100
<Lamento de Dido>
Lamento de Dido enfrentada a la muerte. Pertenece al género planctus, pues aquí precisamente se trata del planctus Didonis. Muchos estudiosos consideran este poema, tanto por sus elementos formales como por sus sentimientos, una de las canciones más bellas de la lírica medieval. En este poema, como otros emparentados con él de amplia difusión en esta época, sobresale la humanidad de Dido, cuyo amor la domina por entero[265]. Destaca también la anticipación del futuro que a veces se hace. Secuencia con una introducción de dos hexámetros.
1
¡Oh ciudad de Cartago, gloria y señora de Libia!
¡Oh tesoros del hermano[266] que van a ser dilapidados,
oh púnicos reinos!
2a
¡Oh caudillos frigios,
oh amados forasteros,
a quienes, tanto tiempo
por el mar dispersos,
ya el séptimo invierno
os baqueteaba
por el odio
de Juno,
la furia de la Escila,
la sangre saniosa de los Cíclopes
y la malvada Celeno[267]
os habían arrastrado
de Dido
hasta el reino!
2b
¡Quienes me afligen
con odio cruel
son los que tras la caída de Frigia
había dado acogida,
náufragos, en el reino
de la ardiente Libia!
¡Ay, desgraciada de mí,
qué hice
que a sidonios
y a tirios[268]
sometí
a mis adversarios,
pueblos ignorados
y bárbaros!
3
¡Ei dor!
¡Ei dor!
¡Ya navegan con brío
los navíos!
¡Ya no queda esperanza a Dido!
¡Ay de los colonos tirios!
¡Llorad, habitantes de Sidón,
porque con una espada
perdí mi alma
por amor de un frigio
que era un ladrón!
4a
Eneas, mi huésped frigio,
Yorbas, mi enemigo tirio[269],
me acechan con muchos peligros
pero de modo distinto.
¡La reina, en verdad, de la ardiente Libia
queda abandonada y despreciada,
mientras el tálamo de Lavinia[270]
el huésped troyano alcanza!
¿Qué haré, desgraciada?
¡Otra Dido en su corazón manda!
¡Ay, viví demasiado!
¡La muerte que haga lo que falta!
4b
Esta región seca y desierta
me rodea con cruel guerra,
me aterra de mi hermano la dureza
y de los numidas la fiereza.
Me ofenden con este proverbio:
«Dido se hace Helena:
nuestra reina en su regazo
un extranjero troyano calienta».
¡Insoportable condición,
absurda razón,
si tengo que aguantar lo que no me gusta
para su satisfacción!
5a
¿Ana[271], no ves
cómo es de fiel
este pérfido traidor?
¡Con bien urdida trampa
dejándome abandonada
del reino púnico escapa!
Nada queda a tu hermana
salvo morir,
hermana mía como nadie amada.
5b
Se enfurece la Escila[272]
y se lanzan
a aguas no tranquilas.
Parte su nave
y la tempestad
al frigio no espanta.
¿Dulce hermana,
por qué esta tardanza
y por qué está ociosa mi espada?
6a
Brilla la constelación de Orión,
se enfurece el invernal Aquilón,
Escila reina en el mar.
¡En momento de tempestad,
Palinuro[273],
sin seguridad
sueltas amarras del litoral!
6b
¡Suelta amarras al caudillo troyano,
desenvaine la espada mi mano
para que la sangre corra sin obstáculo!
¡Adiós, flor de Cartago!
¡Este trofeo de guerra
se lleva Eneas,
autor de una acción tan fea!
7
¡Oh alma querida,
única esperanza de mi vida!
¡Te vas sin dilación
a la escondida mansión
del Flegetonte
y del Aqueronte[274],
a las tinieblas
del horror
y el recorrido
de Pirois[275]
no detendrá tu sino!
¡Sigue a Eneas
y no renuncies
a la dulce seducción
del amor,
ni olvides
los dulces lazos del amor,
sino testigo seas
y mensajera
de mi dolor!