. Estrofas rítmicas de diez versos con rima muy insistente.
1
¡Toca la cítara, camarada[352], con mano ufana,
y cantemos juntos con voz más alta!
¡Me dejó abandonado mi amante anterior,
me abraso ahora por otra mucho mejor!
Un clavo con otro clavo se saca,
un amor con otro amor se apaga;
ya la anterior es despreciada,
porque la nueva es amada.
Así pues,
con justa razón aquí se canta.
2
La anterior era fiera y arrogante; humilde, la segunda;
la anterior era desvergonzada e impúdica; la nueva, púdica;
la anterior era claramente para todos una meretriz inmunda,
ésta sólo a mí me ama con alma pudibunda.
La anterior era más avariciosa,
rapaz, taimada,
esta nueva más educada,
hermosa, preclara,
alegre
[y en todo[353]] más preciada.
3
La que ahora amo, por todos es digna de ser amada,
ninguna de las nuestras a ella puede ser comparada.
Por todos unánimemente sería alabada…,
pero no se deja dominar; ¡en esto debe ser condenada!
La mandaré a la doma,
la castigaré con varas,
la estimularé con la aguijada
como hago con la vacada;
con cadenas
la encadenaré, si tú me lo aconsejas.
4
«No parece, en mi opinión, necesaria tanta violencia,
pues hace poco en sus aposentos jugando con ella
dijo: “tratas con mano dura a una joven tierna.
Déjala o sé más delicado con tu delicada pareja”.
En esto terminó de bañarse
y ocultó lo que a mí me place.
No con espuela de hierro, sino de carne
debe ser espoleada para tu acicate.
Así que para remate
que os vaya bien, mejor que lo que me va por mi parte[354]».